La producción de higo en México muestra cambios claros cuando se revisan volumen nacional, superficie cultivada y valor económico. A partir de los datos recientes es posible entender cómo evoluciona este cultivo y qué regiones concentran la mayor actividad productiva. También aparecen oportunidades para mejorar rendimiento y rentabilidad.
Además de las cifras productivas, el análisis permite identificar estados líderes, municipios más productivos y diferencias importantes en precio por tonelada. Con estos datos se obtiene una visión práctica del cultivo en el país. El episodio incluye además una breve mención a Netafim y su sistema Flexnet.
El higo es un cultivo con presencia relativamente pequeña dentro de la agricultura nacional, pero cuando se revisan sus cifras históricas aparecen señales interesantes. Al analizar la producción reciente se observa una tendencia de crecimiento moderado en los últimos años, acompañada por mejoras en rendimiento y valor económico.
En 2019 la producción nacional alcanzó 9,466 toneladas, una cifra que representa un incremento importante frente a 2018, cuando se registraron 7,705 toneladas. Aunque el crecimiento es evidente, el máximo histórico todavía corresponde a 1980, cuando el país alcanzó 9,964 toneladas, una cantidad ligeramente superior a la producción actual.
La evolución de la superficie sembrada ayuda a explicar parte de este crecimiento. Durante 2019 se registraron 1,839 hectáreas sembradas, el valor más alto reportado en las estadísticas recientes. En 2018 la superficie había sido considerablemente menor, con 1,358 hectáreas.
Sin embargo, la superficie sembrada no siempre coincide con la superficie realmente cosechada. En 2019 se cosecharon 1,322 hectáreas, lo que implica que aproximadamente quinientas hectáreas no llegaron a cosecha. Las razones pueden variar: problemas climáticos, manejo agronómico o decisiones productivas. Históricamente, el mayor registro de superficie cosechada corresponde a 1981 con 1,505 hectáreas.
Uno de los datos más interesantes aparece en el rendimiento promedio. En 2019 el rendimiento alcanzó 7.2 toneladas por hectárea, el valor más alto registrado en el país. Este indicador muestra una tendencia ascendente durante la última década. En 2018 el rendimiento fue de 6.5 toneladas por hectárea, mientras que en 2017 se ubicaba en 5.7 toneladas.
Este crecimiento sugiere que, aunque la superficie no aumenta de forma constante, la productividad del cultivo ha mejorado. Es posible que esto se relacione con mejores prácticas agronómicas, selección de variedades o mayor tecnificación.
Otro indicador relevante es el precio promedio de la tonelada de higo. En 2019 el precio alcanzó 14,413 pesos por tonelada, lo que representa un incremento respecto a 2018, cuando el promedio fue de 13,430 pesos.
Si se compara con años anteriores, el cambio es notable. Entre 2008 y 2017 el precio promedio se mantenía cerca de 8 mil pesos por tonelada, por lo que el aumento reciente ha sido considerable. Esto impacta directamente en el valor económico total del cultivo.
Como resultado de mayor producción y mejores precios, el valor de la producción nacional también creció. En 2019 el cultivo generó 215 millones de pesos, superando ampliamente los 169 millones de pesos registrados en 2018. En años previos la contribución económica era mucho menor.
Cuando se revisa la distribución territorial de la producción aparecen diferencias claras entre estados. El principal productor del país es Morelos, con 3,351 toneladas. Después aparece Veracruz con 1,980 toneladas, seguido por Michoacán con 1,275 toneladas.
El cuarto lugar corresponde a Puebla, que registra 1,199 toneladas, mientras que Baja California Sur ocupa el quinto sitio con 992 toneladas. Estos cinco estados concentran la mayor parte de la producción nacional.
Además existen otros estados con presencia productiva, aunque en volúmenes menores. Entre ellos se encuentran Hidalgo, Jalisco, Durango, Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí. Su participación es más limitada, pero confirma que el cultivo está distribuido en varias regiones.
Si el análisis se centra en la superficie sembrada, el panorama cambia ligeramente. El estado con mayor superficie es Baja California Sur, con 602 hectáreas sembradas. En segundo lugar aparece Morelos con 497 hectáreas.
Después siguen Veracruz con 230 hectáreas, Puebla con 165 hectáreas, y Michoacán con 123 hectáreas. Este dato muestra que algunos estados poseen grandes extensiones plantadas aunque no necesariamente lideren en producción total.
