En este episodio se explora cómo el ozono aplicado al riego está cambiando la forma de enfrentar problemas de sanidad, productividad y uso del agua en el campo. A partir de la experiencia de Raúl Bibriesca, de Agrofacto, se muestra por qué esta tecnología se está volviendo clave en agricultura protegida.
Se habla de retorno de inversión, control de patógenos, oxigenación del suelo y eficiencia operativa. Con casos reales y criterios técnicos claros, el episodio aterriza cómo el ozono agrícola puede convertirse en una herramienta práctica para producir más con menos recursos.
El eje de toda la conversación gira alrededor de una realidad que ya no se puede ignorar: la agricultura actual exige mayor productividad con menos insumos, menos margen de error y decisiones técnicas mucho más precisas. El ozono aparece como una herramienta potente, pero no como una solución mágica. Se trata de química aplicada correctamente al sistema de riego, al suelo y al manejo agronómico.
Raúl explica que el ozono es una molécula formada por tres átomos de oxígeno con una capacidad oxidante extremadamente alta, muy superior al cloro o al peróxido de hidrógeno. Esa energía le permite eliminar patógenos, degradar contaminantes químicos y modificar el ambiente del suelo en minutos. Lo más importante: después de actuar, regresa rápidamente a oxígeno, por lo que es un insumo inocuo.
Su uso no es nuevo. Desde hace más de un siglo se emplea para potabilizar agua y sanitizar alimentos. En agricultura su adopción se ha acelerado por tres razones claras: escasez de agua, presión regulatoria sobre agroquímicos y necesidad urgente de mejorar el retorno económico de los cultivos.
Uno de los primeros beneficios prácticos aparece en el agua de riego. El ozono mejora el potencial de óxido reducción, oxigena intensamente la solución nutritiva y reduce la tensión superficial. Esto genera un ambiente más favorable para raíces sanas y menos propicio para patógenos. Además, ayuda a degradar residuos químicos presentes en el agua.
En el suelo el efecto es todavía más interesante. Al inyectar oxígeno en concentraciones muy superiores al punto de saturación, el gas busca salir del perfil del suelo, creando porosidad natural. Esto rompe condiciones de compactación y favorece la aireación radicular. Las raíces no “respiran” aire directo; toman oxígeno disuelto en el agua. Cuando ese oxígeno abunda, la energía metabólica de la planta mejora de forma notable.
Otro frente clave es el control del biofilm en sistemas de riego. Algas, bacterias y residuos orgánicos taponan goteros, especialmente en sistemas hidropónicos expuestos a la luz. Con concentraciones de alrededor de dos partes por millón de ozono en el emisor, se logra una limpieza rápida y sostenida de líneas de riego. El impacto directo es una mayor uniformidad en riego y fertilización.
Raúl insiste varias veces en un punto central: el tratamiento no empieza con la máquina, empieza con el problema. Antes de diseñar cualquier sistema se analizan agua, suelo, microbiología, caudales, presión, sales disueltas y estructura hidráulica. Cada equipo se fabrica a medida según la necesidad real del cultivo.
No se trata de vender tecnología por vender. Hay casos donde la operación agrícola está tan desorganizada que ninguna herramienta resolvería el fondo del problema. En esos escenarios, instalar ozono sería solo una carga financiera.
En aplicaciones de suelo, muchos productores lo están usando como alternativa a fumigantes químicos. Antes de plantar se realizan tratamientos de choque para sanitizar completamente el perfil. Una vez establecido el cultivo, el manejo cambia: se reduce la intensidad para no eliminar microorganismos benéficos y se trabaja más en oxigenación y equilibrio microbiológico.
Aquí aparece un concepto clave: acondicionar el suelo antes de inocular benéficos. Muchas veces se aplican bacterias o hongos sin crear las condiciones para que sobrevivan. Sin oxígeno, porosidad y ambiente aeróbico, esos microorganismos mueren en horas. El ozono permite crear ese entorno donde realmente se reproducen y funcionan.
