En la agricultura protegida suele pensarse que basta con instalar una cubierta para mejorar la producción. Sin embargo, Aurelio Bastida Tapia explica que detrás de un invernadero operan múltiples efectos físicos, relacionados con lluvia, luz, aire y temperatura, que determinan si un cultivo prospera o enfrenta problemas productivos.
Comprender estos fenómenos permite diseñar estructuras más eficientes y evitar errores comunes en la agricultura protegida. La conversación con Aurelio Bastida Tapia, investigador de Universidad Autónoma Chapingo, profundiza en cómo influyen las cubiertas, la ventilación y la radiación solar sobre el comportamiento del ambiente dentro de los invernaderos.
La agricultura protegida suele asociarse únicamente con la instalación de un invernadero o una estructura cubierta. Sin embargo, al analizar lo que realmente ocurre dentro de estos espacios aparecen numerosos fenómenos físicos que influyen directamente en el rendimiento de los cultivos. Comprenderlos es fundamental para usar adecuadamente estas estructuras como herramientas productivas.
Uno de los primeros puntos a considerar es que los efectos dentro de una estructura agrícola no dependen únicamente del material de la cubierta. También influyen la forma, el tamaño y la altura de la estructura, además del clima donde se instala. La cubierta puede modificar o intensificar estos efectos, pero siempre interactúa con el ambiente exterior.
Las cubiertas pueden clasificarse principalmente según su permeabilidad. Existen cubiertas impermeables, como los plásticos o el vidrio, que impiden el paso del aire y el agua. También están las cubiertas permeables, como las mallas, que permiten cierto intercambio con el ambiente exterior. Esta característica define gran parte de los fenómenos que ocurren dentro del invernadero.
Otro aspecto clave es la transparencia de los materiales. Algunas cubiertas permiten el paso de la luz solar, mientras otras la bloquean o la reducen parcialmente. Estas diferencias influyen en la cantidad de radiación que llega a las plantas y, por lo tanto, en su desarrollo fisiológico.
Uno de los efectos más conocidos es el llamado efecto paraguas. Consiste en colocar una cubierta impermeable para evitar que la lluvia moje directamente a las plantas. Esta práctica busca reducir enfermedades que pueden aparecer cuando las hojas permanecen húmedas en ambientes cálidos.
Sin embargo, existen otros efectos menos considerados. Uno de ellos es el aumento de la humedad relativa dentro del invernadero, conocido como efecto oasis. En regiones secas o durante temporadas con baja humedad ambiental, el interior de una estructura cubierta puede mantener condiciones más favorables para los cultivos.
Esto se relaciona con el papel del agua dentro de las plantas. Una gran proporción del agua absorbida por las raíces no se utiliza para formar tejidos, sino para evaporarse mediante la transpiración. Esta evaporación ayuda a enfriar las hojas cuando reciben radiación solar intensa.
En algunos cultivos, hasta el 90 o 95 % del agua absorbida se pierde por transpiración. Este proceso funciona como un mecanismo natural de enfriamiento. Cuando la humedad ambiental es demasiado baja, la planta puede perder agua con mayor rapidez y sufrir estrés.
Por ello, dentro de los invernaderos a veces se utilizan sistemas para incrementar la humedad. Entre ellos se encuentran la nebulización, la microaspersión o incluso el riego del piso para favorecer la evaporación.
Otro fenómeno importante es la condensación del vapor de agua. Durante el día puede acumularse humedad dentro del invernadero. Cuando la temperatura desciende por la noche, esa humedad se condensa en la parte interior de la cubierta.
Si las gotas caen sobre las plantas pueden favorecer la aparición de enfermedades. Para reducir este problema, algunos plásticos incluyen aditivos antigoteo que permiten que el agua forme una película y escurra hacia los lados en lugar de caer sobre el cultivo.
También influye la inclinación del techo de las estructuras. Cuanto mayor sea la pendiente, menor será la probabilidad de que se formen gotas que caigan directamente sobre las plantas.
Los efectos relacionados con la radiación solar también son determinantes. Uno de ellos es el efecto sombrilla, que se refiere a la reducción de la intensidad de luz que llega al cultivo mediante mallas o cubiertas especiales.
Cada especie vegetal tiene requerimientos específicos de luz. Algunas plantas evolucionaron en ambientes con alta radiación, mientras otras se adaptaron a condiciones de sombra. Por ello, no todos los cultivos responden igual a la exposición solar.
Incluso dentro de una misma planta existen diferencias en la necesidad de luz. Algunas hojas requieren mayor intensidad luminosa, mientras otras funcionan mejor con niveles menores.
