Episodio 107: Consideraciones para la agricultura del USMCA

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El comercio agrícola de Norteamérica cambió con la llegada del nuevo acuerdo comercial, que redefine reglas, responsabilidades y oportunidades entre tres economías profundamente conectadas. En esta conversación, Joel Max Ayacat explica cómo el USMCA modifica el entorno productivo, laboral y comercial para quienes participan en el sector agrícola regional.

Entender el tratado permite anticipar cambios regulatorios, nuevas dinámicas de mercado y presiones productivas entre países. Joel Max Ayacat revisa los puntos clave del comercio agroalimentario, el papel de la biotecnología agrícola y la relación estructural que existe entre México, Estados Unidos y Canadá dentro del sistema agroalimentario de Norteamérica.

El tratado comercial que durante décadas estructuró el intercambio entre México, Estados Unidos y Canadá fue el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Su negociación comenzó en 1992 y entró en vigor el 1 de enero de 1994. Durante más de dos décadas estableció las bases para el comercio regional, incluyendo la integración de los mercados agrícolas entre los tres países.

Después de aproximadamente veinticinco años de funcionamiento, los gobiernos decidieron renegociarlo y actualizarlo. El resultado fue el nuevo acuerdo comercial conocido como USMCA, cuyo objetivo es modernizar reglas comerciales que habían quedado desactualizadas frente a la realidad económica actual.

La agricultura ocupa un lugar central dentro de este nuevo tratado. El comercio agropecuario entre México y Estados Unidos representa una proporción muy significativa del comercio regional. Con el paso de los años se ha convertido en una relación profundamente interdependiente donde cada país tiene fortalezas productivas específicas.

Uno de los puntos que más llaman la atención dentro del acuerdo es la incorporación de disposiciones laborales alineadas con los criterios de la Organización Internacional del Trabajo. Esto significa que las actividades agrícolas deberán reconocer de forma más clara los derechos laborales de los trabajadores del campo.

Este punto tiene implicaciones importantes para México. En varias zonas agrícolas todavía existen prácticas que, desde el punto de vista internacional, se interpretan como trabajo infantil. Muchas de estas situaciones se originan en condiciones sociales o culturales donde los jóvenes comienzan a trabajar desde temprana edad para sostener a sus familias.

En regiones agrícolas donde predominan los jornaleros migrantes, es común que las familias se trasladen completas a los campos de producción. En esos contextos los hijos aprenden las labores agrícolas desde pequeños. Sin embargo, desde la perspectiva de las normas internacionales esto se interpreta como una práctica que debe eliminarse gradualmente.

Por esa razón el tratado presiona a México para fortalecer políticas que erradiquen completamente este tipo de situaciones. En los próximos años será cada vez más común ver programas, regulaciones y mecanismos de supervisión dirigidos a garantizar mejores condiciones laborales en el campo.

Otro aspecto relevante del acuerdo es el fortalecimiento del derecho a la organización sindical. El tratado establece disposiciones que garantizan la participación de los trabajadores en sindicatos mediante contratos colectivos.

Esto explica por qué en los últimos años el gobierno mexicano ha impulsado reformas laborales enfocadas en fortalecer la organización sindical. No se trata únicamente de una política interna, sino de un compromiso adquirido dentro del nuevo tratado comercial.

Más allá de los aspectos laborales, el capítulo agrícola del acuerdo busca mantener el principio central que ya existía en el tratado anterior: el libre comercio agrícola entre los tres países.

Esto significa que los productos agrícolas originarios de México, Estados Unidos y Canadá continúan entrando a los mercados de los otros países sin pagar aranceles. Esta regla mantiene abierta la circulación de mercancías dentro de la región.

El comercio agrícola entre México y Estados Unidos ha crecido de manera notable desde la entrada en vigor del tratado original. Entre 1993 y 2017 el intercambio aumentó aproximadamente 598%, alcanzando alrededor de 45 mil millones de dólares.

