Episodio 539: Qué hay detrás de un libro sobre emprendimiento en el agro con Rubén Hermosillo

Qué hay detrás de un libro sobre emprendimiento en el agro con Rubén Hermosillo

Conversé con mi amigo Rubén Hermosillo, quien recientemente publicó su libro “Emprender en el agro: Del campo a la empresa”. Por tal motivo, quise platicar con él para que nos comentara todo lo que hay detrás de publicar un libro enfocado al sector agroalimentario.

Rubén es académico universitario, pero también empresario con varias empresas dentro del agro en su haber, por lo que lo considero una de las personas con mayor autoridad para hablar sobre el emprendimiento en este sector. No te pierdas esta interesante conversación.

Este episodio gira alrededor de una idea clara: convertir la experiencia del campo en conocimiento útil, vendible y aplicable. La conversación con Rubén Hermosillo no va de literatura por amor al arte ni de inspiración barata; va de decisiones prácticas, de negocio y de criterio. Desde el inicio queda claro que el libro Emprender en el agro. Del campo a la empresa no nace por moda ni por ego, sino como una respuesta directa a una brecha real entre lo que se sabe en la academia y lo que realmente se hace en el campo.

Rubén parte de una inquietud muy concreta. Después de cerrar una tesis doctoral extensa, técnica y difícil de digerir, aparece una pregunta incómoda: ¿de qué sirve el conocimiento si no se usa? Ahí entra el concepto de frónesis, la ciencia práctica, aplicada, la que baja del pizarrón al surco. El libro surge como una traducción, no como una simplificación tonta, sino como un puente entre teoría, experiencia y toma de decisiones reales en empresas agrícolas.

Uno de los puntos más relevantes es la crítica directa a la romantización del fracaso. No todo error es aprendizaje valioso, y no todo tropiezo justifica el costo que implica. Hay errores que salen más caros que una universidad de élite, y repetirlos por orgullo o falta de método no tiene nada de heroico. El libro funciona, en parte, como una catarsis: poner por escrito errores propios que ya se pagaron caro, para que otros no tengan que pagarlos dos veces.

La narrativa del libro no es casual. Rubén decide conscientemente alejarse del formato técnico porque entiende algo básico del mercado: un libro que no se lee, no sirve. La experiencia personal tiene valor económico porque eso es exactamente lo que se paga cuando se contrata a un asesor, a un médico o a un mecánico. El conocimiento aplicado se cobra. Decirlo no es frío; es honesto. Y más aún cuando el libro habla precisamente de convertir el campo en empresa.

Aparece también una idea incómoda, pero real: el agro no siempre es “ganar-ganar”. Hay negociaciones duras, escenarios desiguales y decisiones que no son románticas. El libro no promete armonía eterna, promete criterio. Por eso el contenido se acota. De un primer índice con más de 16 temas se pasa a ocho capítulos claros, con un hilo conductor que permite leer de corrido o volver a consultar capítulos específicos. Especializar no es limitar, es enfocar.

Otro eje fuerte del episodio es el hábito de lectura en el sector agrícola. Los números son bajos, especialmente fuera de lo estrictamente técnico. Aun así, Rubén defiende el libro impreso sin nostalgia: no como resistencia al cambio, sino como una herramienta vigente. Es un reto personal, sí, pero también una oportunidad de negocio. El libro no compite con reels ni shorts; juega en otra cancha, para otro momento mental.

El proceso de escritura se desmitifica. No hay musas ni retiros místicos. Hay disciplina. Cuatrocientas palabras al día. Nada más. A veces ochocientas, a veces mil doscientas. Escritura como hábito, no como evento extraordinario. La comparación con ir al gimnasio es directa: si se deja “para cuando haya tiempo”, no ocurre. Cuando se agenda, avanza. Un mes después, el progreso sorprende.

Luego viene la parte que casi nadie cuenta: la logística editorial. Registro, ISBN, corrección, diseño, impresión, distribución. Rubén habla desde la ignorancia inicial, sin pose. Investiga, pregunta, compara. Revisa más de quince editoriales hasta encontrar una opción práctica, ágil y con costos razonables. El proceso completo ronda entre diez y quince mil pesos. No es barato, pero tampoco es inalcanzable. Como cualquier proyecto nuevo, implica pagar derecho de piso.

El libro se publica en formato físico y digital, con distribución en Amazon y librerías. No como promesa de hacerse millonario, sino como una pieza más dentro de un ecosistema. Aquí aparece una idea clave: el libro como gancho estratégico. No vive solo. Se conecta con asesorías, cursos, proyectos académicos y capacitaciones. El conocimiento se vuelve sistema, no producto aislado.

En ese punto entra Mitosis, el proyecto educativo que Rubén impulsa. La metáfora biológica es clara: división celular bien hecha genera crecimiento exponencial. Cursos prácticos, aplicables, centrados en planeación y nutrición, alineados con la misma filosofía del libro. Ciencia útil. Nada más. Nada menos.

La conversación también toca un tema sensible: la baja remuneración de muchos profesionales del agro. Hay conocimiento, hay experiencia, pero no siempre hay monetización. El problema no es técnico; es humano. Comunicación, gestión, modelo de negocio. Mejorar el factor humano podría elevar al agro sin agregar una sola tecnología nueva. Esa afirmación pesa, porque viene acompañada de experiencia real.

El libro, además, busca abrir puertas. Conferencias, contactos, nuevos proyectos. No como promesa vacía, sino como consecuencia natural de exponerse. Caminar. Conocer gente. Dejar de quejarse en corto y moverse en largo. Las oportunidades no llegan solas; se caminan.

Hacia el cierre, Rubén deja claro que escribir un libro no es sólo para ayudar a otros. También ordena la cabeza propia. Obliga a disciplina, estructura y claridad. Y ese efecto se contagia a otras áreas de la vida profesional. Si alguien con seis empresas, docencia universitaria y proyectos activos pudo hacerlo, el argumento del “no tengo tiempo” se queda sin defensa.

Finalmente, se asoman los siguientes proyectos editoriales: una guía práctica para asesores agrícolas —un vacío evidente en el sector— y un libro sobre emociones y salud mental en agricultores, un tema duro, poco hablado y con datos preocupantes detrás. No es contenido cómodo, pero sí necesario.

El episodio cierra con una invitación simple: leer, debatir, intercambiar ideas. No para tener razón, sino para mejorar. Porque el campo es difícil, y justo por eso necesita menos discurso vacío y más criterio aplicado.

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