Episodio 131: Microorganismos con Aura Bustamante y Carlos Campuzano

Microorganismos con Aura Bustamante y Carlos Campuzano

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Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La conversación gira en torno a microorganismos benéficos, nutrición vegetal, eficiencia del fertilizante y manejo del suelo. Aura Bustamante, investigadora de Alivio, explica cómo la microbiología aplicada permite transformar nutrientes bloqueados en el suelo en formas disponibles, mejorando la productividad agrícola sin depender exclusivamente de fertilizantes químicos tradicionales.

A lo largo del diálogo se analizan fijación biológica de nitrógeno, solubilización de fósforo, balance nutricional y el papel de los microorganismos en sistemas de cultivo modernos, incluidos sustratos e hidroponía. Con apoyo de Carlos Campuzano desde Alivio, se detalla cómo estas comunidades microbianas influyen directamente en la eficiencia del cultivo.

La conversación comienza abordando el papel central que tienen los microorganismos benéficos en la nutrición vegetal. Aura explica que una de sus funciones más importantes es la función nutricional, es decir, su capacidad de aumentar la disponibilidad de nutrientes en el suelo o en el sistema de cultivo. No se trata únicamente de añadir fertilizante, sino de transformar lo que ya existe en el sistema para que la planta pueda utilizarlo.

Uno de los primeros ejemplos aparece con el nitrógeno. Este elemento es uno de los macronutrientes más demandados por las plantas, pero una gran parte se encuentra en la atmósfera en forma que las plantas no pueden aprovechar directamente. Aquí entran en acción ciertos microorganismos capaces de fijar el nitrógeno atmosférico y transformarlo en formas utilizables.

Dentro de estos organismos destaca el género Bacillus, que posee la enzima nitrogenasa, responsable de realizar este proceso. Sin embargo, Aura señala algo que suele malinterpretarse: el rendimiento no depende tanto de la cantidad de una sola bacteria aplicada, sino de la diversidad de cepas presentes en el sistema.

Cuando existe mayor diversidad microbiana, diferentes organismos pueden desempeñar funciones complementarias. En lugar de depender de una sola especie para fijar nitrógeno, varias cepas participan en el proceso, aumentando la estabilidad y la eficiencia del sistema.

Además de fijar nitrógeno, los microorganismos también ayudan a regular las formas de este nutriente. En el suelo existen distintas formas, como amonio y nitrato, y el equilibrio entre ambas influye en la calidad del cultivo. Los microorganismos participan en procesos como nitrificación u oxidación, ayudando a mantener ese balance.

El tema del fósforo introduce otro problema común en la fertilización agrícola. Aura explica que el fósforo es uno de los nutrientes que más fácilmente se inmoviliza en el suelo. Dependiendo del pH, puede quedar retenido por calcio, magnesio, hierro o aluminio. Como resultado, una gran parte del fósforo aplicado termina precipitado y fuera del alcance de la planta.

Diversos estudios muestran que entre 30% y 70% del fósforo aplicado puede perderse por este fenómeno. Aquí es donde la microbiología vuelve a desempeñar un papel importante.

Algunos microorganismos producen ácidos orgánicos que solubilizan el fósforo retenido. Estos compuestos liberan el nutriente hacia la solución del suelo en forma de ortofosfato, permitiendo que la planta lo absorba. En términos prácticos, esto significa que parte del fertilizante previamente perdido puede recuperarse.

Según las mediciones que han realizado, los microorganismos pueden liberar aproximadamente 30 partes por millón de fósforo, una cantidad significativa si se considera que ese nutriente ya estaba presente en el suelo, pero inmovilizado.

El potasio presenta una dinámica distinta. No se inmoviliza con tanta facilidad como el fósforo, pero compite con otros cationes como calcio, magnesio o sodio. Los microorganismos también intervienen aquí mediante la producción de compuestos que ayudan a solubilizar potasio y equilibrar la competencia entre cationes.

Otra función relevante es la producción de quelatos naturales. Estos compuestos orgánicos tienen la capacidad de captar micronutrientes como hierro, manganeso, cobre o boro y mantenerlos disponibles cerca de la raíz. De esta forma se evita que se lixivien o precipiten.

