Episodio 536: 5 consejos para mejorar el marketing de tu agronegocio

5 consejos para mejorar el marketing de tu agronegocio

Hoy quiero compartir con ustedes cinco consejos prácticos para mejorar el marketing en su agronegocio. Estas ideas resultan útiles tanto si están iniciando un emprendimiento en el agro como si lideran una pequeña o mediana empresa del sector agrícola.

La ocasión es especial porque el 8 de octubre participaré en el 15° Foro de Agronegocios de la Universidad de Guanajuato – Campus Irapuato, donde hablaré sobre Comunicación y Marketing para Agronegocios. Aprovecho mi preparación para adelantarles estas reflexiones.

A lo largo de este episodio comparto cinco consejos prácticos para mejorar el marketing de un agronegocio, pensados especialmente para emprendedores y responsables de pequeñas y medianas empresas del sector. No hablo desde la teoría abstracta, sino desde la experiencia directa, con errores incluidos. La intención es clara: ayudar a ordenar la comunicación para que el marketing deje de ser un gasto frustrante y se convierta en una herramienta útil para el negocio.

El punto de partida es entender que el marketing no existe sin comunicación clara. Antes de pensar en redes sociales, eventos o campañas, hay que saber decir con precisión qué se ofrece, a quién y por qué. Parece obvio, pero no lo es. Muchísimos agronegocios comunican mensajes genéricos, intercambiables con los de cualquier competidor. Cuando todo suena igual, nadie destaca y nadie recuerda.

El primer consejo es clarificar los mensajes. Todo agronegocio debe tener un mensaje principal, uno solo, con jerarquía sobre cualquier otro. Ese mensaje debe explicar en una idea sencilla qué hace la empresa, para quién y qué problema resuelve. No es un slogan publicitario, es la base de toda la comunicación. Cuando ese mensaje no existe o se diluye entre muchos, ocurre lo inevitable: la gente no entiende a qué se dedica la empresa.

Aquí comparto una experiencia personal. Durante años comuniqué muchas cosas distintas con la misma importancia: contenidos, capacitación, investigación, podcast, análisis. Todo era cierto, pero el resultado fue confusión. Ni siquiera personas cercanas podían explicar claramente qué hacía. El problema no era de ellos, era mío. No tenía un mensaje principal. Hoy el mensaje es claro y simple, y todo lo demás se ordena a partir de ahí. Ese mismo ejercicio debe hacerlo cualquier agronegocio.

Una vez definido el mensaje principal, viene el segundo nivel: los mensajes de cada producto o servicio. Cada solución necesita un mensaje propio, no varios. Ese mensaje puede expresarse de muchas formas, pero siempre debe responder a la misma idea central. Cambiar palabras no es cambiar el mensaje; cambiar la idea sí, y eso es lo que genera ruido.

El segundo consejo es amplificar los mensajes, pero sólo después de haberlos clarificado. Aquí se comete uno de los errores más comunes en el agro: invertir tiempo y dinero en amplificar mensajes confusos. El marketing no arregla una mala comunicación; la hace más visible. Amplificar sin claridad es amplificar confusión.

Propongo un ejercicio muy simple: imaginar que hay una sola oportunidad de comunicar el mensaje, como un anuncio gigante visto por miles de personas. ¿Qué diría ese anuncio? Si la respuesta es algo genérico como “mejora tu rentabilidad” o “potencia tus cultivos”, entonces el mensaje no está listo para amplificarse. Esas frases no dicen nada concreto ni ayudan a entender quién es la empresa ni por qué debería importar.

Este error se ve constantemente en páginas web. Empresas que, en su página principal, no explican qué hacen. Hay que navegar, leer varias secciones, adivinar. Si ni una persona ni una herramienta automática puede entenderlo rápidamente, el mensaje está mal construido. La página principal debe decir qué haces, a quién ayudas y cómo lo haces. Todo lo demás es secundario.

El tercer consejo es la repetición con iteración. Repetir no es opcional. Nadie tiene un mensaje tan brillante como para decirlo una sola vez y esperar resultados. Las grandes marcas repiten constantemente sus mensajes, colores y símbolos. No lo hacen por gusto, lo hacen porque funciona.

Comparto un texto clásico de Thomas Smith, escrito en 1885, que explica cómo las personas reaccionan ante la repetición de un anuncio hasta que finalmente compran. El texto deja claro algo incómodo pero real: la repetición es necesaria, incluso cuando genera cansancio. Si esto ya era cierto hace más de un siglo, hoy, con la saturación de información, es aún más evidente.

La clave está en la iteración. No se trata de repetir exactamente lo mismo, sino de decir la misma idea con pequeñas variaciones. Cambiar el canal, el tono, el formato, sin cambiar el mensaje central. La iteración permite aprender qué funciona y qué no. Cambiar todo al mismo tiempo no permite aprender nada.

El cuarto consejo es escuchar mucho más de lo que se habla. Los mejores vendedores y comunicadores en el agro no son los que más hablan, sino los que mejor escuchan. Para emitir un buen mensaje primero hay que entender qué necesita la otra persona. Aquí aplica claramente la regla del 80/20: escuchar la mayor parte del tiempo y hablar sólo lo necesario.

Comparto un ejercicio reciente: enviar cientos de mensajes a profesionales del agro para pedir su perspectiva sobre las habilidades humanas en el sector. No para vender, sino para escuchar. Las respuestas fueron valiosas, diversas y, en muchos casos, reveladoras. Confirmaron algunas ideas, pero también mostraron puntos ciegos que no había considerado. Escuchar permitió mejorar el proyecto antes de ofrecer nada.

Este hábito de escuchar se refuerza con el formato podcast. Entrevistar no es hablar, es preguntar, profundizar y entender. Esa mentalidad es clave en negocios, marketing y liderazgo. Sin escucha, la comunicación es unilateral y suele fallar.

El quinto y último consejo es contundente: el principal elemento de difusión eres tú. Esto es especialmente cierto en agronegocios pequeños y medianos. Las redes sociales y la página web de la empresa son necesarias, pero no son mágicas. Durante los primeros años, suelen tener poco alcance y pocos resultados. Tenerlas es lo mínimo, no una ventaja competitiva.

Aquí aparece una resistencia común: no querer exponerse, no querer “venderse”, miedo al qué dirán. Pero la realidad es simple: los perfiles personales tienen más alcance y más credibilidad que los perfiles corporativos, sobre todo al inicio. Ignorarlos es desperdiciar el mejor canal disponible.

El dueño o responsable del agronegocio debe ser el primer embajador de la marca. Hablar de lo que hace, compartir procesos, aprendizajes, ideas. No se trata de presumir, sino de comunicar. Esto reduce costos, acelera resultados y humaniza la marca. Después habrá tiempo y recursos para profesionalizar todo, pero al inicio no hay atajos.

Cierro el episodio recordando que mejorar el marketing no es hacer más ruido, sino comunicar mejor. Claridad, amplificación correcta, repetición inteligente, escucha activa y liderazgo visible. No es glamoroso, pero funciona. Y en el agro, eso es lo que importa.

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