Episodio 428: La historia de éxito de la manzana Arctic

La historia de éxito de la manzana Artic

La manzana Arctic fue desarrollada para resistir el oxidamiento después de ser cortada o magullada. Este avance se logró mediante la manipulación genética para reducir la producción de enzimas que causan la oxidación. Este tipo de manzana mejora la experiencia del consumidor y reduce el desperdicio.

Además de sus ventajas estéticas y prácticas, las manzanas Arctic representan un caso significativo de aceptación de cultivos genéticamente modificados. Su introducción en el mercado ha sido acompañada de debates sobre la seguridad y la ética de los alimentos modificados genéticamente.

En este episodio comparto la historia completa de la manzana Arctic, una variedad transgénica que se ha convertido en un caso emblemático de cómo la biotecnología puede resolver problemas muy concretos de producción, comercialización y consumo en el agro. El punto de partida es simple, pero potente: una manzana que no se oxida después de ser cortada. A partir de ahí se despliega una cadena de implicaciones técnicas, comerciales y regulatorias que vale la pena entender con calma.

La oxidación en las manzanas es algo cotidiano. Basta con morder una para que, en pocos minutos, el tejido expuesto comience a tornarse marrón. Ese cambio visual, aunque no implica un riesgo sanitario, sí afecta la percepción del consumidor. La fruta deja de verse fresca, pierde atractivo y muchas veces termina en la basura. Esto ocurre tanto en hogares como en puntos de venta y en servicios de alimentos. La manzana Arctic nace precisamente para atacar ese problema.

La característica central de esta variedad es que mantiene su color blanco durante mucho más tiempo después de ser cortada. No se trata de un recubrimiento ni de un tratamiento postcosecha, sino de una modificación genética que reduce de forma significativa la producción de la enzima polifenol oxidasa. Esa enzima es la responsable directa del proceso de oxidación cuando el tejido del fruto entra en contacto con el oxígeno del aire. Al disminuir su actividad, el pardeamiento prácticamente desaparece.

Desde el punto de vista comercial, esto tiene varias consecuencias. La presentación del producto mejora de forma notable, sobre todo en mercados donde la fruta se vende rebanada, en mezclas listas para consumo o en ensaladas. Además, el desperdicio se reduce, ya que tanto consumidores como minoristas están menos inclinados a desechar una manzana que sigue viéndose fresca. Esto también impacta en la vida de anaquel, que se extiende y permite una gestión más eficiente del inventario.

Es importante aclarar que esta manzana no apareció de la noche a la mañana. Su desarrollo es el resultado de décadas de investigación en biotecnología agrícola. El proyecto fue impulsado por la empresa Okanagan Specialty Fruits, con sede en Canadá. La idea original surge en los años noventa, cuando Neil, ingeniero agrónomo y fundador de la empresa, junto con Luisa, se plantearon un objetivo claro: aumentar el consumo de manzana y, al mismo tiempo, reducir el desperdicio asociado a la oxidación.

El primer paso fue identificar con precisión el mecanismo bioquímico responsable del problema. Una vez localizada la polifenol oxidasa, el equipo utilizó técnicas de ingeniería genética disponibles en ese momento para silenciar los genes responsables de su producción. El método empleado fue la interferencia por ARN, una técnica que permite reducir la expresión de genes específicos sin introducir proteínas nuevas en el fruto. El resultado fue una manzana que, al ser cortada, no activa el proceso de pardeamiento de forma significativa.

Tras los resultados iniciales en laboratorio, siguió una etapa larga y exigente de pruebas en campo. En el caso de un frutal, los tiempos no son cortos. Cada ciclo productivo toma años, y es necesario comprobar que la característica se mantiene estable, que no hay efectos indeseados y que el cultivo se comporta de manera normal desde el punto de vista agronómico. A esto se suma el cumplimiento de regulaciones estrictas en materia ambiental y de salud humana.

En Canadá, la Agencia Canadiense de Inspección de Alimentos evaluó la manzana Arctic y concluyó que su cultivo no representaba riesgos para el medio ambiente ni para las personas. La aprobación para su comercialización llegó en 2017. En Estados Unidos, el proceso fue incluso más temprano. El Departamento de Agricultura determinó en 2015 que la manzana Arctic era tan segura como las variedades convencionales, tanto para el entorno como para otros cultivos de manzana. Ese mismo año, la FDA confirmó que los cambios genéticos no afectaban el valor nutricional ni la seguridad alimentaria del fruto.

Hasta ahora, la comercialización de la manzana Arctic está autorizada únicamente en Canadá y Estados Unidos. No obstante, la empresa ha avanzado en el desarrollo de variedades comerciales específicas basadas en esta tecnología. La primera fue Arctic Golden, derivada de la conocida Golden Delicious. Se mantiene el sabor dulce y la textura crujiente, pero se elimina el problema de la oxidación. La segunda es Arctic Granny, inspirada en la Granny Smith, con su perfil más ácido y firme, también sin pardeamiento.

El trabajo no se ha detenido ahí. El desarrollo de nuevas variedades combina la modificación genética original con cruzamientos tradicionales, buscando integrar lo mejor de distintas manzanas ya aceptadas por el mercado. El objetivo es ampliar la gama de sabores y texturas para adaptarse a preferencias diversas de los consumidores. Esto muestra que la biotecnología no reemplaza al mejoramiento clásico, sino que lo complementa.

En paralelo, la empresa busca expandirse a otros mercados, como Europa y Asia. Sin embargo, las aprobaciones regulatorias en esas regiones no se han concretado todavía. Las diferencias en percepción pública y en marcos normativos hacen que este proceso sea más lento. Aun así, es probable que en los próximos años se avance en esa dirección, conforme se acumule más experiencia comercial y evidencia de uso.

Más allá del caso específico de la manzana Arctic, este episodio sirve para reflexionar sobre el momento que vive la agricultura. Estamos entrando de lleno en la etapa de los transgénicos funcionales. Ya no se trata solo de resistencia a plagas, enfermedades o estrés hídrico. Ahora se busca modificar características puntuales como color, sabor, textura u olor, con el objetivo de mejorar la experiencia del consumidor y reducir pérdidas a lo largo de la cadena.

La llegada de tecnologías como CRISPR refuerza esta tendencia. Aunque todavía está en una fase inicial de implementación, su potencial es enorme. En las próximas décadas veremos una expansión de productos agrícolas diseñados no solo para producir más, sino para alinearse mejor con hábitos de consumo y necesidades de salud. La manzana Arctic es un ejemplo temprano y muy concreto de hacia dónde se dirige este camino.

El mensaje final es claro. La biotecnología aplicada con objetivos específicos puede generar soluciones prácticas, medibles y con impacto real en el sistema agroalimentario. La historia de la manzana Arctic muestra que modificar una sola característica, bien elegida, puede transformar la forma en que se produce, se vende y se consume un alimento básico.

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