Episodio 555: Cómo Wadhwani Foundation impulsa el sembrar empleabilidad con Iliana Vega

En este episodio se aborda cómo sembrar empleabilidad, impulsar el emprendimiento juvenil y activar la economía desde el talento. Iliana Vega, directora en Latinoamérica de Wadhwani Foundation, explica cómo una fundación global trabaja con jóvenes para convertir ideas en proyectos estructurados y viables.

La conversación revela un enfoque claro: formación prácticaestructura sólida y acceso sin costo para quienes buscan emprender, incluso en el sector agroalimentario. A través de programas como Ignite, Lift-Off y Accelerate, Wadhwani Foundation apuesta por crear empresas que generen empleo sostenible en la región.

En esta conversación con Iliana, se explora a fondo cómo se puede sembrar empleabilidad desde una lógica distinta a la tradicional. No se trata únicamente de conseguir trabajo en una empresa, sino de abrir la posibilidad de que más jóvenes vean el emprendimiento como una alternativa real de generación de ingresos y de empleo para otros.

Iliana comparte que su formación es en marketing y que ha trabajado en consultoras, empresas de biotecnología enfocadas al campo, editoriales y compañías del sector salud. Esa trayectoria le permitió integrar experiencia empresarial con una causa que hoy considera central: ayudar a jóvenes a desarrollar habilidades y activar economías a través del talento.

La visión de la fundación es directa: activar la economía a través del talento joven. En Latinoamérica hay energía, ideas y ganas de salir adelante. El reto es estructurar esa energía. Por eso el foco está en preparar a los jóvenes para que emprendan con bases sólidas, no desde la improvisación.

Uno de los puntos clave es que no compiten con aceleradoras tradicionales. No ofrecen financiamiento directo. Lo que hacen es preparar. La lógica es simple: si un emprendimiento tiene bien estructuradas sus bases operativas, financieras y legales, el capital llega con mayor facilidad. Primero estructura, después inversión.

El origen de la fundación está en el doctor Romesh Wadhwani, empresario con trayectoria global en tecnología y creador de varias compañías que alcanzaron categoría de unicornio. Tras construir un grupo empresarial sólido, decidió destinar parte de su patrimonio a impulsar educación, emprendimiento y empleabilidad en economías emergentes. Hoy la fundación opera en más de 20 países y trabaja con gobiernos, universidades y sectores productivos.

En el caso del agro en Latinoamérica, se identifican oportunidades claras. El sector ha crecido y se ha tecnificado. Existen huecos importantes donde la innovación puede aportar soluciones. Muchos de los proyectos impulsados por jóvenes están orientados a sostenibilidad, ecología y eficiencia en el uso de recursos. Hay propuestas en captación de lluvia, reciclaje de residuos agrícolas, control de plagas más sustentable y mejoradores de suelo.

Aquí aparece un desafío estructural: regulación, burocracia y resistencia al cambio. Las ideas existen. La capacidad técnica también. Pero no siempre el entorno está listo para adoptarlas. Parte del acompañamiento consiste en orientar a los emprendedores sobre cómo navegar esos procesos.

Los programas son el corazón operativo. El principal es Ignite, un programa de 40 horas orientado a estructurar correctamente un emprendimiento desde cero. Muchas veces los jóvenes ni siquiera llegan con una idea clara. El proceso inicia con la selección y validación de la idea. Se analiza mercado, tamaño, propuesta de valor y viabilidad.

El resultado final de Ignite es un MVP (producto mínimo viable) completamente fundamentado y documentado. Al cierre, los participantes presentan un pitch como si estuvieran frente a inversionistas. La intención no es solo practicar exposición, sino aprender a defender con datos y estructura un proyecto.

El contenido está alojado en una plataforma digital desarrollada por la fundación, con casos reales de emprendedores mexicanos y latinoamericanos. Se evita mostrar únicamente ejemplos gigantes y lejanos. Se priorizan casos alcanzables, que demuestren que es posible avanzar paso a paso.

Además de Ignite, existen otros dos programas. Lift-Off está dirigido a startups ya establecidas. Aquí el enfoque es escalamiento: estructuras de pricing, orden interno, estrategia de crecimiento y acceso a mentorías especializadas. El objetivo es fortalecer para que puedan expandirse de manera sostenible.

Accelerate, por su parte, está enfocado en pequeñas y medianas empresas. El propósito es ayudarlas a crecer y, sobre todo, a generar más empleos, que es el objetivo transversal de toda la fundación.

Un elemento diferenciador es que todos los programas son sin costo para los participantes. El acceso puede darse a través de convocatorias abiertas o mediante alianzas con universidades, cámaras y asociaciones. En el sector agro, existe la posibilidad de crear grupos específicos si hay interés institucional.

La colaboración con universidades es estratégica. Se firma un convenio de colaboración y se capacita primero a los profesores. Esto resuelve un problema común: muchos docentes tienen experiencia académica, pero no necesariamente experiencia práctica en emprendimiento. Al formarlos, se fortalece también la institución.

La plataforma funciona de manera guiada. El participante alimenta su proyecto paso a paso y recibe apoyo con tutoriales, videos, lecturas y herramientas. Existe acompañamiento para resolver dudas técnicas, incluso en la fase inicial de acceso digital, donde a veces hay barreras, especialmente en sectores menos digitalizados.

Sobre resultados, se reconoce que el ecosistema latinoamericano tiene una tasa de supervivencia empresarial baja, entre tres y cinco años en promedio. Aun así, hay proyectos que han logrado mantenerse y avanzar. Muchos vinculados al agro están enfocados en sostenibilidad y tecnología aplicada.

Existe un área independiente llamada Impacto, encargada de dar seguimiento durante tres años a los proyectos que egresan de los programas. Se miden finalización, certificación, evolución y generación de empleo. Los reportes son formales y forman parte del sistema de rendición de cuentas ante la dirección global.

En cuanto a tendencias en el sector primario, se detectan oportunidades en tecnología aplicada: dispositivos de medición, monitoreo de cultivos, uso de bacterias benéficas, nuevos materiales menos agresivos con el suelo. Pero también se identifica la necesidad de evangelización tecnológica. Muchas innovaciones enfrentan resistencia inicial.

Uno de los aprendizajes más relevantes compartidos por Iliana es la importancia de ayudar a los jóvenes a visualizar el emprendimiento como opción real. Ver cómo una idea se convierte en proyecto estructurado es un proceso transformador. No solo para crear empresas, sino también para desarrollar habilidades que fortalecen la empleabilidad incluso en contextos laborales tradicionales.

En cifras, el alcance es significativo: 24 mil jóvenes participaron en el último año, frente a 17 mil el año anterior. El crecimiento implica una operación compleja, pero también un impacto potencial enorme en términos de generación de capacidades.

El mensaje final es claro: el emprendimiento no es improvisación. Es método, estructura y acompañamiento. En el agro latinoamericano hay espacio para innovar. Lo que se necesita es formación adecuada, apertura a nuevas tecnologías y disposición para construir proyectos con bases sólidas.