Episodio 532: Certificaciones en manejos sustentables o ecológicos

532 Certificaciones en manejos sustentables o ecológicos

Hoy más que nunca, la sostenibilidad dejó de ser un concepto opcional para convertirse en una necesidad urgente. En sectores como la agricultura, el manejo forestal o la gestión de recursos naturales, las certificaciones en manejos sustentables o ecológicos juegan un papel clave para asegurar prácticas responsables y trazables,

Pero estas certificaciones suelen centrarse en productos, procesos o empresas, dejando de lado una pregunta importante: ¿cómo pueden los profesionales demostrar que están capacitados para aplicar criterios ambientales en su trabajo? En este episodio exploro las alternativas disponibles y los retos para certificar el conocimiento individual en sustentabilidad.

A partir de una inquietud directa del campo profesional, se desarrolla este episodio: ¿existen certificaciones en manejo sustentable o ecológico pensadas para profesionistas agrícolas y no sólo para empresas? La respuesta corta es sí, pero con matices. No hay abundancia, no están todas en Latinoamérica y no todas tienen el mismo peso. Dicho sin rodeos: el mercado va más rápido que la formación formal, aunque la brecha se está cerrando.

El recorrido inicia aclarando algo clave. Durante años, la conversación sobre sostenibilidad se concentró en certificaciones corporativas: GlobalGAP, ISO 14001 y similares. Esos esquemas validan procesos de empresas, proyectos o agronegocios completos. Lo nuevo —y relevante— es el crecimiento de certificaciones dirigidas a personas, que avalan competencias, experiencia y criterio técnico individual. Ingenieros agrónomos, extensionistas, consultores, analistas y técnicos que necesitan demostrar, con evidencia, que saben operar una agricultura responsable con el ambiente, los recursos naturales y las comunidades rurales.

En ese contexto, una de las certificaciones más consolidadas a nivel mundial es el Certified Crop Advisor (CCA), respaldado por la American Society of Agronomy. Este programa certifica asesores de cultivos y valida su capacidad para aplicar buenas prácticas agrícolas con fundamento técnico. No es un curso decorativo: exige formación académica, experiencia comprobable y aprobar un examen riguroso. Desde 2012 existe una versión operando en México, y hoy más de 13,000 profesionales en el mundo cuentan con esta acreditación. Es, sin exagerar, uno de los sellos profesionales más reconocidos en el manejo técnico responsable de cultivos.

Otro caso menos conocido, pero muy relevante en el contexto latinoamericano, es el Programa Técnico Certificado en Agricultura Sustentable del CIMMYT. Con quince años de operación, este programa ha formado extensionistas rurales en prácticas agroecológicas y conservación de recursos. Hasta ahora ha certificado 495 técnicos en México, con un impacto directo en más de 6,000 productores y cerca de 19,000 hectáreas. No es masivo, pero sí profundo. Además, a partir del ciclo agrícola 2024–2025 se extendió a Centroamérica, comenzando en Guatemala. Aquí no hay marketing exagerado: hay trabajo de campo, transferencia de conocimiento y resultados medibles.

Para quienes buscan una certificación más amplia, no exclusiva del agro pero totalmente aplicable, aparece la Certificación Profesional en Medio Ambiente (PMA), gestionada por el Instituto Tecnológico del Medio Ambiente. Se presenta como el primer programa de certificación profesional ambiental en Latinoamérica. Su enfoque es riguroso: evalúa conocimientos técnicos, experiencia práctica y capacidad de análisis en gestión ambiental, políticas sustentables y evaluación de impacto. No es una certificación ligera ni rápida, y eso juega a su favor. La sostenibilidad seria no admite atajos.

En un plano más internacional, la International Society of Sustainability Professionals (ISSP) ofrece certificaciones en dos niveles: uno para perfiles en transición hacia la sostenibilidad y otro avanzado, pensado para profesionales con trayectoria sólida. Estas certificaciones no son agrícolas en sentido estricto, pero se aplican perfectamente al sector. Funcionan bien para quienes trabajan en proyectos internacionales, consultoría, financiamiento verde o cadenas de valor globales.

Cuando el enfoque se vuelve más específico, entra el tema de agricultura orgánica. Aquí destaca la International Federation of Organic Agriculture Movements (IFOAM), fundada en 1972. IFOAM no certifica individuos directamente, pero canaliza a organismos acreditadores nacionales. La ventaja es clara: formación especializada en producción, inspección y normativa orgánica, con validez para mercados internacionales y capacitación disponible en español e inglés. Para quien trabaja —o quiere trabajar— en comercio orgánico global, esta ruta es prácticamente obligatoria.

También es necesario hablar de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Aunque no siempre se etiquetan como “sustentabilidad”, en la práctica lo son. Higiene, inocuidad, uso racional de agroquímicos, trazabilidad, protección ambiental y bienestar laboral forman parte del mismo paquete. En América Latina, estas certificaciones suelen impartirse a través de organismos públicos: SENASICA en México, INTA en Argentina, ICA en Colombia, entre otros. No siempre otorgan prestigio internacional, pero sí construyen una base técnica indispensable.

En Estados Unidos surge otra alternativa interesante: la Regenerative Organic Alliance, enfocada en agricultura regenerativa. Sus certificaciones integran principios agroecológicos, bienestar animal, justicia social y resiliencia climática. En Latinoamérica todavía tiene poca penetración, pero para profesionales que operan entre mercados norteamericanos y latinoamericanos puede convertirse en una ventaja competitiva clara.

Más allá de certificaciones formales, existe una oferta creciente de diplomados y programas con valor curricular. Universidades y centros especializados han comenzado a cubrir este vacío: diplomados en agroecología, manejo orgánico, sanidad vegetal y agricultura sostenible. No siempre certifican competencias profesionales en sentido estricto, pero sí fortalecen el perfil técnico y abren puertas. No todo diploma pesa igual, pero todo suma si está bien elegido.

La pregunta inevitable es: ¿cuál certificación conviene tomar? La respuesta no es romántica, es estratégica. Depende del perfil actual —técnico de campo, asesor independiente, funcionario, productor, emprendedor— y de los objetivos profesionales. No es lo mismo buscar empleo en una ONG internacional que asesorar exportadores o trabajar en gestión pública. También importa el alcance de la certificación: algunas tienen valor local, otras pesan mucho más en proyectos internacionales.

Un criterio que suele subestimarse es la red profesional asociada a la certificación. Programas consolidados no sólo entregan un documento; conectan con comunidades técnicas, oportunidades laborales, actualización continua y colaboración entre pares. Esa red, bien usada, vale tanto como el certificado en sí.

El cierre del episodio es claro y sin rodeos: las certificaciones en sustentabilidad agrícola no son una moda, son una respuesta a una exigencia creciente del mercado, de los consumidores y del propio sistema agroalimentario. Hoy todavía no son obligatorias en muchos contextos, pero lo serán cada vez más. La agricultura del futuro no tiene margen para improvisaciones. Producir más, con menos impacto, y con mayor responsabilidad ya no es opcional.

Para quienes ejercen la profesión agrícola, la sustentabilidad no debería ser un tema marginal ni un curso aislado. Es parte del núcleo de la carrera. El agro necesita profesionales capaces de tomar decisiones técnicas con visión ambiental, social y económica al mismo tiempo. No hay vuelta atrás. El que no se forme, se queda fuera. Y el que se certifique con criterio, llega mejor preparado a un campo que ya cambió, aunque algunos todavía no se hayan dado cuenta.

Escucha el podcast en YouTube, Spotify, Apple y Amazon