Episodio 548: Impacto de la peste porcina africana en España con Miguel Narváez

Impacto de la peste porcina africana en España con Miguel Narváez

En esta ocasión Miguel Narváez de Global Agrotrade Advisors no explica las implicaciones de la reciente detección de la peste porcina africana en España, y cómo esto podría afectar el suministro para México de algunos productos cárnicos en los siguientes meses.

Miguel es consultor en temas agroalimentarios, desempeñándose tanto en México como en España, por lo que es de los especialistas que más conocen sobre este tipo de temas desde el punto de vista bilateral. En la conversación también nos explica el procedimiento para controlar esta enfermedad animal.

Este episodio gira en torno a un tema que sacudió al sector pecuario en ambos lados del Atlántico: la detección de peste porcina africana en España y la decisión de México de suspender temporalmente las importaciones de productos porcinos. Desde el inicio queda claro que no se trata de una alarma sanitaria para las personas, sino de un problema estrictamente animal con implicaciones económicas enormes. La conversación pone orden en un tema que rápidamente se llenó de titulares exagerados y temores mal dirigidos.

Miguel explica con precisión qué es la peste porcina africana. Se trata de una enfermedad viral que afecta únicamente a cerdos domésticos y jabalíes. No es zoonótica, no representa riesgo para la salud humana y no se transmite a las personas por consumo de carne. El verdadero problema es su impacto devastador en la producción, ya que no existe vacuna y el único método de control efectivo es la eliminación total de los animales infectados y de contacto.

España aparece en el centro del análisis por una razón contundente: es el principal productor de cerdo en Europa y el tercero a nivel mundial, solo detrás de China y Estados Unidos. El sector porcino español mueve alrededor de 8,800 millones de euros, con una producción cercana a 2.7 millones de toneladas anuales. La mitad se consume dentro de Europa y la otra mitad se exporta, con China como destino clave. Por eso, cualquier brote, incluso uno pequeño, enciende alarmas internacionales.

El episodio detalla qué ocurrió específicamente en Cataluña. Los primeros casos se detectaron en jabalíes dentro de una zona boscosa muy cercana a la ciudad de Barcelona. Miguel utiliza una comparación muy gráfica: es como encontrar un brote en una zona natural prácticamente dentro de una gran ciudad. Esto resulta inquietante, pero al mismo tiempo permite una respuesta rápida y altamente controlada. El brote comenzó con pocos animales muertos, algo similar a lo ocurrido años atrás en República Checa y Bélgica.

Aquí aparece uno de los puntos clave del episodio: los “saltos” epidemiológicos. A diferencia de una propagación gradual, la peste porcina africana puede aparecer de repente en lugares alejados del foco original. La hipótesis más aceptada es tan simple como incómoda: restos de alimentos contaminados, transportados por personas, terminan en el ambiente y son consumidos por jabalíes. Un sándwich mal desechado puede detonar un brote nacional. No es elegante, pero es real.

Miguel insiste en algo fundamental: que los casos aumenten no significa que el brote esté fuera de control. Es normal que los números crezcan a medida que se intensifica la búsqueda activa de animales infectados. En Cataluña, el incremento de casos responde justamente a un sistema de vigilancia más eficiente, apoyado por drones, perros entrenados y monitoreo permanente. Detectar más es señal de control, no de fracaso.

La experiencia previa de Europa pesa mucho. Bélgica y República Checa lograron erradicar brotes similares en aproximadamente un año, aunque necesitaron otro año adicional para ser declarados libres de la enfermedad. España no parte de cero: cuenta con protocolos afinados, tecnología avanzada y personal altamente capacitado. Además, la mayoría de las granjas y mataderos se encuentran fuera del radio crítico, lo que reduce significativamente el riesgo productivo.

Uno de los ejes más interesantes del episodio es la regionalización sanitaria. Miguel explica que la Organización Mundial de Sanidad Animal recomienda no cerrar completamente el comercio, sino limitarlo a las zonas afectadas. Sin embargo, cada país decide qué tan estrictamente aplica este criterio. México, junto con otros países como Japón, Canadá y Corea, optó por un cierre total inicial, apelando al principio precautorio.

¿Fue una sobrerreacción? La respuesta no es blanco o negro. Miguel plantea que esta reacción es comprensible, especialmente en un país donde la porcicultura es estratégica. Primero se cierra, luego se analiza. Ese es el patrón habitual. La regionalización viene después, cuando existe confianza en los controles del país exportador. Cerrar no es castigar; es comprar tiempo.

El caso de China se presenta como un ejemplo distinto. Tras años de negociación, España logró un acuerdo de regionalización por provincias. Esto significa que solo la provincia afectada queda excluida, mientras el resto puede seguir exportando. Aun así, el impacto es fuerte, porque China representa cerca del 40 % de las exportaciones españolas fuera de Europa.

En el plano mexicano, el episodio aporta datos muy claros. México es el tercer importador mundial de carne de cerdo, con compras anuales superiores a 1.3 millones de toneladas. Sin embargo, España representa menos del 0.5 % de esas importaciones. Estados Unidos y Canadá concentran más del 90 %. Por lo tanto, no habrá desabasto general de carne fresca.

Donde sí se sentirá el golpe es en los jamones curados, especialmente el jamón serrano y el ibérico. No existen sustitutos reales para estos productos. Italia podría parecer una opción, pero también enfrenta peste porcina africana. México cuenta con productores locales de jamón curado, pero la genética del cerdo ibérico y el origen siguen siendo irremplazables. Aquí el impacto es más cultural y gastronómico que alimentario.

Miguel dedica una parte importante a aclarar un punto crítico: los productos curados no representan riesgo sanitario. El proceso de curación —superior a 200 días en el caso del jamón serrano— inactiva completamente el virus. Esto está respaldado por estudios científicos reconocidos incluso por Estados Unidos y la Unión Europea. Los jamones que hoy están en el mercado fueron producidos mucho antes del brote. No hay riesgo alguno.

El episodio también expone la complejidad del control en campo. Se habla de cercas físicas, barreras olfativas con aromas de depredadores, control estricto de roedores y vigilancia permanente en granjas. Todo está pensado para evitar la dispersión del virus. El error no es no actuar; el error es actuar mal. Experiencias fallidas, como cacerías masivas sin contención previa, solo provocaron que los jabalíes huyeran y expandieran la enfermedad.

Hacia el cierre, la conversación toma un tono más reflexivo. Miguel reconoce la solidez técnica de los servicios veterinarios europeos y la seriedad de SENASICA en México. Ambos sistemas se conocen, se auditan y se respetan. La expectativa razonable es que, con evidencia científica y verificación en campo, México pueda flexibilizar su postura, al menos para productos curados.

El mensaje final es claro y sin dramatismos: la peste porcina africana es una enfermedad grave para la industria, pero no es el apocalipsis. Con experiencia, ciencia y disciplina, se puede contener. España tiene las herramientas. México tiene derecho a proteger su producción. El consumidor debe estar informado, no asustado. Y el sector agroalimentario, como siempre, sigue demostrando que las crisis se enfrentan con datos, no con rumores.

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