Episodio 547: Proyecto para el control y abatimiento del muérdago con Isacc Sánchez

Proyecto para el control y abatimiento del muérdago con Isacc Sánchez

Isacc Sánchez es un ingeniero agrícola que ofrece soluciones a los agricultores de su región a través de su negocio. Sin embargo, desde hace un año comenzó a notar que el muérdago estaba causando muertes de árboles, por lo que decidió investigar el tema más a fondo, para tratar de entender la situación.

Fue así como, de manera altruista, comenzó a dedicar tiempo y recursos propias para concientizar sobre la problemática que afrontan los sectores agrícola y forestal. Es por ello que en esta entrevista Isacc nos cuenta más sobre el proyecto para el control y abatimiento del muérdago.

Este episodio gira alrededor de una alerta silenciosa que ya no es tan silenciosa para quien camina el campo con los ojos abiertos: el avance del muérdago y la pérdida acelerada de árboles en regiones agrícolas y forestales del centro del país. A lo largo de la conversación con Isacc, queda claro que no se trata de una anécdota local ni de una preocupación exagerada, sino de un problema real, extendido y con consecuencias profundas.

Isacc es ingeniero agrónomo, formado en Chapingo, dedicado profesionalmente a la asesoría en uso agronómico del agua. Su trabajo cotidiano lo lleva a recorrer parcelas, comunidades y barrancas de la sierra norte de Puebla, particularmente en el municipio de Aquisla. En esos recorridos empezó a notar algo que muchos ven sin darle importancia: pequeñas plantas creciendo sobre las ramas de los árboles. Al inicio parecía algo menor, casi decorativo. Una plantita más. El punto de quiebre llegó cuando observó encinos adultos, de décadas de edad, completamente muertos. Ahí dejó de ser paisaje y se convirtió en problema.

El muérdago no es una especie exótica ni reciente. Es una planta hemiparásita nativa de muchos ecosistemas de México. Hace fotosíntesis, pero depende del árbol hospedero para obtener agua y sales minerales. El problema no es su existencia, sino su explosión descontrolada, impulsada por varios factores que se combinaron en los últimos años: sequías severas, estrés hídrico, debilitamiento de los árboles y cambios en la disponibilidad de alimento para aves. Con menos semillas silvestres disponibles, las aves consumen el fruto gelatinoso del muérdago y dispersan sus semillas de árbol en árbol. El resultado es una infestación acelerada.

Una vez que el muérdago se instala, suele hacerlo en la parte alta de la copa. Desde ahí, las semillas caen, se adhieren a otras ramas y generan nuevas plantas. Con el tiempo, la carga parasitaria supera la capacidad del árbol. El árbol pierde vigor, se debilita y termina muriendo. En casos avanzados, incluso aunque se pode, ya no hay retorno.

Lo que más preocupa a Isacc no es un árbol aislado, sino el efecto acumulado. Perder un árbol implica perder sombra, suelo, retención de agua, filtración, captura de carbono, regulación térmica y hábitat. Perder cientos o miles implica alterar el ecosistema completo. Y eso no es teoría: ya se observan regiones donde especies como capulín, tejocote o encino están desapareciendo del paisaje.

Frente a esto, Isacc entendió que no podía actuar solo. Así nació el Proyecto CAM, una iniciativa ciudadana para el control y abatimiento del muérdago. No es un programa gubernamental ni un negocio. Es un esfuerzo de sociedad civil que se estructura en cuatro componentes claros.

El primero es la concientización. Se realizaron pláticas en comunidades, ejidos, escuelas, grupos de Sembrando Vida y radio local. El objetivo no es alarmar, sino lograr que la gente observe hacia arriba, identifique el problema y entienda que no se resuelve ignorándolo.

El segundo componente es el diagnóstico. Con apoyo de universidades de la región —IEDEP, tecnológicos locales y campus universitarios— se realizaron muestreos en zonas no forestales, principalmente áreas agrícolas y de propiedad privada. Se levantaron datos, coordenadas y mapas de infestación. Este diagnóstico permitió dimensionar el problema: en el municipio se estima que más de 100 mil árboles están infestados.

El tercer componente es la acción directa: la poda. Hoy por hoy, la poda es la única estrategia efectiva reconocida por especialistas para controlar el muérdago. Pero no cualquier poda. Requiere técnica, criterio y capacitación. No es cortar por cortar. Depende del porcentaje de infestación: en niveles bajos se eliminan ramas afectadas; en niveles altos, a veces es necesario eliminar el árbol completo para evitar la propagación.

Aquí aparece otro punto crítico: los recursos. Podar árboles grandes es peligroso y requiere personal capacitado, equipo especializado, arneses, motosierras y tiempo. En una poda comunitaria experimental participaron cerca de 100 personas y apenas se lograron intervenir unos 60 árboles, trabajando en condiciones limitadas. La respuesta social existe; el reto es hacerlo bien.

El cuarto componente es el monitoreo. Podar no basta. Si se corta por encima de la zona donde el muérdago ya infiltró sus tejidos, la planta rebota. Hay que regresar, revisar y volver a intervenir si es necesario. Además, las ramas cortadas no pueden quedarse en el suelo: el muérdago sigue vivo. Deben quemarse, enterrarse o, en algunos casos, aprovecharse como forraje en proporciones controladas.

En este proceso, Isacc buscó respaldo científico. Contactó al doctor Ángel Endara, uno de los mayores especialistas en muérdago en México, quien visitó la región y capacitó a técnicos y estudiantes. También ha intercambiado información con investigadores de Chapingo, INIFAP y otras universidades. El conocimiento existe. El desafío es articularlo y llevarlo a campo.

A lo largo del episodio queda claro que el mayor obstáculo no es la falta de interés, sino el tiempo. Isacc lidera el proyecto en paralelo a su trabajo profesional, sin financiamiento, sin estructura formal. Coordinar comunidades, universidades, técnicos y posibles apoyos institucionales requiere dedicación constante. Aun así, la convicción se mantiene: esto debe surgir desde el territorio, desde quienes viven ahí.

El objetivo de fondo no es solo controlar el muérdago. Es generar conciencia ecológica práctica. Que cada persona entienda que perder árboles hoy significa menos agua, más erosión y más problemas mañana. Que los agrónomos, técnicos y profesionistas asuman un rol activo en sus comunidades. Que no se espere a que alguien más lo resuelva.

Isacc lo resume con claridad: si se pierde una especie, se abre la puerta a muchos otros problemas. Y lo que hoy parece una plaga localizada, mañana puede ser una crisis ambiental mayor. Por eso la invitación es directa: observar, informarse, actuar en lo que sí está al alcance y sumarse a una red de personas que entienden que el equilibrio ecológico no es un discurso, es una responsabilidad cotidiana.

El episodio cierra con una visión a futuro: construir una red descentralizada de personas conscientes, viveros escolares, recuperación de genética local y acciones pequeñas pero sistemáticas. No para resolverlo todo en un año, sino para no quedarse de brazos cruzados. Porque el conocimiento que no se comparte, y el problema que no se enfrenta, terminan cobrando factura. Y en el campo, esa factura siempre llega.

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