Los quelatos funcionan como una especie de reservorio dinámico. Pueden capturar nutrientes, transportarlos hacia la raíz y liberarlos cuando la planta los necesita. Después de liberar esos elementos, pueden volver a captar otros micronutrientes y repetir el proceso.

A partir de aquí la conversación se traslada hacia la práctica agrícola. Aura menciona que uno de los factores más importantes para que los microorganismos funcionen correctamente es el contenido de materia orgánica del suelo.

La materia orgánica actúa como fuente de energía para la microbiota. Cuando su nivel es adecuado, se favorecen los procesos biológicos que mejoran la fertilidad del suelo. Se considera recomendable tener al menos 2% de materia orgánica, aunque los microorganismos pueden establecerse incluso en suelos con apenas 0.5%.

También influye la calidad de esa materia orgánica. Una relación carbono-nitrógeno demasiado alta ralentiza la liberación de nutrientes, mientras que una relación demasiado baja provoca una descomposición excesivamente rápida. Lo ideal es mantener un equilibrio que permita una liberación gradual de nutrientes.

La humedad del suelo es otro aspecto relevante. En condiciones de saturación, algunas bacterias pueden verse afectadas, pero los hongos poseen estructuras como esporas que les permiten permanecer latentes hasta que las condiciones mejoren.

Por esa razón los productos microbianos suelen formularse como consorcios de microorganismos, donde distintas especies pueden resistir diferentes condiciones ambientales. Esta diversidad aumenta la resiliencia del sistema.

Aura también recomienda realizar aplicaciones frecuentes, en lugar de concentrar grandes dosis en un solo momento. Aplicaciones semanales permiten mantener la actividad biológica activa y compensar posibles pérdidas causadas por factores ambientales.

Otro punto interesante es la relación entre microorganismos y estructura del suelo. La microbiota participa en la formación de agregados y en el mantenimiento de la porosidad. Aunque estos cambios no ocurren de inmediato, el manejo biológico continuo puede contribuir a recuperar la calidad física del suelo con el tiempo.

Más adelante la conversación aborda el uso de microorganismos en hidroponía y cultivo en sustratos. Durante muchos años se asumió que estos sistemas debían ser biológicamente inertes, pero investigaciones recientes muestran que la microbiología también puede aportar beneficios en estos entornos.

En pruebas realizadas en cultivos de berries como frambuesa, zarzamora y arándano, se observó una mejor asimilación del nitrógeno cuando se aplicaron microorganismos en sustratos como fibra de coco o mezclas minerales.

Uno de los efectos más claros fue la reducción de lixiviados. Cuando el nitrógeno es aprovechado de forma más eficiente por la planta, disminuye la cantidad que se pierde en el drenaje. Esto no solo mejora la eficiencia del fertilizante, sino que también reduce el impacto ambiental.

La acumulación de nitratos en aguas subterráneas puede provocar procesos de eutrofización en ríos y acuíferos. Por esta razón, en algunos países ya existen regulaciones para controlar estos lixiviados.

La microbiología agrícola podría convertirse en una herramienta clave para enfrentar ese desafío, ya que permite mejorar la eficiencia de absorción de nutrientes sin necesariamente aumentar las dosis de fertilización.

Finalmente se discute la compatibilidad de los microorganismos con otros insumos agrícolas. En general pueden mezclarse con fertilizantes sin problema, pero existen limitaciones evidentes con bactericidas o fungicidas, ya que estos productos pueden afectar a los microorganismos aplicados.

Aun así, la diversidad microbiana vuelve a ser una ventaja. Si ciertos organismos son afectados por un tratamiento, otros pueden continuar desempeñando funciones dentro del sistema.

En conjunto, el enfoque que se plantea no consiste únicamente en controlar patógenos, sino en construir un equilibrio biológico en el cultivo. Los microorganismos participan simultáneamente en nutrición, desarrollo radicular, producción de fitohormonas y estabilidad del suelo.

El resultado es un sistema agrícola más eficiente, donde los fertilizantes se aprovechan mejor y la planta puede desarrollarse en un entorno biológico más equilibrado.