El campo del Estado de México revela una combinación clara de producción agrícola diversa, municipios altamente productivos, cultivos con alto valor económico y una organización agrícola basada principalmente en temporal. Analizar estas cifras permite comprender cómo se distribuye la producción y cuáles cultivos sostienen la economía rural de la entidad.
Al revisar volumen agrícola, valor de producción, superficie sembrada y disponibilidad estacional, aparece una imagen precisa del funcionamiento del sistema productivo estatal. Los datos permiten identificar qué regiones concentran la producción y qué cultivos generan mayor impacto económico dentro de la agricultura mexiquense.
El Estado de México mantiene una actividad agrícola importante dentro del panorama nacional, aunque gran parte de su población vive en zonas urbanas. La entidad tiene más de 17 millones de habitantes, lo que representa una proporción significativa de la población del país. Sin embargo, solo una pequeña parte de la población económicamente activa participa directamente en el sector primario.
Dentro de quienes trabajan en este sector, la gran mayoría se dedica a la agricultura, mientras que una fracción menor participa en actividades pecuarias. La pesca prácticamente no tiene presencia relevante dentro del sistema productivo estatal.
Durante 2018 la producción agropecuaria total del estado superó ligeramente los 7.4 millones de toneladas, lo que ubicó a la entidad en el lugar número 16 a nivel nacional en volumen agropecuario. De ese total, la agricultura domina claramente la estructura productiva.
El 91.5% del volumen total proviene del subsector agrícola. El subsector pecuario representa alrededor del 8.2% y la producción pesquera es mínima dentro del conjunto productivo estatal. Estas cifras muestran que la base de la economía rural se sustenta principalmente en la producción de cultivos.
La diversidad agrícola del estado es amplia. Durante el año analizado se registraron 87 cultivos de ciclo primavera-verano, 49 cultivos de ciclo perenne y 44 cultivos de otoño-invierno. Esta diversidad refleja un sistema productivo que combina granos, horticultura, frutales y floricultura.
En términos de superficie sembrada, los cultivos de primavera-verano dominan claramente el sistema agrícola. Cerca del 88% de la superficie sembrada corresponde a este ciclo productivo. Los cultivos perennes ocupan alrededor del 9.7% y los cultivos de otoño-invierno apenas representan cerca del 2%.
Cuando se analiza el volumen cosechado aparece una tendencia similar. Los cultivos de primavera-verano generan aproximadamente el 68% del volumen total, lo que equivale a cerca de 4.6 millones de toneladas. En segundo lugar se encuentran los cultivos perennes, que aportan alrededor del 28% del volumen. Los cultivos de otoño-invierno representan una proporción mucho menor.
El valor económico de la producción también confirma la importancia del ciclo primavera-verano. Estos cultivos generaron cerca de 14 mil 900 millones de pesos en valor de producción. Los cultivos perennes aportaron alrededor de 6 mil 300 millones de pesos, mientras que los cultivos de otoño-invierno generaron aproximadamente 1 mil 300 millones.
Un elemento importante dentro de la agricultura estatal es el tipo de manejo del agua. Solo el 18.5% de la superficie agrícola cuenta con riego, mientras que el 81.5% depende del temporal. Esto significa que una gran parte de la producción agrícola está directamente vinculada a las condiciones climáticas.
La distribución territorial de la agricultura también muestra una concentración clara en ciertos municipios. En términos de superficie sembrada, Almoloya de Juárez ocupa el primer lugar con más de 28 mil hectáreas sembradas. Le siguen San José del Rincón, Villa Victoria, Ixtlahuaca y San Felipe del Progreso, todos con extensiones agrícolas importantes.
Sin embargo, cuando se analiza el valor económico de la producción, el liderazgo cambia de manera notable. En este indicador destaca Villa Guerrero, reconocido por su especialización en floricultura. Este municipio generó aproximadamente 2 mil 800 millones de pesos en valor de producción agrícola.
En segundo lugar aparece Coatepec de Harinas con alrededor de 1 mil 400 millones de pesos. Tenancingo ocupa la tercera posición con aproximadamente 1 mil 300 millones. Después se encuentran Jocotitlán y Villa Victoria, que también presentan aportaciones económicas relevantes dentro del sector agrícola estatal.
Los cultivos que generan mayor valor económico dentro de la entidad reflejan la diversidad productiva del estado. El maíz grano ocupa el primer lugar dentro del valor de producción agrícola.
Este cultivo generó alrededor de 7 mil 300 millones de pesos, lo que representa aproximadamente el 32.5% del valor total agrícola del estado. En términos de volumen, la producción superó ligeramente las 1.9 millones de toneladas.
En segundo lugar aparece el crisantemo, uno de los cultivos más representativos de la floricultura mexiquense. Este cultivo generó alrededor de 1 mil 800 millones de pesos, equivalente a cerca del 8.1% del valor agrícola estatal.
El aguacate ocupa la tercera posición dentro del valor económico agrícola. La producción generó aproximadamente 1 mil 725 millones de pesos, con un volumen cercano a las 97 mil toneladas.
En cuarto lugar se encuentra la rosa, otro cultivo emblemático dentro de la floricultura del estado. Este cultivo generó cerca de 1 mil 670 millones de pesos, reflejando la importancia del sector ornamental en la economía agrícola de la entidad.
El quinto lugar corresponde a la papa, cuya producción generó aproximadamente 1 mil 260 millones de pesos, con un volumen cercano a las 170 mil toneladas.
Además del volumen y el valor de producción, también resulta importante analizar la disponibilidad estacional de estos cultivos. En el caso del maíz grano, la disponibilidad se concentra fuertemente hacia el final del año. Cerca del 50% de la producción se registra en diciembre, mientras que una parte importante también se distribuye entre noviembre y enero.
Durante el resto del año la disponibilidad es mucho menor. Entre marzo y septiembre prácticamente no hay producción disponible dentro del estado.
El comportamiento del crisantemo es muy distinto. Este cultivo presenta una disponibilidad relativamente uniforme durante todo el año. Aunque octubre concentra el porcentaje más alto de producción, existe oferta en prácticamente todos los meses.
La producción de aguacate también muestra una distribución relativamente amplia a lo largo del año. Los meses de enero a abril presentan niveles bajos de disponibilidad, mientras que a partir de mayo la producción aumenta y se mantiene durante el resto del año.
En el caso de la rosa, la disponibilidad se mantiene durante los doce meses. Sin embargo, algunos meses presentan picos de producción asociados con fechas comerciales importantes. Febrero, mayo y diciembre muestran incrementos claros en la oferta debido a la alta demanda de flores en esas temporadas.
Finalmente, la producción de papa presenta una concentración temporal más marcada. Los meses de octubre y noviembre reúnen cerca del 60% de la producción total anual. Enero y diciembre también aportan una proporción relevante.
Durante los meses restantes del año la disponibilidad es menor, ya que solo se distribuye alrededor del 20% restante de la producción anual.
En conjunto, estos datos permiten observar cómo la agricultura del Estado de México combina granos básicos, horticultura, fruticultura y floricultura, generando una estructura productiva diversa. A pesar de que gran parte de la superficie agrícola depende del temporal, la entidad mantiene una producción significativa tanto en volumen como en valor económico.

