Con información proporcionada por el profesor-investigador de Chapingo, Aurelio Bastida Tapia, presento en este episodio un análisis sobre los tipos de agricultores que hay en México, y cómo ha variado su participación en el agro nacional durante las últimas 5 décadas.
Estamos hablando de los agricultores de subsistencia o autoconsumo, de los agricultores transicionales y de los empresarios agrícolas, siendo esta la clasificación de agricultores más aceptada en la actualidad, aunque no es la única que existe.
El episodio tiene como objetivo entender la estructura real del agro mexicano a partir de los tipos de agricultores que existen en el país. No se trata solo de una clasificación académica, sino de una herramienta para explicar por qué el campo funciona como funciona, por qué ciertas políticas no generan movilidad y por qué muchos programas no producen los resultados esperados.
Se parte de una clasificación ampliamente aceptada en México desde hace varias décadas. Existen tres grandes tipos de agricultores: quienes producen para autoconsumo o agricultura familiar, los productores transicionales y los empresarios agrícolas. Esta tipología fue desarrollada originalmente por la CEPAL en 1970 y, aunque ha sido afinada con el tiempo, sigue siendo la base para analizar la dinámica agrícola nacional.
En 1970, la fotografía del campo mexicano era muy clara. El 86.6% de los agricultores se dedicaban a la agricultura familiar o de autoconsumo. Los agricultores transicionales representaban el 11.6% y los empresarios agrícolas apenas el 1.8%. La situación era todavía más crítica si se observa el interior de la agricultura familiar: casi el 72% de esos agricultores se encontraban en condiciones de infrasubsistencia o subsistencia, es decir, muy lejos de cualquier lógica comercial.
En términos absolutos, en ese año existían alrededor de 2.5 millones de agricultores en el país. La gran mayoría producía principalmente para alimentar a su familia, con escasa vinculación al mercado y con muy pocas posibilidades de acumulación de capital.
Al avanzar cuatro décadas, el panorama cambia, aunque no de la forma que muchas veces se asume. Para 2010, el número total de agricultores prácticamente se había duplicado, alcanzando poco más de 5.3 millones. Sin embargo, los porcentajes relativos mostraban otra historia. La agricultura familiar bajó del 86.6% al 73%. Los productores transicionales pasaron de 11.6% a 8.3%. En contraste, los empresarios agrícolas aumentaron de forma notable su participación.
Este crecimiento se dio principalmente en los subtipos de empresarios pequeños y medianos. Los empresarios agrícolas pequeños pasaron de representar 1.1% a 9.9%, creciendo de unos 29 mil a más de 528 mil productores. Los empresarios medianos aumentaron de 0.4% a 8.4%, pasando de menos de 10 mil a alrededor de 448 mil. Los empresarios grandes prácticamente se mantuvieron estables, alrededor del 0.3%, aunque en números absolutos crecieron de 8 mil a cerca de 17 mil.
Aquí aparece una primera conclusión relevante. Aunque el porcentaje de agricultura familiar disminuyó, en números absolutos aumentó. En 1970 había unos 2.2 millones de agricultores familiares; en 2010 eran cerca de 3.9 millones. Esto se explica por el crecimiento general de la población agrícola. Es decir, el país no logró transformar masivamente a agricultores de subsistencia en agricultores empresariales; simplemente creció todo el sistema.
El análisis se vuelve todavía más interesante al revisar qué ocurrió entre 2010 y 2022, periodo para el cual ya se cuenta con datos del INEGI. Lo primero que llama la atención es que el número total de agricultores disminuyó ligeramente, alrededor de un 2.5%, pasando de 5.325 millones a 5.194 millones. Aunque el porcentaje parece pequeño, en la práctica refleja que miles de productores abandonaron la actividad.
Lo más relevante no es solo la disminución, sino la estabilidad casi perfecta de los porcentajes. La agricultura familiar se mantuvo alrededor del 73.1%, los productores transicionales en 8.3% y los empresarios agrícolas en 18.6%, con exactamente la misma proporción interna: 9.9% pequeños, 8.4% medianos y 0.3% grandes.
Esto indica algo muy claro: en más de una década no hubo movilidad estructural. No se observa un tránsito significativo de agricultores de subsistencia hacia esquemas transicionales, ni de transicionales hacia empresariales. El sistema se mantuvo estático, solo con menos personas participando.
A partir de esta base estadística, el episodio entra en la caracterización de cada tipo de agricultura que deriva de estos agricultores.
La agricultura familiar campesina o de autoconsumo tiene como finalidad principal alimentar a la familia. Se basa en cultivos básicos, con baja productividad y alta dependencia del temporal. Se realiza en predios pequeños, con mano de obra familiar y conocimientos empíricos. El uso de tecnología es mínimo, la mecanización es baja o inexistente y la asesoría técnica prácticamente no está presente. Los excedentes, cuando existen, se comercializan en mercados locales para cubrir necesidades básicas que no se producen en la unidad familiar.
La agricultura transicional ocupa una zona intermedia y altamente inestable. Son productores que pueden comportarse como pequeños empresarios en una buena temporada y como agricultores de subsistencia en una mala. Su situación depende fuertemente de factores externos como el clima y los precios. Son los más vulnerables del sistema, porque están expuestos tanto a los riesgos productivos como a los de mercado, sin contar con redes de protección sólidas.
En muchos casos, estos productores viven ciclos de avance y retroceso. Una buena cosecha los acerca a la lógica empresarial; una mala temporada los regresa al autoconsumo. Esta inestabilidad explica por qué es tan difícil que se consoliden como empresarios agrícolas de manera permanente.
Por último, la agricultura empresarial tiene como objetivo central la comercialización y la obtención de ganancias. Opera bajo una lógica de acumulación de capital. Es intensiva, de alta productividad, con uso de riego o temporal tecnificado. Emplea mano de obra asalariada, maquinaria, insumos modernos, asesoría técnica y conocimiento científico. Produce tanto para el mercado interno como para la exportación y, en muchos casos, cuenta con estructuras administrativas y comerciales propias.
Esta forma de agricultura es minoritaria en términos de número de productores, pero dominante en términos de volumen, valor económico y capacidad de influencia. Es el segmento que define precios, estándares y dinámicas de mercado.
El episodio cierra con una reflexión importante. El hecho de que los porcentajes se mantengan prácticamente intactos durante más de una década revela la existencia de barreras estructurales profundas. Programas, políticas y apoyos no han logrado generar movilidad real entre los tipos de agricultores. El sistema se reproduce tal como está, con pocos cambios cualitativos.
Este análisis permite entender por qué muchas estrategias fracasan: se diseñan como si todos los agricultores fueran iguales, cuando en realidad operan bajo lógicas completamente distintas. Comprender estos tipos de agricultores no es un ejercicio teórico, es una condición básica para intervenir con sentido en el campo mexicano.
El conocimiento presentado en este episodio se apoya en investigaciones académicas y en el trabajo del profesor Aurelio Bastida Tapia, quien ha estudiado durante años esta estructura. Tener claridad sobre quién produce, cómo produce y con qué finalidad es el primer paso para cualquier discusión seria sobre el futuro de la agricultura en México.
