En esta ocasión el episodio que les presento es bastante diferente a lo que normalmente presento. Hoy escucharás la entrevista que me hicieron en el Podcast Cráneo, enfocado a divulgar ciencia para niños; en la entrevista respondo preguntas de los niños relacionadas con la producción de alimentos.
Considero que los niños son la audiencia más difícil que existe, por lo que cuando me invitaron a participar me emocioné, porque también sé que detrás de la aparente simplicidad de sus preguntas se esconde una complejidad es todo un reto de explicar en términos sencillos.
Este episodio es distinto a los habituales. En lugar de un análisis técnico para profesionales del sector, se trata de una conversación pensada para explicar conceptos agrícolas a niñas y niños, con un lenguaje claro y accesible. El reto central fue traducir ideas complejas de la producción de alimentos a ejemplos cotidianos, sin perder rigor y sin subestimar la curiosidad infantil.
El punto de partida es entender qué es la agricultura. Se explica como la actividad humana más importante, porque permite producir los alimentos que consumimos todos los días. Sin agricultura, la humanidad tendría que recolectar lo que encuentra en la naturaleza o cazar animales para sobrevivir. La agricultura es lo que hace posible que la comida llegue de manera constante a las mesas.
Además de alimentos, se aclara que del campo provienen muchos materiales que usamos a diario. La ropa hecha de algodón, por ejemplo, tiene su origen en una planta. Al observar cualquier espacio cotidiano, es posible identificar objetos que existen gracias a la agricultura, aunque no sean comida. Esta idea ayuda a ampliar la visión del campo más allá del plato.
A partir de ahí comienzan las preguntas de los niños, que marcan el ritmo de la conversación. Una de las primeras inquietudes es por qué, al plantar una semilla en casa, muchas veces la planta no crece o muere cuando es pequeña. La respuesta parte de una idea clave: sembrar no es solo poner una semilla en la tierra. El suelo debe estar preparado, la semilla debe colocarse a la profundidad correcta y las condiciones deben ser adecuadas para cada tipo de planta.
Se explica que no todas las semillas se siembran igual. Algunas requieren apenas uno o dos centímetros de profundidad; otras necesitan más. También se aclara que no todos los cultivos se reproducen por semilla. La papa, por ejemplo, se siembra a partir de trozos del propio tubérculo. El aguacate tiene una semilla grande, mientras que otras plantas tienen semillas microscópicas. Aquí aparece la agronomía como la ciencia que estudia estas diferencias y ayuda a decidir cómo sembrar cada cultivo.
Otro bloque importante gira en torno a lo que las plantas necesitan para vivir. Se explica que la luz del sol es indispensable. Sin luz, una planta no puede sobrevivir. Algunas requieren más luz que otras, pero todas la necesitan. Junto con la luz aparece el agua, sin la cual las plantas se secan y mueren.
Luego se habla del suelo y de los nutrientes. El suelo no es solo “tierra”, sino el lugar donde están los minerales y elementos que alimentan a la planta. Se hace un paréntesis para introducir la hidroponía, un sistema de cultivo sin suelo, donde las plantas crecen en sustratos y reciben los nutrientes disueltos en el agua. Esto permite mostrar que la agricultura también evoluciona y adopta nuevas tecnologías.
Cuando se explica la fotosíntesis, se presenta como un superpoder de las plantas. Gracias a la clorofila, las hojas capturan la luz del sol y la transforman en energía para producir su propio alimento. Este proceso no solo permite que las plantas crezcan, sino que también produce el oxígeno que respiramos.
Otra serie de preguntas se enfoca en cómo nacen las plantas cuando no provienen de semillas. Se aclara que existen frutas sin semillas, como el plátano o la piña, que se reproducen a partir de esquejes o “hijitos”. Los pequeños puntos que se observan en el plátano no son semillas fértiles. También se explica que algunas plantas pueden crecer a partir de raíces o tubérculos, como la papa o la cebolla.
En el caso de la cebolla, se aclara que lo que se consume es la parte que está bajo tierra, mientras que la parte verde que se ve arriba no es el fruto. Estas explicaciones ayudan a entender que no todas las plantas producen alimentos de la misma forma y que la reproducción vegetal es muy diversa.
El maíz ocupa un espacio especial en la conversación. Los niños preguntan por qué existen maíces de tantos colores. La respuesta se construye a partir de la genética. Así como las personas tienen distintos colores de ojos o de cabello, las plantas también presentan variaciones genéticas. En el caso del maíz, estas variaciones han dado lugar a granos blancos, amarillos, azules, rojos, morados e incluso multicolores.
Se explica que el maíz es un cultivo muy antiguo y que México es reconocido como su centro de origen. A lo largo del tiempo, distintas plantas de maíz se cruzaron entre sí, dando lugar a una enorme diversidad de colores, tamaños y sabores. Esta diversidad se presenta como una riqueza del campo y como un ejemplo de cómo la naturaleza combina y experimenta.
Una de las preguntas más profundas es si algún día la comida podría acabarse en la Tierra. La respuesta es clara y directa: si dejáramos de hacer agricultura, los alimentos se terminarían muy rápido. Por eso se introduce el concepto de producción sustentable. Producir alimentos implica cuidar el medio ambiente, rotar cultivos, no abusar de pesticidas y proteger los recursos naturales.
Se explica que detrás de cada fruta, verdura o cereal hay meses de trabajo. A veces, una tormenta o un huracán puede arruinar una cosecha completa. Después de la producción, los alimentos deben transportarse en camiones, barcos o aviones para llegar a distintos lugares del mundo. La comida no aparece por arte de magia; es el resultado del esfuerzo de muchas personas.
Hacia el final, se plantea qué se necesita para ser agrónomo. La respuesta no se enfoca en títulos, sino en la curiosidad. La agronomía es una ciencia para personas que se hacen preguntas constantemente. Preguntarse por qué las plantas son verdes, por qué una fruta sabe distinto a otra o cómo mejorar la producción son el punto de partida.
El mensaje final es optimista. La agricultura sigue evolucionando y necesita mentes curiosas. Tal vez alguno de los niños que escuchan hoy termine desarrollando nuevas formas de producir alimentos, incluso en lugares tan lejanos como la Luna.
Este episodio muestra que explicar la agricultura a los niños no implica simplificarla en exceso, sino encontrar las palabras adecuadas. La curiosidad infantil y la ciencia agrícola se encuentran en el mismo punto: hacer preguntas para entender cómo funciona el mundo.