Cuando el ambiente recibe menos radiación, como ocurre durante semanas nubladas, la fotosíntesis puede disminuir y afectar la producción. En muchos casos, la reducción de rendimiento se observa días o semanas después del periodo de baja iluminación.
Otro aspecto es la transmisión de la luz a través de los materiales. Parte de la radiación solar se refleja, otra se difunde y otra logra penetrar hacia el interior. La proporción de cada componente depende del tipo de cubierta.
La luz difusa tiene ventajas importantes porque se distribuye de manera más uniforme dentro del invernadero. Esto evita sombras intensas y permite que más hojas participen en la fotosíntesis.
También existe el llamado efecto escudo. Algunos materiales pueden bloquear la radiación ultravioleta y parte de la radiación infrarroja. La radiación ultravioleta puede deteriorar materiales y tejidos, mientras la infrarroja está relacionada con el calor.
Al limitar la entrada de radiación infrarroja se reduce el calentamiento excesivo dentro de la estructura. Esto puede ser especialmente útil en regiones donde las temperaturas ya son elevadas.
Otro fenómeno es el efecto espejo, relacionado con la reflexión de la luz en la superficie de la cubierta. Dependiendo del ángulo con el que los rayos solares llegan al material, una parte de la radiación puede reflejarse en lugar de penetrar.
Cuando la luz incide perpendicularmente sobre la cubierta, la transmisión es mayor. Si el ángulo se vuelve más oblicuo, aumenta la cantidad de radiación reflejada.
Además de la luz, el comportamiento del aire dentro del invernadero tiene un papel crucial. Uno de los procesos básicos es la dinámica del aire caliente y frío. El aire caliente es más ligero y tiende a subir, mientras el aire frío entra por las ventilas laterales.
Este principio permite renovar el aire dentro de la estructura y evitar el sobrecalentamiento. Para que funcione adecuadamente es necesario contar con ventilas cenitales que permitan la salida del aire caliente.
Cuando estas ventilas no existen o no son suficientes, puede generarse una isla de calor en la parte superior del invernadero. Allí la temperatura puede ser considerablemente mayor que en otras zonas.
Esto produce una estratificación térmica. La temperatura puede variar tanto vertical como horizontalmente dentro de la estructura. En muchos casos el centro del invernadero presenta temperaturas más altas que las áreas cercanas a las ventilas.
Por esta razón, los instrumentos de medición deben colocarse en el punto de crecimiento del cultivo y no en cualquier lugar. De lo contrario, las mediciones pueden no reflejar las condiciones reales que experimentan las plantas.
El efecto chimenea es otro mecanismo importante. Las ventilas superiores permiten que el aire caliente salga del invernadero, lo que facilita la entrada de aire fresco desde los lados.
También puede presentarse el efecto Venturi, donde el paso del viento sobre ciertas ventilas genera una succión que ayuda a extraer el aire caliente del interior.
Cuando no hay suficiente ventilación puede ocurrir el viento en calma, es decir, falta de movimiento de aire dentro del invernadero. Esto reduce la renovación de dióxido de carbono, elemento esencial para la fotosíntesis.
Sin circulación de aire, el CO₂ puede agotarse cerca de las hojas, limitando la capacidad fotosintética del cultivo. Por esta razón, en algunos casos se utilizan ventiladores o sistemas de recirculación.
Las estructuras también influyen en el comportamiento del viento exterior. Funcionan como barreras que reducen su velocidad. Este efecto cortavientos puede proteger tanto a los cultivos como a la estructura misma.
Sin embargo, las barreras totalmente impermeables al viento pueden generar turbulencias o remolinos. Por eso se recomienda reducir parcialmente la velocidad del viento, en lugar de bloquearlo por completo.
Finalmente, los materiales de cobertura experimentan procesos de envejecimiento. Con el tiempo los plásticos se degradan, se oscurecen y permiten el paso de menos luz.
Esto puede afectar la productividad si no se reemplazan a tiempo. En algunos casos, después de varios años de uso, un plástico puede transmitir menos del 50 % de la radiación original.
Todos estos fenómenos muestran que la agricultura protegida es mucho más que instalar una cubierta. El diseño de las estructuras debe considerar clima, cultivo y condiciones del terreno.
Analizar estos factores permite elegir adecuadamente los materiales, la ventilación y las dimensiones del invernadero. Cuando estos elementos se integran correctamente, la estructura puede crear un ambiente favorable para el desarrollo del cultivo.
La observación constante también resulta indispensable. Conocer cómo se comporta un invernadero en distintas horas del día y en diferentes épocas del año permite comprender sus efectos físicos y mejorar su manejo.

