Episodio 392: Paquete tecnológico para mejorar la alimentación del ganado con Rodolfo Morales

Paquete tecnológico para mejorar la alimentación del ganado con Rodolfo Morales
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La conversación se centra en cómo transformar la alimentación ganadera, mejorar la rentabilidad y reducir la dependencia de insumos externos mediante un enfoque práctico. Rodolfo Morales explica cómo un modelo técnico bien aplicado permite producir alimento propio y elevar el desempeño productivo sin complicaciones innecesarias en campo.

Se profundiza en un sistema que integra maíz para ensilaje, asesoría técnica y decisiones agronómicas simples. Rodolfo Morales detalla cómo este enfoque impacta directamente en la producción de leche, el crecimiento del ganado y la estabilidad del negocio, incluso en condiciones complejas como las zonas tropicales.

La base del planteamiento es clara: mejorar la alimentación del ganado a partir de un recurso que el propio productor puede generar. Se parte de una realidad común en muchas regiones tropicales, donde los ganaderos dependen principalmente del pastoreo, con limitaciones en productividad y variabilidad en la calidad nutricional. A partir de ahí, se introduce el ensilaje de maíz como una alternativa viable, incluso en zonas donde tradicionalmente se pensaba que no era posible implementarlo.

Durante mucho tiempo existió la percepción de que en regiones con alta humedad el ensilaje no funcionaría por problemas de pudrición. Sin embargo, al observar experiencias en otros países con condiciones similares, se demuestra que el problema no es el clima, sino la falta de conocimiento técnico y acompañamiento. La diferencia está en cómo se ejecuta el proceso, desde la siembra hasta el almacenamiento.

El enfoque que se propone no se limita a vender una semilla, sino a acompañar al productor en todo el ciclo. Esto implica definir el terreno adecuado, preparar el suelo, elegir el híbrido correcto, manejar fertilización, controlar plagas y enfermedades, y finalmente realizar la cosecha en el momento óptimo. Todo esto forma un sistema integrado que permite obtener un ensilaje de calidad.

Uno de los puntos más relevantes es entender qué hace que un ensilaje sea realmente eficiente. El contenido de almidón es clave, ya que se traduce directamente en energía para el animal. También es fundamental controlar la cantidad y calidad de fibra, buscando materiales que sean digeribles y no consuman energía del propio animal en su procesamiento.

El momento de cosecha es otro factor crítico. Se busca que el grano esté entre la mitad y tres cuartas partes de la línea de leche, lo que permite maximizar el contenido energético. A esto se suma el manejo de la materia seca, que debe mantenerse en rangos específicos para garantizar una fermentación adecuada.

La fase de compactación y sellado del ensilaje es determinante. El objetivo es eliminar el oxígeno para generar un ambiente anaeróbico que permita una fermentación eficiente. Cuando esto se logra correctamente, el ensilaje puede conservarse durante largos periodos sin perder calidad, lo que aporta estabilidad en la alimentación del ganado.

Un aspecto interesante es que muchos de los productores que adoptan este sistema no tenían experiencia previa cultivando maíz. Eran ganaderos que dependían exclusivamente de pasturas. El cambio implica destinar una pequeña parte de su superficie a la producción de alimento, lo cual resulta suficiente para cubrir las necesidades de sus animales durante todo el año.

En términos de superficie, el requerimiento es menor de lo que se suele imaginar. Para un hato promedio, basta con dedicar alrededor del diez por ciento del número de animales en hectáreas para producir el ensilaje necesario. Además, en regiones tropicales se pueden realizar dos ciclos al año, lo que optimiza aún más el uso del terreno.

El impacto en la alimentación es significativo. El ensilaje permite reducir el uso de alimento balanceado, que suele ser uno de los costos más altos en la producción ganadera. En muchos casos, se logra pasar de consumos de cuatro o cinco kilos por animal a cantidades mucho menores, manteniendo el nivel nutricional adecuado.

Dentro de la dieta, el ensilaje puede representar alrededor del 30%, complementándose con otras fuentes de fibra y energía. Esta combinación permite mantener un balance adecuado para diferentes etapas del desarrollo del animal, desde crecimiento hasta engorda o producción de leche.

Otro efecto relevante es la mejora en la calidad del producto final. En el caso de la carne, la alimentación influye directamente en características como la coloración de la grasa. En sistemas con mayor uso de grano, se obtiene una grasa más clara, lo cual es valorado en el mercado. En sistemas basados únicamente en pastoreo, esta tiende a ser más amarilla.

La adopción del ensilaje también impacta en la velocidad de crecimiento del ganado. Mientras que en sistemas tradicionales el incremento diario de peso es limitado, al incorporar dietas más energéticas se puede acelerar significativamente el desarrollo, reduciendo los tiempos de producción.

Más allá de los beneficios productivos, también hay un efecto económico directo. La reducción en costos de alimentación puede alcanzar niveles importantes, lo que mejora la rentabilidad del productor. A esto se suma la generación de nuevas oportunidades, como la aparición de servicios de maquila para la cosecha de ensilaje.

El desarrollo de maquinaria y servicios asociados ha generado una dinámica económica adicional en las regiones donde se implementa el sistema. Actividades que antes no existían ahora representan ingresos para otros actores dentro de la misma comunidad.

Otro punto clave es el impacto en la estabilidad del sistema productivo. Contar con alimento almacenado reduce la vulnerabilidad frente a sequías o variaciones climáticas. Esto permite mantener la producción incluso en condiciones adversas, evitando pérdidas de animales o caídas en la productividad.

En paralelo, se están explorando nuevas líneas de trabajo enfocadas en la sostenibilidad. Entre ellas, la incorporación de prácticas de agricultura regenerativa, como la labranza mínima y el uso de cultivos de cobertura. Estas prácticas buscan mejorar la salud del suelo sin comprometer la rentabilidad del productor.

También se están integrando herramientas tecnológicas para optimizar el uso de recursos, especialmente el agua. A través de sistemas de monitoreo, se puede determinar cuándo y cuánto regar, logrando ahorros significativos tanto en agua como en energía.

Un aspecto que empieza a cobrar relevancia es la reducción de emisiones. El uso de ensilaje puede contribuir a disminuir la emisión de metano en el ganado, lo que abre la puerta a futuros esquemas relacionados con mercados de carbono. Aunque aún está en análisis, representa una oportunidad adicional para los productores.

En conjunto, el modelo plantea una transformación gradual pero profunda en la forma de producir. No se trata de cambios complejos, sino de decisiones bien fundamentadas que permiten mejorar la eficiencia, reducir costos y generar mayor estabilidad en el negocio ganadero.

El enfoque demuestra que con conocimiento técnico, acompañamiento adecuado y una visión práctica, es posible mejorar significativamente la productividad sin aumentar la superficie ni depender exclusivamente de insumos externos.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.