Episodio 570: Cómo lograr el riego hidropónico de precisión con Raúl Bribiesca

Cómo lograr el riego hidropónico de precisión con Raúl Bribiesca
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El riego hidropónico ya no puede manejarse sólo con costumbre. La conversación con Raúl Bribiesca, director de Agrofacto, aterriza por qué la precisión, el monitoreo en tiempo real y la toma de decisiones son claves para producir más, desperdiciar menos y sostener sistemas rentables bajo mayor presión climática y regulatoria.

Aquí el foco está en pasar del riego reactivo al manejo anticipado. Raúl Bribiesca explica dónde fallan muchos sistemas, cómo aprovechar sensores, drenajes, inteligencia artificial y automatización, y por qué el verdadero cambio no empieza en la tecnología, sino en equipos capaces de analizar información útil cada semana con disciplina.

El riego hidropónico suele darse por resuelto demasiado pronto. Se instalan mangueras, se programa un sistema, se revisan drenajes y se asume que la operación está bajo control. Pero Raúl plantea que ahí está una de las grandes oportunidades de mejora: muchos sistemas hidropónicos ya producen, pero no necesariamente están alcanzando su potencial. Funcionan lo suficiente para que la agrícola salga adelante, aunque dejan producción, calidad y eficiencia sobre la mesa.

La primera idea clave es que el contexto cambió. Las condiciones climáticas son más exigentes, el agua disponible es menor, los costos pesan más y las regulaciones ambientales van a presionar cada vez más el desperdicio. Manejar la hidroponía con criterios de hace décadas puede seguir dando resultados, pero no permite competir con la precisión que hoy se necesita.

Raúl insiste en que el drenaje sigue siendo importante, pero no puede ser el único criterio de manejo. Medir drenaje tiene ventajas claras: es barato, conocido, aceptado y permite saber cuánto se desperdicia después de regar. Sin embargo, también tiene una limitación fuerte: es un indicador reactivo. Cuando el drenaje muestra el problema, la decisión de riego ya ocurrió.

Por eso me parece central entender que el drenaje mide lo que pasó, no lo que el cultivo necesita antes del siguiente riego. Esa diferencia cambia la lógica completa del manejo. Ya no se trata sólo de revisar si el porcentaje de drenaje fue correcto, sino de saber qué está ocurriendo en la maceta, en la planta, en el ambiente y en el sistema antes de tomar la siguiente decisión.

El punto de partida para mejorar es revisar la capacidad real de riego. No basta con que el sistema haya sido bien diseñado en su momento. La demanda de agua puede haber aumentado, los sectores pueden ser demasiados para un solo cabezal, los ciclos pueden no cumplirse a tiempo y la uniformidad puede estar comprometida dentro de cada sector. Si el siguiente riego debía entrar a los 30 minutos y entra a la hora, el cultivo ya está operando bajo una condición distinta.

Después viene la calidad del agua: salinidad, pH, ORP, oxígeno disuelto, temperatura, equilibrio mineral y otros parámetros que determinan qué tan viable es sostener un manejo fino. También entra el sustrato, el contenedor, el volumen por planta y la capacidad de retención de agua. En hidroponía, el margen de error es menor porque la planta depende mucho más de la precisión del sistema.

Raúl propone mirar el riego como un sistema integral de monitoreo. Esto incluye sensores en tiempo real para observar peso de maceta, humedad, conductividad, drenaje por riego, temperatura, humedad relativa, déficit de presión de vapor, crecimiento, acumulación de biomasa y comportamiento de la planta. La tecnología no sustituye el criterio, pero permite ver cosas que antes quedaban ocultas.

Aun así, medir más no significa decidir mejor. Una de las partes más útiles de la conversación está en la crítica al exceso de información sin análisis. Hay empresas que registran muchísimos datos, llenan libretas, alimentan hojas de cálculo y sistemas internos, pero esa información no llega a campo ni modifica decisiones. El problema no es la falta de datos; es la falta de uso agronómico de esos datos.

Por eso, antes de hablar de sensores o automatización, Raúl revisa tres cosas: cuál es el dolor real del rancho, qué características tiene la operación y cómo se está usando la información para decidir. Esa secuencia me parece muy práctica porque evita comprar tecnología sin resolver el fondo. La pregunta no es “qué sensor falta”, sino “qué decisión queremos mejorar”.

El cambio requiere voluntad de la dirección y disciplina del equipo. Si los altos mandos no dan importancia al monitoreo, el análisis se vuelve una tarea secundaria. Y si el equipo de campo no tiene espacios para revisar información, contrastar resultados y ajustar criterios, los datos se acumulan sin impacto. La precisión no nace del sensor; nace del proceso de decisión.

También es importante separar el manejo diurno del periodo de no riego. Durante el día, el objetivo es sostener el proceso fotosintético, evitar cierre estomático, mantener flujo de minerales, reducir estrés hídrico y evitar que la planta gaste energía de forma innecesaria por sobretranspiración o por falta de agua. El riego diurno tiene que acompañar la demanda del ambiente.

Pero la noche no es un periodo muerto. Raúl aclara que conviene hablar más bien del periodo de no riego, que va del último riego del día anterior al primero del día siguiente. Ahí se define buena parte del equilibrio metabólico del cultivo. Si el estrés es alto, la planta tiende a generar; si el estrés es bajo, tiende a vegetar. Además, muchos cultivos crecen de noche, siempre que exista suficiente reserva de agua en el sustrato.

Esta parte me parece especialmente valiosa porque obliga a dejar de pensar el riego sólo como una operación diurna. En días de alta radiación y alto déficit de presión de vapor, la planta puede terminar el día deshidratada o incluso con menor peso. La recuperación nocturna depende de que el sustrato conserve agua suficiente para sostener ese proceso.

Sobre automatización, Raúl es claro: no se trata de dejar el sistema solo. Sensores, computadoras, PLCs e inteligencia artificial pueden ayudar a replicar criterios de manejo con una velocidad y consistencia imposibles para una persona. Pero el criterio agronómico sigue siendo el rector. La computadora ejecuta, pero el equipo debe definir, revisar, ajustar y cuestionar.

La inteligencia artificial aparece como una herramienta útil para analizar grandes volúmenes de información. En lugar de revisar manualmente cada dato de cada día, puede ayudar a detectar patrones. Una aplicación interesante es identificar los días de rendimiento extraordinario, revisar qué condiciones ambientales y decisiones de manejo coincidieron, y luego buscar cómo replicarlas cuando el contexto lo permita.

Raúl señala errores muy comunes. Uno de los más fuertes es tener sistemas automatizables operados manualmente. Hay agrícolas con computadoras, válvulas y capacidad de control, pero sin aprovechar sensores para activar decisiones durante los periodos adecuados. Otro error es invertir mucho en monitoreo y no convertir esa información en acciones. Se mide, se captura, se digitaliza, pero no se decide mejor.

La dirección hacia la que va el riego hidropónico es clara: más productividad, más eficiencia en recursos, menor desperdicio, mayor automatización, mejor análisis de información y menor impacto ambiental. Los sistemas hidropónicos son caros frente al suelo, por lo que están obligados a producir más y justificar su inversión con resultados superiores.

Me quedo con una conclusión sencilla: el futuro del riego hidropónico no depende sólo de tener más tecnología, sino de usarla para tomar mejores decisiones con más consistencia. La oportunidad está en dejar de reaccionar tarde, entender el cultivo en tiempo real y construir equipos capaces de analizar, ajustar y aprender cada semana.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.