Episodio 500: Con el corazón en el agro

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Con el corazón en el agro

¡500 episodios! ¡Qué locura! 5 años después de publicar el primer episodio llego a las 5 centenas, en lo que ha sido todo un viaje de aprendizaje. Por supuesto, muchísimas gracias a todos los que alguna vez han escuchado un episodio, porque sin ustedes esto no tendría sentido.

En este episodio doy algunas cifras del podcast, también cuento algunas anécdotas personas, y por supuesto, saco la bola de cristal para augurar lo que le depara a la agricultura mundial y nacional en 2025.

Este episodio marca un punto de inflexión. No por la cifra redonda —que ya de por sí impone respeto— sino por lo que revela cuando se observa con calma: cinco años de constancia, 500 episodios publicados, y una comunidad que se ha construido episodio a episodio, sin atajos ni fuegos artificiales. El tono no es triunfalista; es reflexivo. Hay gratitud genuina hacia quienes han estado desde el inicio y hacia quienes llegaron después, porque el proyecto sólo cobra sentido cuando alguien del otro lado decide escuchar.

El origen del podcast no responde a una estrategia de mercado ni a una moda. Surge de una carencia muy concreta: no existía el podcast agrícola que se quería escuchar en español. La decisión fue simple y arriesgada a la vez: crear ese espacio desde cero. Los primeros episodios no fueron fáciles; grabar, estructurar ideas y sostener un discurso claro requirió muchísimo más esfuerzo que ahora. La fluidez actual no es talento espontáneo, es práctica acumulada. La diferencia entre los primeros diez episodios y los últimos no es inspiración, es oficio.

El vínculo con el agro no aparece como una elección tardía, sino como una condición de origen. La infancia transcurre entre viajes largos, carreteras secundarias, paradas imprevistas frente a un cultivo interesante, conversaciones con productores locales y explicaciones técnicas que, sin notarlo, iban formando criterio. El campo no era un tema académico; era paisaje, conversación cotidiana y experiencia directa. Esa exposición temprana explica por qué la agricultura no se vive como una profesión más, sino como un sistema complejo que atraviesa territorios, personas y decisiones.

La entrada a Chapingo tampoco responde al cliché vocacional. No hubo una epifanía productiva ni una revelación romántica. Hubo algo más simple y más potente: el deseo de viajar, observar y entender. Ver estudiantes recorriendo regiones, durmiendo donde se podía, enfrentando incomodidades reales, dejó una impresión profunda. Chapingo se convirtió en el medio para seguir recorriendo el país y, de paso, estudiar aquello que ya formaba parte de la vida diaria. El aprendizaje no fue sólo académico; fue territorial.

La agricultura aparece aquí como un sector dinámico, exigente y fundamental, pero también profundamente humano. Eventos, ferias y recorridos técnicos se valoran no por el programa oficial, sino por las conversaciones improvisadas, los intercambios honestos y las historias compartidas. Esa forma de relacionarse con el agro se refleja en el podcast: más que discursos cerrados, hay diálogo, experiencia y contexto.

El proyecto se mantuvo durante cinco años como un pasatiempo serio. No como un hobby ligero, sino como una actividad sostenida por disciplina. El dato es contundente: 434,299 escuchas comprobadas. No descargas infladas, no métricas maquilladas; escuchas reales. Spotify concentra la mayoría, pero YouTube se convierte en una decisión estratégica clave. Subir audio a una plataforma visual, sin video, parecía contraintuitivo, y sin embargo ahí se concentra casi un tercio de la audiencia. A veces las mejores decisiones no son las más obvias.

La regularidad impresiona: un promedio de ocho episodios mensuales durante cinco años. Algunos meses más, otros menos, pero sin romper el ritmo. La constancia no es glamour; es repetición, agenda y enfoque. De esos 500 episodios, 171 son entrevistas, lo que habla de una apertura deliberada a otras voces y experiencias. Al inicio, conseguir entrevistas era una odisea: explicar qué era un podcast agrícola en español y convencer a alguien de participar requería paciencia. Hoy el escenario es distinto; el formato se normalizó y la confianza se construyó.

Hay agradecimientos puntuales que no son formales. Joel Hernández aparece como el primer entrevistado que aceptó cuando nadie sabía bien de qué se trataba esto. El padre, con múltiples participaciones, no sólo como fuente técnica sino como parte estructural del proyecto. La familia, en general, aparece como un sistema donde el agro no es excepción: zootecnia, forestales, horticultura. No es un dato anecdótico, es contexto.

El episodio no se queda en la retrospectiva. Mira hacia adelante y plantea, sin rodeos, un 2025 complejo. A nivel global, se plantea el fin de la globalización tal como se conocía y el inicio de una era de bloques. No es un concepto abstracto: implica barreras, alineamientos forzados y tensiones que impactan directamente en la producción, el comercio y la seguridad alimentaria. Cuando los países dejan de ser “socios” y pasan a ser “bloques”, el agro deja de fluir con libertad.

El escenario geopolítico es claro: múltiples potencias compitiendo, conflictos activos, liderazgos confrontativos y una agricultura inevitablemente expuesta. Cada roce diplomático puede traducirse en restricciones, aranceles o disrupciones logísticas. Y donde hay disrupción, también hay oportunidades, pero sólo para quien esté atento y preparado.

En México, el diagnóstico es directo: el campo comercial está dejado a su suerte. No es una novedad ni una provocación. El apoyo al autoconsumo seguirá, pero el sector agroexportador navega sin respaldo estructural. El nuevo gobierno no promete cambios profundos; la continuidad es la señal dominante. A esto se suma el regreso de Donald Trump al poder en Estados Unidos, con un discurso agresivo pero una lógica empresarial detrás. Estados Unidos necesita alimentos y mano de obra; México sigue siendo clave, aunque el margen de maniobra es delicado.

El clima cierra el análisis. El aumento de la radiación solar no es un tema futurista, es una realidad que ya está alterando la rizósfera, los suelos y las respuestas productivas. Agricultores que hacen lo mismo que antes y obtienen peores resultados no están fallando; están enfrentando un entorno distinto. El terreno de juego cambió, literalmente.

El episodio termina sin épica forzada. Hay agradecimiento, conciencia del momento histórico y claridad sobre lo que viene. El podcast entra a una nueva etapa: dejará de ser un pasatiempo para profesionalizarse. No como traición al espíritu original, sino como consecuencia natural de cinco años de trabajo sostenido. El corazón sigue en el agro, pero ahora con una mirada más estratégica y sin ingenuidad.

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