Episodio 178: Objetivos de Desarrollo Sostenible de la FAO

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La agenda global de desarrollo cambió cuando la Organización de las Naciones Unidas definió un marco común para enfrentar pobreza, hambre, cambio climático y degradación ambiental. A partir de la Agenda 2030, el mundo estableció 17 objetivos globales que buscan transformar la forma en que producimos alimentos, usamos los recursos y organizamos nuestras economías.

Dentro de ese marco, la agricultura ocupa un lugar central. Instituciones como la FAO participan directamente en varios objetivos que determinan cómo se gestionarán agua, suelos, energía y sistemas alimentarios durante las próximas décadas. Comprender estos objetivos permite anticipar el rumbo de las políticas agrícolas y del desarrollo rural.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible representan el primer gran acuerdo global en el que todos los países establecieron metas comunes para mejorar las condiciones de vida del planeta. Este compromiso fue adoptado el 25 de septiembre de 2015 por los 193 Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas, quienes aprobaron la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.

Ese acuerdo fijó 17 objetivos y 169 metas, diseñados para ser alcanzados entre 2016 y 2030. La intención es clara: reducir la pobreza, eliminar el hambre y construir un modelo de desarrollo que funcione al mismo tiempo en las dimensiones social, económica y ambiental. Desde entonces, estos objetivos se han convertido en el principal referente internacional para diseñar políticas públicas, programas de desarrollo y estrategias productivas.

En ese conjunto de objetivos globales, la agricultura aparece como una pieza clave. Gran parte de los problemas que el mundo intenta resolver están directamente vinculados con la producción de alimentos, el manejo del agua, la conservación de los suelos y el bienestar de las comunidades rurales. Por esa razón, la FAO participa activamente en ocho de estos objetivos.

El primero es el Objetivo 1: fin de la pobreza. La relación entre pobreza y agricultura es profunda. Cerca del 80% de las personas que viven en pobreza extrema se encuentran en zonas rurales, donde la agricultura representa la principal fuente de empleo y de ingreso. Esto significa que cualquier estrategia real para reducir la pobreza debe incluir el fortalecimiento de los sistemas agrícolas.

Además, el crecimiento agrícola tiene un efecto particularmente fuerte en las economías rurales. En países con ingresos bajos y economías basadas en la agricultura, el crecimiento del sector puede ser al menos dos veces más efectivo para reducir la pobreza que el crecimiento en otros sectores productivos.

El segundo es el Objetivo 2: hambre cero. Aunque el mundo ha logrado avances importantes desde 1990, la inseguridad alimentaria sigue siendo un problema global. El número de personas subalimentadas disminuyó en más de 200 millones durante las últimas décadas, pero aún así una de cada nueve personas en el planeta continúa padeciendo hambre.

Al mismo tiempo, el problema de la nutrición es más complejo de lo que parece. Mientras millones de personas no consumen suficientes vitaminas y minerales, el sobrepeso y la obesidad se han duplicado en muchos países en los últimos treinta años. Hoy existen cerca de 1,400 millones de personas con sobrepeso y alrededor de 500 millones con obesidad. Este contraste revela que el desafío no es únicamente producir más alimentos, sino garantizar dietas equilibradas y accesibles.

Otro objetivo directamente relacionado con la agricultura es el Objetivo 6: agua limpia y saneamiento. El agua es uno de los recursos más críticos para el futuro de la producción alimentaria. La agricultura utiliza alrededor del 70% del agua dulce extraída en el mundo, y en algunos países en desarrollo esa cifra puede llegar hasta el 95%.

Esto plantea un desafío enorme: aumentar la producción de alimentos utilizando menos agua. Las proyecciones indican que para el año 2025 cerca de 1,800 millones de personas vivirán en regiones con escasez absoluta de agua. Frente a este panorama, mejorar la eficiencia del riego y adoptar tecnologías que optimicen el uso del recurso hídrico será indispensable.

El Objetivo 7: energía asequible y no contaminante también está relacionado con los sistemas alimentarios. La producción de alimentos depende de la energía en múltiples etapas: maquinaria agrícola, fertilizantes, transporte, almacenamiento y procesamiento. Actualmente, los sistemas alimentarios consumen aproximadamente el 30% de la energía mundial.

Esto significa que la transición hacia fuentes energéticas más limpias tendrá un impacto directo en la agricultura. Los precios de la energía influyen en los costos de producción y, por lo tanto, en los precios de los alimentos. En el futuro, producir alimentos con menor dependencia de combustibles fósiles será una prioridad.

El Objetivo 12: producción y consumo responsables aborda otro problema crítico: el desperdicio de alimentos. Cada año se pierde o desperdicia aproximadamente un tercio de los alimentos producidos en el mundo. Esta pérdida ocurre en todas las etapas de la cadena alimentaria, desde la cosecha hasta el consumo final.

Reducir estas pérdidas implica mejorar la logística, el almacenamiento, el transporte y las prácticas de consumo. Pero también exige que los sistemas agrícolas produzcan más alimentos mientras reducen su impacto ambiental. Esto incluye disminuir la degradación del suelo, el uso excesivo de agua y nutrientes, así como las emisiones de gases de efecto invernadero.

El Objetivo 13: acción por el clima reconoce que la agricultura se encuentra en el centro del desafío climático. El aumento de las temperaturas, las sequías prolongadas y los fenómenos climáticos extremos representan amenazas reales para la producción de alimentos.

Sin embargo, la agricultura también puede ser parte de la solución. Las inversiones en prácticas agrícolas sostenibles pueden contribuir tanto a la adaptación como a la mitigación del cambio climático. Esto incluye sistemas productivos más resilientes, manejo sostenible del suelo y mejoras en la eficiencia del uso de recursos.

El Objetivo 14: vida submarina se enfoca en los océanos y los recursos marinos. Cerca de 3,000 millones de personas obtienen alrededor del 20% de su proteína animal del pescado. Esto convierte a la pesca en un componente esencial de la seguridad alimentaria global.

No obstante, los recursos marinos enfrentan una presión creciente. Aproximadamente el 29% de las poblaciones de peces marinos comercialmente importantes están sobreexplotadas, mientras que el 61% se encuentra en su nivel máximo de explotación. La gestión sostenible de los océanos es crucial para mantener el suministro de alimentos provenientes del mar.

Finalmente está el Objetivo 15: vida de ecosistemas terrestres. Este objetivo reconoce el valor de los bosques, los suelos y la biodiversidad. Los bosques proporcionan alimentos, medicinas y combustible a más de mil millones de personas en el mundo. Además, las montañas suministran agua a más de la mitad de la población mundial.

Sin embargo, los ecosistemas terrestres enfrentan una degradación acelerada. Cerca de un tercio de las tierras agrícolas del planeta están degradadas. También se estima que hasta el 75% de la diversidad genética agrícola se ha perdido y alrededor del 22% de las razas animales se encuentran amenazadas.

El suelo, en particular, es un recurso extremadamente vulnerable. A diferencia de otros recursos naturales, el suelo fértil se forma muy lentamente y su pérdida no puede recuperarse en el transcurso de una vida humana. Por esta razón, su conservación se vuelve esencial para garantizar la producción de alimentos en el largo plazo.

En conjunto, estos objetivos muestran que la agricultura no es solo una actividad económica. Es un sistema que conecta alimentación, medio ambiente, energía, agua y bienestar social. Por eso, cualquier estrategia global para lograr un desarrollo sostenible necesariamente pasa por transformar la forma en que producimos alimentos y gestionamos los recursos naturales.