Episodio 534: Un proyecto sobre habilidades humanas para profesionales agrícolas

Un proyecto sobre habilidades humanas para profesionales agrícolas

El desarrollo de habilidades humanas en el agro es una necesidad urgente para enfrentar los retos actuales de productividad, sostenibilidad y competitividad. El sector requiere trabajadores capaces de adaptarse a innovaciones tecnológicas, aplicar conocimientos prácticos y resolver problemas de manera efectiva en contextos rurales cambiantes.

Además, fortalecer estas competencias impulsa el bienestar de las comunidades agrícolas, fomenta la cooperación y mejora la toma de decisiones colectivas. Invertir en habilidades humanas asegura un agro resiliente, preparado para responder a las demandas del mercado, los desafíos climáticos y las transformaciones sociales que marcan la agricultura del futuro.

Este episodio nace de una reflexión incómoda, de esas que no se pueden esquivar. Después de más de quince meses haciendo prácticamente de todo en comunicación y marketing agrícola —análisis de competencia, SEO, contenidos técnicos, charlas comerciales, páginas web para agronegocios— quedó claro que decir “sí” a todo tiene un costo. El problema no era trabajar mucho, sino no tener claro qué estaba ofreciendo realmente. Esa falta de definición explotó el día que alguien con peso real en el agro soltó una frase directa: revisó todo lo que hacía y aun así no pudo entender con claridad qué vendía. Balde de agua fría. Merecido.

Ese comentario no llegó de la nada. Ya había señales. Personas que decían “sé más o menos a qué te dedicas, pero no entiendo bien qué haces”. Contactos que intentaban presentarme y se enredaban explicando mi trabajo. Recomendaciones que llegaban mal orientadas, con expectativas que no coincidían con lo que realmente hacía. No era culpa de nadie más. El mensaje no estaba claro. Cuando no defines tu oferta, otros la inventan por ti, y casi siempre lo hacen mal.

Lo irónico es que este error lo he señalado una y otra vez a agronegocios pequeños y medianos. Siempre repito lo mismo: en la página web, en la publicidad, en una tarjeta de presentación, debe quedar clarísimo qué vendes y qué problema resuelves. Sin rodeos. Sin obligar a la gente a “investigar”. En el agro, fuera de las grandes empresas reconocidas, es muy común entrar a una web o red social y no entender qué ofrecen hasta después de varios minutos. Y aun así, caí exactamente en ese mismo hoyo.

Hacer muchas cosas relacionadas no equivale a tener una propuesta clara. Todo estaba dentro del paraguas de comunicación y marketing, sí, pero la dispersión terminó diluyendo el mensaje. Llegó un punto en el que incluso para mí era complicado explicarlo con precisión. Eso es una alarma. Cuando ni tú puedes definirlo en una frase, el mercado tampoco podrá hacerlo.

En lugar de darle vueltas eternas al asunto, se tomó una decisión rápida. Volver a un proyecto que nació hace cinco años y que, paradójicamente, había sido abandonado y borrado: la Academia Agricultura Profesional. No fue una ocurrencia nueva, sino retomar una definición que ya estaba clara desde entonces. La pregunta fue sencilla y brutal: ¿cómo quiero que me conozcan en los próximos diez años? ¿Qué problema quiero resolver de forma consistente?

La respuesta volvió al mismo punto: el cruce entre lo agrícola y las habilidades laborales. O, como he decidido llamarlas, habilidades humanas. Esta conversación aparece una y otra vez con técnicos, con gerentes, con directivos. En el agro hay profesionales técnicamente brillantes, pero con carencias fuertes en habilidades humanas. No es un juicio moral, es una observación constante. Liderazgo, comunicación, trabajo en equipo, toma de decisiones, resolución de problemas, delegación, análisis de mercado. Sin eso, el crecimiento se frena.

El ejemplo personal lo deja claro. El primer jefe que tuve en el agro era una enciclopedia técnica. Nueve años de experiencia, dominio absoluto del cultivo, respeto total en campo. Y aun así estaba frustrado. No avanzaba. Dejó pasar oportunidades porque no se sentía listo para liderar, para comunicarse en inglés, para asumir un rol más estratégico. Cuando finalmente aceptó una gerencia, lo hizo por presión, no por convicción. Y ahí empezó el choque.

Como gerente, su trabajo dejó de ser técnico. Pasó de campo a oficina, de agricultores a juntas, de botas enlodadas a aviones y videollamadas. Salió de su zona de confort sin haber desarrollado las habilidades necesarias para ese nivel. El resultado fue predecible: desgaste, bajo desempeño y salida de la empresa. No por falta de conocimiento técnico, sino por carencia de habilidades humanas.

Este patrón se repite constantemente en el agro. Técnicos excelentes que llegan a un techo. Algunos lo rompen, claro. Hay excepciones. Pero la mayoría no puede depender solo de la técnica para seguir creciendo. Pensar que “con saber mucho alcanza” es una apuesta riesgosa. A veces funciona, muchas veces no.

Por eso la Academia Agricultura Profesional se enfoca justo ahí. No en teoría interminable. No en discursos bonitos. Aplicación práctica. Experiencia real en campo, en ventas, en marketing, en producción, combinada con años dando cursos de liderazgo, comunicación y trabajo en equipo en comunidades rurales, escuelas y otros espacios. El enfoque es directo: aquí está el problema, aquí está cómo enfrentarlo, aplícalo y ajusta.

No se trata de competir con cursos llenos de horas de teoría ni con explicaciones eternas que hoy cualquier inteligencia artificial puede generar en segundos. Se trata de ir al grano. De mostrar cómo usar esas habilidades humanas en situaciones reales del agro. Qué decir, cómo decirlo, cuándo hacerlo y por qué importa.

Antes del lanzamiento formal de la academia, vienen webinars gratuitos, breves y muy concretos. Todos los viernes, siempre que la agenda lo permita. El primero marca el tono: “Hazte visible en el agro y deja de pasar desapercibido”. Porque saber mucho y no ser tomado en cuenta es más común de lo que se admite. Comunicar con claridad no significa perder rigor técnico; significa potenciarlo.

El cierre del episodio es quizá la parte más reveladora. Decidir enfocarse implica decir no. A proyectos interesantes, a trabajos bien pagados, a cosas que gustan. Pero también implica ordenar la mente, el día a día y el mensaje. En una sola semana, la tranquilidad de tener un rumbo claro fue evidente. Menos caos, menos confusión, más foco.

La meta es simple y ambiciosa a la vez: que cuando alguien escuche el nombre Olmo Axayacatl, no dude. Que sepa exactamente a qué se dedica. Habilidades humanas para profesionales agrícolas. Punto. Sin adornos. Sin explicaciones largas. Sin ambigüedad.

Si alguien decide sumarse a este proyecto, la promesa es clara. Aprendizaje aplicable y un proceso disfrutable. Nada de paja, nada de relleno. El agro necesita técnicos completos, no solo expertos en cultivo, sino profesionales capaces de liderar, comunicar y tomar decisiones en entornos cada vez más complejos. De eso va este episodio. De asumir errores, corregir rumbo y apostar por lo que realmente genera impacto

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