Episodio 443: Portafolio de variedades de pepino de BASF Nunhems con Andy Zamudio

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Este episodio se enfoca en entender cómo elegir variedades de pepino, cómo leer el mercado, y por qué la genética define la rentabilidad del cultivo. A partir de la experiencia de Andy Zamudio, se explica qué busca hoy el productor y qué exige el consumidor en distintos segmentos productivos.

La conversación profundiza en el portafolio de BASF Nunhems y en cómo factores como tecnología, resistencias virales, calidad de fruta y duración de ciclo determinan qué variedad usar, dónde y bajo qué sistema de producción.

En este episodio se presenta un panorama completo del cultivo de pepino en México, visto desde la genética y desde el mercado. Andy parte de algo fundamental: el pepino no es un solo producto, sino un conjunto de tipologías muy distintas, cada una con reglas claras de producción, comercialización y consumo.

En México, la producción se concentra básicamente en tres grandes tipos. El primero es el pepino americano slicer, que domina el mercado nacional y parte del de exportación. Para consumo interno se prefieren frutos más largos, de 28 a 30 centímetros, mientras que para exportación se exigen longitudes menores, alrededor de 23 a 25 centímetros, con el mismo diámetro. La diferencia es cultural y de mercado, no agronómica.

El segundo grupo es el pepino corto, conocido como pepino persa o mini. Este segmento está mucho más orientado a la exportación y a sistemas de media y alta tecnología. Es un producto de mayor valor, menos commodity, donde entran en juego atributos como crunch, sabor, turgencia y uniformidad. En México, la mayor parte de este pepino no se comercializa en mercados locales, sino en cadenas de autoservicio o exportación.

El tercer segmento es el pepino largo europeo, también llamado Long English. Es un producto prácticamente exclusivo de exportación, con destino principal a Estados Unidos y Canadá. Aquí los estándares son estrictos: frutos largos, verdes oscuros, bien estriados y con excelente apariencia visual.

Desde esta segmentación, Andy explica cómo BASF Nunhems desarrolla su genética. La estrategia no es lanzar variedades genéricas, sino trabajar desde las necesidades específicas de cada región. Cuando se identifica un mercado con potencial, el programa de mejoramiento se enfoca en resolver los problemas reales de esa zona: clima, presión de enfermedades, tipo de manejo y expectativas comerciales.

En el segmento del slicer para exportación, destaca Luxell, una variedad pensada para condiciones semidesérticas, como las del norte del país. Su rusticidad le permite tolerar saltos térmicos marcados, baja humedad relativa y días calurosos con noches frescas. Es una planta productiva, de fruto verde oscuro, atractiva para el mercado selecto y superselecto, y con resistencias que facilitan el manejo agronómico.

Para el mercado nacional del slicer, concentrado en el centro del país, Andy reconoce que todavía existe un área de oportunidad. Se buscan variedades más largas que cumplan con lo que demanda el consumidor local, y la empresa ya trabaja en cerrar ese espacio con nuevas alternativas.

Donde el portafolio es especialmente fuerte es en el pepino persa. En baja tecnología, variedades como Probus han tenido una adopción muy sólida en regiones como Sonora y Sinaloa. Es una planta multifruto, vigorosa, muy productiva y con buena calidad de fruta. Su aceptación comercial se debe a que combina rendimiento con atributos sensoriales claros: buen sabor, textura firme y el crunch que busca el consumidor en este tipo de pepino.

En alta tecnología, la variedad Bizan domina ampliamente el mercado. Su principal fortaleza es el vigor, que permite ciclos largos de producción, superiores a las 12 o 13 semanas habituales. En condiciones óptimas, puede alcanzar 19 a 20 kg por metro cuadrado en verano, y mantener rendimientos competitivos incluso en invierno. Además, logra porcentajes muy altos de fruta empacable, lo cual es clave para la rentabilidad.