También se aborda la poscosecha. El ozono se usa para lavar fruta, eliminar microbios, reducir residuos químicos y prolongar vida en refrigeración. Incluso inhibe la síntesis de etileno, retrasando maduración.
Un punto delicado son las incompatibilidades. El ozono es altamente reactivo: todo lo que encuentra lo oxida. Si se mezcla al mismo tiempo con fertilizantes, agroquímicos o microorganismos benéficos, los va a degradar. Por eso se manejan tiempos separados de aplicación. Primero se sanitiza u oxigena; después se fertiliza o se inocula.
En términos técnicos, la medición no se hace solo por cantidad generada en la máquina, sino por lo que realmente llega al gotero. El comportamiento del ozono depende mucho de la carga salina del agua. Algunos elementos, como el boro, consumen ozono rápidamente. Por eso cada diseño considera química del agua y demanda real para lograr la concentración efectiva en campo.
Los resultados comerciales son contundentes cuando el problema está bien diagnosticado. Raúl relata su primer acercamiento con un productor de tomate en Zacatecas que enfrentaba fusarium, nematodos y virus rugoso. Tras instalar ozono, el sistema radicular se fortaleció, la sanidad mejoró y la fruta dejó de deformarse. El cambio fue tan drástico que obligó a revisar todo el programa nutricional porque la planta rejuveneció en semanas.
Otro caso fue un productor con suelos extremadamente salinizados por años de fertilización. Tras incorporar ozono en riego, no solo mejoró la estructura del suelo sino que redujo fertilizante al punto de recuperar la inversión antes de iniciar cosecha. La productividad volvió a niveles de los mejores años de la agrícola.
No siempre ocurre así de rápido. El resultado depende de disciplina, manejo correcto y que el problema realmente sea compatible con esta tecnología. Pero cuando se alinea bien, el impacto económico es fuerte.
En retorno de inversión se consideran cuatro frentes: reducción de insumos, mayor estabilidad del sistema de riego, incremento de productividad y disminución del riesgo de pérdidas. En la mayoría de proyectos bien implementados se busca recuperar la inversión en uno o dos ciclos agrícolas.
En cultivos intensivos como tomate bajo invernadero, berries y sistemas hidropónicos, los costos de producción son tan altos que pequeñas mejoras generan retornos muy rápidos. Por eso la tecnología se ha difundido con fuerza en Europa, especialmente en zonas productoras de España.
Respecto a superficies mínimas, en cultivos de alto valor desde unas diez hectáreas ya puede justificarse económicamente, aunque todo depende del problema y del caudal de riego.
Más allá del ozono, Agrofacto se enfoca en el manejo integral del agua como insumo central del sistema productivo. Trabajan en acidulación, ósmosis inversa con bajo rechazo, oxigenación, nanoburbujas y modificación del potencial redox. También desarrollan modelos prácticos de riego basados en clima, salinidad, textura de suelo y fisiología del cultivo, junto con sistemas de monitoreo por sensores e imagen satelital.
Un ejemplo extremo que se menciona es una agrícola de arándano que logró duplicar producción usando la mitad de agua y solución nutritiva tras optimizar su sistema de riego.
El mensaje final es claro: antes, un mal rendimiento solo significaba ganar menos; hoy puede significar perder la operación completa. La agricultura ya no permite improvisación. Se necesita análisis, precisión y tecnologías que hagan más eficiente cada litro de agua y cada peso invertido.
El ozono no es una moda ni un truco. Es una herramienta potente cuando se integra con criterio agronómico, disciplina operativa y un diagnóstico técnico serio. En un contexto de presión económica, escasez de agua y mayor complejidad sanitaria, soluciones de este tipo dejan de ser opcionales y se convierten en parte del nuevo estándar productivo.
En resumen, el episodio muestra cómo una molécula simple puede convertirse en un motor de sanidad, eficiencia y rentabilidad, siempre que se use con conocimiento y estrategia. El reto no es tener tecnología, sino saber aplicarla exactamente donde genera valor real.
