Episodio 499: Comunicación y marketing para pequeños agronegocios

En 2025 tengo la intención de armar un grupo de trabajo con dueños de pequeños agronegocios, que estén interesados en aplicar estrategias sencillas de comunicación y marketing, para mejorar justamente su agronegocio; es decir, para que aumenten su facturación.

La dinámica consistirá en charlas quincenales sobre temas relevantes y procederá siempre y cuando se junten por lo menos 10 personas. Si estás interesado(a), o conoces a alguien a quien esto podría interesarle, a continuación dejo un formulario; solo hay que llenarlo y yo te contactaré.

Este episodio es una toma de posición clara frente a un problema que se repite en el agro y que casi nadie quiere enfrentar de manera práctica: los pequeños agronegocios no crecen porque no sostienen su comunicación y su marketing en el tiempo. No es falta de ganas, es falta de estructura, foco y método. Aquí se explica sin rodeos por qué pasa y qué se propone hacer al respecto en 2025.

Arranco contextualizando el momento. Fin de año, días raros, semanas partidas, pero también el espacio mental ideal para pensar con calma qué sigue. Desde ahí surge una idea que no apareció de la nada, sino que se fue cocinando durante todo 2024: organizar charlas de comunicación y marketing dirigidas específicamente a pequeños agronegocios. No es un curso genérico, no es una promesa inflada. Es una respuesta directa a lo que muchas personas del sector han venido pidiendo.

Durante el año, varias personas se acercaron buscando apoyo para comunicar mejor lo que hacen, conseguir más clientes y lograr algo básico pero vital: que su negocio empiece a ser reconocido. Ahí aparece el primer punto clave: la comunicación y el marketing no son un lujo, son una necesidad operativa. El problema es que, en los pequeños agronegocios, casi siempre recaen en la misma persona que produce, vende, cobra, atiende clientes y apaga incendios.

Ese perfil todólogo es comprensible, pero tiene consecuencias. Cuando no hay clientes, se intenta comunicar y prospectar. Cuando llegan clientes, se abandona la comunicación porque no alcanza el tiempo. El resultado es una rueda que gira a empujones y que inevitablemente se detiene. No hay inercia. No hay sistema. No hay continuidad. Y sin continuidad, no hay crecimiento sostenido.

Aquí se pone sobre la mesa algo que muchos piensan pero pocos dicen en voz alta: no se puede depender de rachas. No se puede vivir alternando meses de prospección desesperada con meses de saturación operativa. Ese modelo agota, frustra y estanca. Y no se soluciona trabajando más horas, sino trabajando distinto.

Otro punto crítico es el dinero. Muchas personas quieren hacer redes sociales, contenido, email marketing o estrategias más elaboradas, pero simplemente no pueden pagar una agencia ni freelancers. De ahí surge una propuesta habitual: “hazlo, y si funciona te pago”. Eso se corta de raíz. El trabajo profesional no funciona así. Pero también queda claro que el modelo tradicional de servicios no es viable para este segmento.

Entonces aparece la alternativa: enseñar a hacer lo esencial, bien hecho, con recursos limitados. No se trata de convertir a nadie en experto en marketing, sino de aplicar ajustes pequeños pero estratégicos que permitan que la rueda siga girando incluso cuando la agenda se llena. Estrategias sencillas, bien estructuradas, que funcionen casi solas una vez que arrancan.

Las charlas nacen justo ahí. La idea es generar espacios quincenales donde se aborde un tema concreto, se haga un autodiagnóstico honesto y se compartan herramientas prácticas. Nada de humo. Nada de teoría innecesaria. Lo que sirve y se puede aplicar. El respaldo no es improvisado: hay más de 15 años de experiencia en proyectos de comunicación agrícola, contenidos y trabajo en equipos de marketing.

La decisión de enfocarse solo en pequeños agronegocios también es estratégica. Los medianos ya tienen margen para contratar apoyo externo. Los grandes juegan en otra liga. Aquí se trabaja con quienes están en la etapa más frágil, donde un buen ajuste puede marcar la diferencia entre avanzar o desaparecer.

La dinámica está claramente definida. Las charlas existirán solo si se junta un grupo mínimo de diez personas interesadas. No antes. No por compromiso. Primero se valida el interés real. Habrá un formulario de contacto y una conversación breve para confirmar que la persona está en el punto correcto y que esto realmente le puede servir. No se trata de aceptar a cualquiera, sino de formar un grupo con problemas y objetivos similares.

Esto no es consultoría personalizada ni un servicio hecho a la medida. Tampoco es para quien ya necesita soluciones complejas. Es para quien sabe que necesita comunicar mejor, pero no tiene ni el tiempo ni el conocimiento para hacerlo solo. Y, muy importante, no es para convencer a nadie. Quien no ve la importancia del marketing, simplemente no encaja aquí.

En el episodio se rompe otro mito muy arraigado en el agro: “si el producto es bueno, se vende solo”. Eso no es verdad. Nunca lo fue. En un mercado competitivo, la calidad sin comunicación no alcanza. Subestimar el marketing es frenar el crecimiento desde el inicio. Y seguir priorizando solo producción, logística y atención al cliente sin una estrategia de comunicación es pan para hoy y hambre para mañana.

El tema del precio se aborda con total franqueza. La intención inicial fue hacerlo gratuito, pero la experiencia demuestra que lo gratuito casi nunca se valora. No se prioriza, no se respeta y se abandona al primer pretexto. Por eso se define un costo simbólico de acceso, un pago único para todas las charlas del año.

Se habla de alrededor de 20 charlas en total, con un costo de mil pesos. No es un negocio en sí mismo, es un filtro de compromiso. Un pequeño dolor que asegura atención y constancia. Quien paga, asiste. Quien asiste, aplica. Quien aplica, mejora.

Si la iniciativa funciona y se consolida una comunidad interesante, existe la posibilidad de que algunas personas participantes compartan su experiencia más adelante. No como casos de éxito prefabricados, sino como procesos reales, con errores y aprendizajes.

El episodio cierra mirando hacia adelante. Se anuncia una recapitulación del podcast y un ejercicio de prospectiva para 2025 en agricultura, con la honestidad de reconocer que muchas predicciones fallarán. Pero pensar el futuro, aunque sea con margen de error, siempre es mejor que reaccionar tarde.

En resumen, este episodio no vende promesas. Plantea un problema estructural, propone una solución concreta y pone condiciones claras. Comunicación y marketing no como moda, sino como sistema. Para pequeños agronegocios que quieren dejar de sobrevivir mes a mes y empezar a construir algo que se sostenga en el tiempo.