Andy subraya un punto crítico: no sirve de nada producir muchos kilos si la merma en empaque es alta. La genética debe equilibrar rendimiento y calidad comercial. Bizan se ha mantenido como referencia precisamente por lograr ese balance.

La conversación entra luego en uno de los temas más sensibles hoy en pepino: los virus. Así como el rugoso cambió por completo la producción de tomate, el virus del jaspeado del pepino (CGMMV) se ha convertido en una amenaza real. Antes, el pepino se usaba incluso como cultivo de rotación para “limpiar” invernaderos; hoy eso ya no es posible.

Frente a este escenario, la resistencia genética se vuelve estratégica. En pepino europeo, BASF Nunhems ya cuenta con variedades resistentes como Seawolf y Dunnevin, orientadas a sistemas de media y alta tecnología. Seawolf, por ejemplo, permite ciclos de hasta 23 semanas de producción, algo poco común en pepino. Esa longevidad solo es posible gracias a una combinación de vigor, tolerancia al virus y estabilidad en calidad de fruta.

El pepino, al ser de hábito indeterminado, puede seguir creciendo mientras la planta lo permita. El límite no es biológico, sino económico: cuando la calidad de fruta cae y el porcentaje de primeras baja, el ciclo deja de ser rentable. Por eso, extender ciclos solo tiene sentido si la genética sostiene calidad y rendimiento.

Otro tema clave es la tecnología de producción. Andy explica cómo las variedades se clasifican y se prueban para alta, media o baja tecnología, principalmente en función del vigor de planta. En alta tecnología se buscan plantas vigorosas, capaces de manejar tutorial alto (high wire) y ciclos largos. En baja tecnología se priorizan plantas más compactas, productivas en ciclos cortos y con menor demanda de labores culturales.

Esta clasificación no es rígida. Hay casos donde productores utilizan variedades pensadas para alta tecnología en sistemas más simples, aprovechando su vigor y calidad. La empresa recomienda esquemas de manejo, pero reconoce que el agricultor adapta la genética a su realidad.

También se aborda el tema de suelo vs hidroponía. En general, las variedades funcionan bien en ambos sistemas. El suelo ofrece un buffer natural muy valioso, pero la hidroponía se ha vuelto común en media y alta tecnología por control sanitario y eficiencia en el uso del agua y nutrientes.

Andy da ejemplos concretos de adaptación regional. Luxell, por ejemplo, funciona mejor en zonas cálidas y con buena radiación, como ciclos de verano en altitudes medias. Probus tiene una adaptación sobresaliente en Sonora, aunque también responde bien en regiones del centro con buena temperatura y humedad relativa. Bizan es prácticamente sinónimo de pepino mini en alta tecnología en estados como Querétaro y Guanajuato.

Hacia el final, la conversación se enfoca en tendencias de mercado. El consumidor busca pepinos con mayor durabilidad, turgencia y resistencia a la deshidratación. La pared del fruto, la epidermis y la capacidad de mantener firmeza en postcosecha son hoy tan importantes como el rendimiento en campo.

El pepino es altamente sensible a la pérdida de agua. Si la fruta se deshidrata antes de entrar a la cadena de frío, no se recupera. Por eso, la genética debe soportar las condiciones reales de cosecha, transporte y empaque. A esto se suma la necesidad de evitar amargor y mantener buen sabor.

Finalmente, Andy señala que la mejora genética no se detiene. Además del CGMMV, ya se trabaja en resistencias a otros virus emergentes, como el virus de Nueva Delhi, anticipándose a problemas futuros. El reto es siempre el mismo: combinar resistencia, rendimiento, calidad de fruta y aceptación del mercado.

El episodio deja claro que el éxito en pepino no depende de una sola variable. Es el resultado de elegir la variedad correcta, para el segmento correcto, bajo el sistema adecuado, entendiendo tanto al productor como al consumidor. Esa es la lógica detrás del portafolio de BASF Nunhems y el mensaje central de esta conversación con Andy.