Episodio 445: Experiencias incursionando en el sector ornamental con Nancy Hernández

Experiencias incursionando en el sector ornamental con Nancy Hernández

Este episodio recorre el sector ornamental desde la experiencia real, no desde la teoría. A través del camino profesional de Nancy Hernández, se muestra cómo la capacitación, el lenguaje técnico traducido y la experiencia práctica abren oportunidades en un sector poco entendido, pero con alto valor económico y social.

La conversación pone sobre la mesa temas como jardinería, viverismo, diseño, formación técnica y brechas de conocimiento. El foco está en cómo aprender, enseñar y trabajar con plantas ornamentales sin romantizar el proceso, entendiendo sus retos productivos, comerciales y culturales

En este episodio comparto una conversación extensa y honesta sobre lo que significa abrirse camino en el sector ornamental desde una formación agronómica. Nancy parte de su identidad profesional como ingeniera agrónoma especialista en fitotecnia, pero deja claro desde el inicio que su trayectoria no ha sido lineal ni convencional.

El primer tramo de su experiencia se desarrolla en el sector privado, específicamente en investigación de sustratos. Ahí trabajó en laboratorio, diseñando mezclas, evaluando materiales y desarrollando productos comerciales. Ese periodo le dio estructura técnica, pero también una visión administrativa que pocas veces se reconoce en perfiles agronómicos jóvenes.

Después, su paso por la revista de riego marca un punto importante. No solo por la creación de contenidos técnicos, entrevistas y reportajes, sino porque ahí entra en contacto directo con productores, empresas y la industria en general. Define ese espacio como un entorno social, porque la información fluía en ambos sentidos: desde la industria hacia el productor y del productor hacia la revista.

En exposiciones y eventos, muchas personas se acercaban no solo a preguntar por contenidos, sino a pedir orientación técnica. Problemas de cultivo, fallas de productos, dudas sobre aplicaciones. En muchos casos, el problema no era el insumo, sino la técnica de uso, las dosis o el momento de aplicación. Ahí se empieza a evidenciar una brecha profunda entre información disponible y conocimiento aplicado.

Uno de los puntos más relevantes que se abordan es la dificultad para vender capacitación en el agro. Nancy explica que históricamente el conocimiento se ha percibido como algo encerrado en aulas, libros o instituciones, no como algo vivo en las unidades de producción. Muchos productores sienten que lo que está en los libros no se parece a su realidad.

Además, gran parte del aprendizaje en el campo ocurre de forma oral y visual. La gente aprende escuchando y viendo, no leyendo manuales técnicos. Cuando la capacitación se presenta con exceso de tecnicismos o sin traducción al lenguaje cotidiano, se vuelve inaccesible incluso para quienes tienen interés genuino en aprender.

Tras su etapa en medios, Nancy entra a la administración pública. Pasa por áreas como desarrollo sustentable, desarrollo social y planeación. Ahí adquiere herramientas de gestión, comunicación y manejo de personas, pero también se enfrenta a estructuras poco funcionales, procesos politizados y equipos sin claridad técnica.

Aunque cumple con sus funciones, no se siente satisfecha profesionalmente. Esa sensación de no encajar termina siendo el detonante para replantear su rumbo. Reconoce que hay perfiles inquietos que tardan más tiempo en encontrar su lugar, y que eso también es válido.

El punto de quiebre aparece cuando identifica una habilidad clara: explicar procesos complejos de forma sencilla. A partir de comentarios de colegas y experiencias previas, entiende que la capacitación puede ser su eje principal. No solo capacitar, sino hacerlo con un enfoque distinto al que había observado.

Para definir su proyecto, decide estudiar primero cómo se ofrece capacitación en el mercado. Toma cursos gratuitos, de bajo costo y más caros, no para aprender el contenido, sino para evaluar la metodología. Detecta patrones claros: cursos gratuitos motivan, pero no resuelven; cursos baratos dan información superficial; cursos caros saturan de PDFs sin acompañamiento real.

Esa experiencia le permite concluir que más información no es mejor capacitación. Entregar documentos no garantiza comprensión ni aplicación. Muchas personas terminan frustradas porque sienten que pagaron por algo que pudieron encontrar en internet.

Cuando dirige su atención al sector ornamental, descubre otro vacío importante: la escasez de capacitación formal en jardinería, especialmente en temas como plagas, enfermedades y manejo de plantas de interior. Hace apenas tres años, prácticamente no existían cursos estructurados en este ámbito.

Aquí empieza a construir su proyecto, Chico Agrícola, con una idea clara: usar un lenguaje coloquial, sin perder rigor técnico. El reto es grande porque en el sector ornamental conviven perfiles muy distintos: arquitectos paisajistas, jardineros empíricos, agrónomos, diseñadores, biólogos y personas sin formación técnica, pero con gran interés por las plantas.

Un dato que rompe estereotipos es que, a nivel profesional, el sector ornamental está dominado mayoritariamente por hombres, aunque socialmente se asocie el gusto por las flores a las mujeres. Muchas mujeres participan como consumidoras, pero pocas lideran empresas ornamentales.

Otro tema clave es la falta de estadísticas en el sector ornamental, especialmente en viverismo. Mientras la flor de corte sí aparece en registros oficiales, la producción de plantas en maceta prácticamente no tiene datos consolidados, salvo casos específicos como nochebuena o cempasúchil.

Esto invisibiliza al sector, limita políticas públicas y frena inversiones. A pesar de que la agricultura protegida nació en gran medida con la floricultura, hoy muchos viveros operan con infraestructura precaria y bajo nivel de tecnificación.

Nancy también señala una desconexión entre diseño y agronomía. Muchos arquitectos paisajistas seleccionan plantas solo por estética, sin evaluar sanidad, raíz, sustrato o adaptabilidad. Las plantas se tratan como objetos reemplazables, no como organismos vivos con requerimientos específicos.

Desde su enfoque, la capacitación debe empezar por conceptos básicos como microclima, estratos vegetales, presión atmosférica y condiciones reales del espacio, incluso en jardines pequeños o balcones. No es lo mismo plantar a nivel de suelo que en un edificio alto, aunque haya sol o sombra.

Uno de los planteamientos más interesantes es que en jardinería no existen temas simples. Algo tan aparentemente básico como “sembrar” cambia completamente según si se trata de semillas, esquejes, bulbos, plantas o suculentas. Cada caso implica técnicas distintas.

En cuanto a su público, Nancy no se cierra a un solo perfil. Ofrece capacitación para todo público, adaptando profundidad y lenguaje. Desde cursos muy básicos para personas que solo quieren que sus plantas no se mueran, hasta formaciones técnicas para jardineros profesionales, paisajistas o espacios especializados como campos de golf.

Identifica que los cursos más básicos suelen ser tomados por personas con mayor poder adquisitivo, interesadas en el cuidado estético de sus espacios. Los cursos semitécnicos atraen a jardineros y técnicos empíricos, y los altamente técnicos se solicitan de forma puntual por instituciones o empresas.

Finalmente, el episodio cierra con una invitación clara: valorar el sector ornamental. Detrás de cada planta y cada ramo hay trabajo agrícola, costos productivos y conocimiento técnico. Pagar un precio justo es parte del reconocimiento a ese esfuerzo.

También subraya la importancia de la investigación y la conservación de especies, un tema poco discutido en ornamentales. El sector es amplio, diverso y con gran potencial, pero requiere más visibilidad, formación y profesionalización.

La conversación deja una idea firme: enseñar bien es tan importante como producir bien, y en el sector ornamental, esa diferencia todavía está por construirse.

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