Episodio 556: Un emprendimiento dulce con sabor a campo con Eduardo Moreno

La apicultura mexicana enfrenta un reto claro: producir calidad sin perder rentabilidad. En esta conversación con Eduardo Moreno, fundador de Mexican Honey, se analiza cómo construir un modelo que combine profesionalización, valor agregado, comercio justo y acceso a mercados exigentes sin abandonar al productor.

Aquí se explica cómo transformar la miel en una propuesta competitiva frente a importaciones baratas, cumplir con seguridad alimentaria, fortalecer al productor y desarrollar marcas como Nocalli. El enfoque es directo: estructura empresarial, certificaciones y disciplina operativa para crear un negocio sostenible en el campo.

En este episodio se profundiza en la historia y evolución de Mexican Honey, una empresa que surge después de detectar una contradicción estructural en la apicultura mexicana: mientras el país exporta millones de dólares en miel, el 95% de los apicultores vive en pobreza extrema. Esa realidad marcó el origen del proyecto.

Eduardo estudió Contaduría y Finanzas. No provenía del sector agropecuario. Su acercamiento a la apicultura ocurrió durante un servicio social en comunidades del sureste mexicano, donde observó que los productores vendían su miel a intermediarios por precios muy bajos, con pagos diferidos y sin acceso a mejores mercados. Esa experiencia reveló una falla clara en la cadena de valor.

El primer intento fue crear un proyecto de apoyo. Con el tiempo entendió que la solución debía ser empresarial. Así nace Mexican Honey como modelo de negocio, no como fundación. La estrategia consistió en construir una red de proveedores autorizados, profesionalizar procesos y comprar cosechas completas bajo estándares claros.

La empresa trabaja principalmente en la Huasteca hidalguense y en algunas zonas de San Luis Potosí. El proceso inicia con la alineación a la normativa vigente. Existe una norma específica para miel, y también se exige certificación en buenas prácticas pecuarias. Sin cumplimiento regulatorio no hay acceso a mercados exigentes.

Una vez certificados, los productores se integran como proveedores autorizados. La miel se procesa en una planta con certificación HACCP. Allí se realiza la extracción, pesaje y pago inmediato. Esto elimina costos de infraestructura para el productor y mejora su flujo de efectivo.

El modelo no se limita a comprar y vender miel. Se agregan capas de valor. A partir de la materia prima se desarrollan productos cosméticos y alimenticios. Existen cuatro marcas: Mexican Honey, Nocalli, Esani y Desgrind. Nocalli está orientada al cuidado de la piel. Esani trabaja dulces y alimentos derivados. Desgrind se enfoca en distintivos orgánicos.

Un punto central es la diferenciación frente a la miel barata importada. En mercados saturados por productos adulterados o de baja calidad, la estrategia se basa en control técnico desde el apiario. Se respeta el momento adecuado de cosecha, cuando el opérculo está completamente cerrado, lo que indica humedad correcta.

La humedad es clave. Si se cosecha antes de tiempo, la miel puede fermentar o perder estabilidad. Muchas empresas mezclan mieles con diferentes niveles de humedad para cumplir estándares mínimos. Aquí se busca consistencia desde origen.

También se explica el proceso de cristalización. Una miel natural se cristaliza con el tiempo debido a su composición química sobresaturada en glucosa y fructosa. La cristalización no es defecto; es señal de naturalidad. En contraste, productos que permanecen líquidos indefinidamente suelen estar adulterados o excesivamente procesados.

Otro punto crítico es el calentamiento. Algunas empresas pasteurizan la miel a temperaturas altas para facilitar manejo y corregir problemas sanitarios derivados de malas prácticas en campo. Sin embargo, temperaturas superiores a 60 grados degradan enzimas y propiedades. Mexican Honey utiliza hornos descristalizadores a 25–30 grados durante 24 horas. Es más lento, pero conserva propiedades.

En comercialización, el canal más fuerte es food service: hoteles, cadenas restauranteras y sector hospitalidad. Estos clientes exigen trazabilidad y seguridad alimentaria. Sin certificaciones no se puede entrar.

El segundo canal es retail. La presencia aún es limitada, pero se ha logrado posicionamiento progresivo en el centro del país. En este segmento el marketing se apoya en historia e impacto social. El consumidor no solo compra miel; compra una narrativa verificable.

Aquí entra el proyecto de certificación en comercio justo. No basta afirmar prácticas responsables. Se requiere sello oficial. El objetivo es que hacia 2030 el producto incorpore certificación Fairtrade y consolide exportaciones estables.

En cuanto a aprendizajes, el primero es evidente: quien entra al sector primario debe estudiar profundamente la industria. No basta con intención social. Es necesario comprender química, normativas, análisis de laboratorio y dinámica productiva.

El segundo aprendizaje tiene que ver con el trabajo en comunidades marginadas. Existe desconfianza acumulada por experiencias negativas con intermediarios. La credibilidad se construye con presencia continua y pagos puntuales.

El pago de contado marca diferencia frente a compradores que liquidan a 60 o 90 días. Esto fortalece la relación y genera estabilidad.

El acompañamiento va más allá de lo técnico. Se imparten cursos de contabilidad, formalización fiscal y desarrollo organizacional. Se explica cómo darse de alta en el SAT, cómo calcular punto de equilibrio y cómo acceder a apoyos gubernamentales. Incluso se ofrecen talleres de inteligencia emocional.

El enfoque es claro: el apicultor no solo es productor; es una pequeña empresa. Profesionalizar implica gestión financiera, cumplimiento fiscal y visión de marca propia.

Un reto frecuente es la cultura local. En algunas comunidades las festividades desplazan la disciplina productiva. El trabajo consiste en equilibrar usos y costumbres con responsabilidad empresarial.

Hacia 2030 la visión incluye duplicar el número de apicultores en el programa, consolidar certificación de comercio justo, fortalecer exportaciones y ampliar presencia internacional. Ya existe certificación halal, lo que abre puertas a mercados específicos.

El proyecto evolucionó de iniciativa a empresa consolidada. La base sigue siendo la misma: estructura empresarial, disciplina técnica y compromiso con el productor. No se trata solo de vender miel. Se trata de reorganizar la cadena de valor para que el ingreso llegue efectivamente al campo.

En síntesis, este episodio muestra que la transformación del sector apícola no depende de discursos, sino de procesos, certificaciones, pagos claros y control técnico desde la colmena hasta el anaquel.