La conversación se centra en la organización del sector de la zarzamora, un cultivo que sostiene economías regionales completas. Néstor Hernández, ingeniero agrónomo de Los Reyes, explica cómo funciona el sistema producto, por qué es clave para coordinar actores del campo y qué retos enfrenta actualmente el cultivo.
También se analiza la situación productiva del valle, donde la zarzamora sigue siendo motor económico regional, pero enfrenta enfermedades, falta de organización y limitaciones institucionales. Néstor Hernández plantea que la solución pasa por trabajo colectivo, capacitación y liderazgo local, integrando productores, técnicos y empresas.
La historia comienza con la trayectoria de Néstor, ingeniero agrónomo originario de Los Reyes, Michoacán. Creció en una familia dedicada al campo, trabajando con cultivos como caña de azúcar, aguacate y zarzamora. Esa experiencia temprana lo llevó a involucrarse profundamente en el manejo del cultivo y posteriormente a especializarse profesionalmente en él.
Su relación con la zarzamora no es únicamente técnica. Explica que el cultivo se convirtió en el principal motor económico del valle durante más de dos décadas. Gran parte de la economía local depende de esta fruta, no solo en producción, sino también en negocios y servicios vinculados a ella. Por esa razón decidió asumir el reto de representar al sistema producto zarzamora a nivel local.
El sistema producto es un organismo que agrupa a todos los actores que participan en una cadena agrícola. La figura tiene sustento legal dentro de la Ley Federal de Desarrollo Rural Sustentable, cuyo objetivo es organizar a productores, técnicos, comercializadores, empresas de insumos y otros participantes para impulsar el desarrollo de un cultivo.
Estos organismos existen en distintos niveles: local, regional, estatal y nacional. Cada nivel busca coordinar esfuerzos y representar los intereses del sector ante instituciones gubernamentales y otros actores. En el caso del valle de Los Reyes, la renovación del sistema producto permitió elegir a Néstor como representante local.
Una de las motivaciones principales para asumir el cargo fue la situación crítica que atraviesa la región. En el valle existen miles de hectáreas afectadas por una enfermedad conocida entre productores como secadera, asociada al hongo fusarium. Esta problemática ha provocado que numerosas huertas se pierdan o dejen de producir.
Ante este panorama, Néstor considera que la falta de organización ha sido uno de los factores que agravó la situación. Durante años, muchos actores del sector trabajaron de manera aislada, sin coordinación ni estrategias comunes. Por ello propone que el sistema producto se convierta en una plataforma para articular esfuerzos.
El primer eje de trabajo es la difusión. Muchas personas dentro del sector desconocen qué es el sistema producto y cómo puede ayudarles. La intención es explicar su funcionamiento y mostrar que puede servir para abordar temas productivos, legales, comerciales y organizativos.
Otro objetivo central es construir una estructura de trabajo con representantes de cada segmento de la cadena. Entre ellos menciona productores, asesores técnicos, proveedores de insumos, viveristas, investigadores, exportadores y empresas de servicios. Cada grupo tendrá participación dentro del sistema producto.
Para lograrlo, Néstor busca integrar colaboradores con experiencia en el sector. Uno de ellos es José Luis, ingeniero agrónomo que fungió como mentor en su formación profesional. José Luis podría encargarse de organizar el sector de proveedores de insumos, lo que permitiría crear mesas de trabajo especializadas.
A partir de esas mesas surgirían propuestas concretas. Por ejemplo, crear organizaciones de técnicos, programas de capacitación o mecanismos para mejorar la comercialización. La idea es que las iniciativas nazcan desde los propios actores del sector, no únicamente desde la representación del sistema producto.
El reto más inmediato es reactivar la siembra de zarzamora en zonas afectadas por enfermedades. Investigaciones recientes muestran que el cultivo aún puede establecerse en ciertas condiciones, especialmente con variedades como Tupi. Sin embargo, es necesario demostrarlo mediante ensayos y experiencias piloto.
Néstor propone iniciar con pequeñas superficies experimentales. La idea es que los productores observen resultados reales antes de adoptar nuevas estrategias de manejo. Si ven que es posible volver a producir, podrían recuperar gradualmente las áreas abandonadas.
Otro aspecto importante es cambiar la mentalidad del productor. Néstor insiste en que el agricultor actual debe evolucionar hacia la figura de empresario productor. Esto implica capacitarse constantemente, mejorar la administración de sus huertas y adoptar decisiones basadas en información técnica.
El sistema producto también podría apoyar en temas legales y comerciales. Muchos productores enfrentan contratos o acuerdos con empresas sin contar con asesoría adecuada. La organización podría ofrecer orientación y representación en situaciones donde se requiera respaldo técnico o jurídico.
Uno de los desafíos más grandes es la ausencia de recursos económicos. Actualmente los sistemas producto no cuentan con financiamiento gubernamental asignado. No hay instalaciones, vehículos ni presupuesto para actividades básicas de promoción o coordinación.
Ante esa situación, el trabajo inicial se realiza con recursos propios y apoyo del ayuntamiento local. La estrategia consiste en tocar puertas, buscar espacios en medios de comunicación y sumar aliados dentro del sector agrícola. Todo se está construyendo desde una base voluntaria.
Más adelante se espera formalizar una asociación de productores que permita manejar recursos de forma transparente. Esta organización tendría presidente, tesorero y otros cargos administrativos para gestionar apoyos y proyectos.
Otro paso previsto es acercarse a autoridades estatales para exponer la problemática del valle y solicitar respaldo institucional. El objetivo es demostrar que el sistema producto puede funcionar, siempre que exista voluntad y coordinación.
Además del aspecto productivo, el sector enfrenta desafíos sociales. En los mercados internacionales existe presión para mejorar las condiciones laborales de los jornaleros agrícolas. Aunque el sistema producto aún no trabaja directamente en ese tema, Néstor reconoce que será necesario abordarlo en el futuro.
Una posible iniciativa sería organizar cuadrillas capacitadas de trabajadores agrícolas que puedan ofrecer servicios profesionales dentro del sector. Esto permitiría mejorar las condiciones laborales y al mismo tiempo aumentar la eficiencia de las labores en campo.
La competencia entre cultivos también forma parte de la realidad del valle. En algunas parcelas la zarzamora ha sido reemplazada por caña de azúcar, higo o berries como arándano y frambuesa. Sin embargo, Néstor considera que la diversificación agrícola puede ser positiva.
Diversificar cultivos ayuda a evitar saturación de mercados y reduce riesgos económicos para los productores. Incluso podría permitir programar mejor las cosechas y equilibrar la oferta entre distintas empresas y temporadas.
En cuanto a la relación entre actores del sector, reconoce que existen diferencias y conflictos. Algunos grupos tienen intereses distintos y eso puede generar tensiones. La tarea del sistema producto será mantener equilibrio y fomentar el diálogo para evitar confrontaciones.
La visión de fondo es sencilla: todos dependen del mismo valle y del mismo cultivo. Si el sector se fortalece, toda la región se beneficia. Por eso insiste en la importancia de construir acuerdos y trabajar con una perspectiva colectiva.
Para Néstor, el proyecto apenas comienza. Lo más importante ahora es sentar las bases organizativas y demostrar que el sistema producto puede convertirse en una herramienta útil para los productores. Si la estructura se consolida, el siguiente paso será ampliar su alcance hacia otros sectores y niveles de representación.