Cuando se revisa la superficie cosechada, nuevamente se observa el liderazgo de Morelos, con 497 hectáreas. En el caso de Baja California Sur aparece una diferencia notable entre superficie sembrada y cosechada: de más de seiscientas hectáreas sembradas solo 302 llegaron a cosecha.
Detrás se encuentran Veracruz con 165 hectáreas, Puebla con 142, y Michoacán con 114 hectáreas cosechadas.
En términos de rendimiento promedio por estado también existen diferencias importantes. Veracruz ocupa el primer lugar con 12 toneladas por hectárea, lo que lo convierte en la región más eficiente en productividad.
El segundo lugar corresponde a Michoacán con 11.2 toneladas por hectárea, seguido por Zacatecas con 9.7 toneladas. Después aparecen Puebla con 8.4 toneladas, y Durango con 7 toneladas por hectárea.
Los precios también varían considerablemente entre estados. El mayor precio promedio se registró en Durango, donde la tonelada alcanzó 58,363 pesos. Esta cifra destaca ampliamente sobre el resto del país.
En segundo lugar aparece Baja California Sur con 35,058 pesos por tonelada, seguido por Zacatecas con 28,000 pesos. Morelos ocupa el cuarto sitio con 27,961 pesos, mientras que Jalisco cierra el grupo principal con 18,794 pesos por tonelada.
Al combinar producción y precio se obtiene el valor económico por estado. En este indicador el liderazgo vuelve a ser de Morelos, que genera 120 millones de pesos gracias al cultivo de higo.
Muy por detrás aparece Baja California Sur con 35 millones de pesos, seguido por Michoacán con 28 millones. Después se encuentran Veracruz con 16 millones y Puebla con 8 millones de pesos.
El análisis municipal permite observar aún más detalle sobre la distribución del cultivo. El municipio con mayor producción es Tatatila, Veracruz, con 1,980 toneladas.
En segundo lugar aparece Tangancícuaro, Michoacán, con 1,180 toneladas, seguido por Ayala, Morelos, con 1,050 toneladas. Después se ubican Mulegé, Baja California Sur, con 992 toneladas, y Axochiapan, Morelos, con 804 toneladas.
En cuanto a superficie sembrada, el primer lugar corresponde a Mulegé, con 302 hectáreas, seguido por La Paz, también en Baja California Sur, con 300 hectáreas.
Después aparecen Tatatila con 230 hectáreas, Ayala con 150 hectáreas, y Axochiapan con 120 hectáreas.
La superficie cosechada mantiene a Mulegé en primer lugar con 302 hectáreas, seguido por Tatatila con 165 hectáreas, Ayala con 150, Axochiapan con 120, y Tepalcingo con 115 hectáreas.
En rendimiento municipal el liderazgo vuelve a Tatatila, que alcanza 12 toneladas por hectárea. En segundo lugar está Tangancícuaro con 11.7 toneladas, seguido por Jalpa, Zacatecas, con 9.7 toneladas.
Después aparecen Xochitlán de Vicente Suárez, Puebla, con 9.6 toneladas, y Zacapoaxtla, también en Puebla, con 9.4 toneladas por hectárea.
Cuando se revisa el precio por tonelada a nivel municipal, el estado de Morelos domina completamente la lista. El precio más alto corresponde a Tepalcingo, donde se pagan 37,140 pesos por tonelada.
Le siguen Jojutla con 37,000 pesos, Jantetelco con 36,940, Yautepec con 36,700, y Ayala con 36,629 pesos por tonelada.
Finalmente, al evaluar el valor total de la producción municipal, el liderazgo corresponde a Ayala, Morelos, con 38 millones de pesos generados.
En segundo lugar se encuentra Mulegé, Baja California Sur, con 35 millones de pesos. Después aparecen Tepalcingo con 29 millones, Axochiapan también con 29 millones, y Tangancícuaro, Michoacán, con 28 millones de pesos.
Estas cifras permiten entender que el cultivo de higo en México tiene una producción relativamente concentrada, con pocos estados dominando el mercado, mientras algunos municipios se convierten en polos productivos específicos.
También muestran que el crecimiento reciente no solo proviene del aumento de superficie, sino de mejoras en rendimiento y precios, factores que pueden seguir impulsando el desarrollo del cultivo en los próximos años.

