Juan Flores, director de Aneberries, vuelve a participar en el podcast. En esta ocasión nos actualiza sobre la situación actual de la producción y comercialización de berries en México, dentro del marco de la edición 2025 del Congreso Aneberries, a desarrollarse en próximos días.
Durante la conversación Juan nos explica la situación actual de las berries, tanto en México como en el mundo, así como los retos y las oportunidades que se tienen sobre la mesa en estos momentos. Así mismo, nos comparte un adelanto de lo que podrán obtener los asistentes al evento.
A lo largo de esta conversación queda claro que el momento que vive el sector de las berries en México es decisivo. Se cierra una temporada y, al mismo tiempo, se abre un ciclo de planeación que exige cabeza fría, datos claros y decisiones bien tomadas. Desde el campo hasta el mercado internacional, el mensaje es directo: la industria de las berries ya no puede improvisar. El contexto climático, comercial y social obliga a profesionalizar cada eslabón de la cadena.
La temporada 24-25 entra en su recta final con números que, en términos generales, se mantienen muy similares a los del ciclo anterior. Hay estabilidad, pero no complacencia. En zarzamora se observa un crecimiento moderado, cercano al 8–10 % en volumen de exportación, mientras que fresa, frambuesa y arándano azul cierran prácticamente en los mismos niveles que el año pasado. En el caso específico de la fresa, al sumar fruta fresca, producto para proceso y fresa ya industrializada, se rebasan ligeramente las 300 mil toneladas. No es poca cosa; es una señal clara del peso que este cultivo tiene en la balanza agroexportadora del país.
El cambio climático aparece como un factor transversal, imposible de ignorar. Ya no se habla de eventos aislados, sino de una nueva normalidad marcada por lluvias atípicas, fríos fuera de temporada y estrés constante para las plantas. Esto impacta directamente en floración, rendimientos y, sobre todo, en el manejo del agua. Aquí el mensaje es contundente: la eficiencia hídrica dejó de ser un discurso y se convirtió en una obligación técnica y ética. El sector de las berries ha sido ejemplo en adopción de tecnologías de riego y ahora tiene el reto de consolidar una verdadera cultura de sostenibilidad.
En paralelo, los retos sociales toman un lugar central. La atención a las personas que trabajan en el campo ya no es un tema secundario ni decorativo. Derechos laborales, condiciones dignas y cuidado del entorno forman parte del mismo paquete de competitividad. Quien no lo entienda así, simplemente se quedará fuera del mercado. La inocuidad, que durante años ha sido una bandera del sector, hoy se complementa con sostenibilidad y responsabilidad social como pilares inseparables.
En este contexto, el Congreso Aneberries se presenta como un punto de encuentro estratégico. No es un evento social disfrazado de capacitación; es un espacio de actualización técnica, análisis de mercado y toma de perspectiva. La estructura del Congreso permite revisar cada berry por separado, con datos concretos sobre superficie, volúmenes, proyecciones y retos específicos de la temporada. Las mesas redondas aportan algo clave: visión compartida. Productores, técnicos, viveros y representantes internacionales ponen sobre la mesa lo que funciona y lo que no.
La presencia de organismos internacionales y consejos de productores de otros países aporta una lectura global. Estados Unidos sigue siendo el mercado dominante, concentrando entre el 95 y el 97 % de las exportaciones mexicanas, pero eso no significa que el terreno esté asegurado. La competencia internacional es cada vez más fuerte y obliga a diferenciarse por calidad, frescura y consistencia. Europa se mantiene como un mercado de nicho, mientras que Medio Oriente y Asia, particularmente Japón, muestran un crecimiento interesante, aunque todavía limitado en volumen.
Uno de los temas más relevantes que atraviesa toda la conversación es el recambio varietal. No se trata de una moda ni de un capricho del mercado, sino de una respuesta directa a tres presiones simultáneas: clima, consumidor y rentabilidad. Nuevas variedades más productivas, más tolerantes al estrés y con mejor vida de anaquel están redefiniendo la forma de producir berries en México. En arándano azul, por ejemplo, ya se habla de frutas que superan los 20 días de vida postcosecha, siempre que la cadena de frío se maneje correctamente. En frambuesa y zarzamora, el equilibrio entre dulzura y acidez se vuelve un factor decisivo para conquistar al consumidor.
El mercado, por su parte, sigue creciendo, pero con matices. En Estados Unidos, la fresa mantiene el liderazgo en consumo, seguida por el arándano, que se consolida como un producto global altamente competitivo. Zarzamora y frambuesa avanzan de forma constante, apoyadas por una cultura de consumo que ya no depende de ventanas estacionales. En el mercado nacional, la oportunidad es enorme, pero aún falta algo básico: datos confiables. Saber cuánto se consume, en qué presentaciones y con qué valor real permitiría diseñar mejores estrategias.
En cuanto a riesgos geopolíticos y regulatorios, el mensaje es claro y sin dramatismos. México ha hecho bien la tarea en materia fitosanitaria y sanitaria. El hecho de que las berries exportadas a Estados Unidos no requieran certificado fitosanitario internacional habla del nivel alcanzado. Sin embargo, eso no es un cheque en blanco. La inocuidad debe cuidarse todos los días, en campo y en cada etapa de la cadena. A esto se suman los capítulos laborales y ambientales de los tratados comerciales, que obligan a mantener estándares altos si se quiere seguir jugando en primera división.
Las oportunidades de negocio dentro de la cadena de valor son amplias y diversas. Tecnología, sensores, manejo de datos, riego de precisión, insumos biorracionales y soluciones integrales para manejo de plagas abren espacio tanto para proveedores como para productores que quieran dar el siguiente paso. El Congreso funciona como un catalizador: concentra oferta, demanda y conocimiento en un mismo lugar. Para quien ya está en el sector, es una oportunidad de actualizarse. Para quien mira desde fuera, es una ventana clara para entender que sí hay negocio en el agro, pero exige profesionalismo.
Finalmente, queda un mensaje que atraviesa toda la conversación y no admite matices: la competitividad futura de las berries mexicanas depende de hacer bien las cosas hoy. Cuidar los recursos naturales, respetar a la gente, garantizar inocuidad y apostar por calidad no son opciones; son condiciones mínimas. El sector ha avanzado mucho, pero el reto ahora es sostener ese liderazgo en un entorno cada vez más exigente. Quien lo entienda y actúe en consecuencia seguirá creciendo. El que no, quedará como anécdota.