Una parte importante de las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia México se concentra en tres grandes grupos de productos: granos y cereales, carne y semillas oleaginosas. Estos productos representan cerca de la mitad del total de exportaciones agropecuarias estadounidenses al mercado mexicano.

Entre los productos más importantes que México importa desde Estados Unidos destacan maíz, soya y trigo. Estos cultivos son fundamentales para la producción pecuaria, la industria alimentaria y la elaboración de diversos productos procesados.

Por el lado contrario, las exportaciones agrícolas mexicanas hacia Estados Unidos tienen una composición distinta. México exporta principalmente frutas y hortalizas, productos que representan una proporción muy importante del comercio agrícola bilateral.

Entre los productos más destacados se encuentran tomates, aguacates, pimientos y una amplia variedad de berries como frambuesas, zarzamoras, fresas y arándanos. También aparecen productos como uva, ganado bovino en pie y carne de res deshuesada.

La cerveza mexicana también ocupa un lugar relevante dentro de las exportaciones agroalimentarias hacia Estados Unidos, consolidándose como uno de los productos de mayor presencia en ese mercado.

Durante la renegociación del tratado, uno de los objetivos de México fue modernizar las disciplinas comerciales en el sector agrícola. Esto implicó eliminar disposiciones que ya no respondían a la realidad actual e incorporar reglas más claras para evitar conflictos comerciales.

Uno de los temas más sensibles durante la negociación fue la propuesta estadounidense de introducir una cláusula de temporalidad. Esta cláusula buscaba limitar la entrada de productos agrícolas mexicanos durante las temporadas en que los productores estadounidenses se encuentran en su mejor momento productivo.

La propuesta respondía a la preocupación de algunos productores de Estados Unidos que consideran difícil competir directamente con ciertas regiones agrícolas mexicanas, donde el clima permite producir durante más tiempo y con costos menores.

Sin embargo, esa cláusula finalmente no se incorporó al tratado. Aun así, el tema sigue siendo políticamente relevante y probablemente continuará apareciendo en discusiones comerciales futuras.

Otro componente del nuevo acuerdo es la cooperación en temas de biotecnología agrícola. El tratado establece mecanismos para mejorar el intercambio de información entre los tres países y fomentar la transparencia en el comercio de productos derivados de estas tecnologías.

La biotecnología incluye desde cultivos genéticamente modificados hasta nuevas técnicas de mejoramiento genético. El objetivo del tratado es establecer reglas claras para que estas tecnologías puedan desarrollarse y comercializarse sin generar conflictos regulatorios entre los países.

Además del capítulo agrícola, el tratado incluye disposiciones relacionadas con el comercio de bebidas alcohólicas destiladas. Aquí se establecen reglas de no discriminación y transparencia en la venta y distribución de productos como tequila, mezcal y whisky.

El acuerdo reconoce oficialmente productos emblemáticos como Bourbon Whisky, Tennessee Whisky, Tequila, Mezcal y Canadian Whisky. Este reconocimiento ayuda a proteger su identidad y facilitar su comercialización en la región.

Finalmente, uno de los temas que más llama la atención dentro de la relación agrícola entre México y Estados Unidos es el caso del maíz amarillo.

México depende fuertemente de las importaciones de maíz provenientes de Estados Unidos. En 2017 las compras mexicanas de maíz estadounidense alcanzaron aproximadamente 2,700 millones de dólares, representando casi la totalidad del maíz importado por el país.

Esto resulta particularmente interesante porque México también es un productor importante de maíz a nivel mundial. Sin embargo, la mayor parte de la producción nacional corresponde a maíz blanco destinado al consumo humano.

El maíz amarillo, utilizado principalmente para alimentación animal e industria, es el producto donde México presenta una clara dependencia externa.

En contraste, existen otros productos donde la ventaja competitiva se encuentra del lado mexicano. Frutas, hortalizas y ciertos cultivos especializados encuentran en Estados Unidos su principal mercado.

El comercio agrícola entre ambos países refleja precisamente ese equilibrio imperfecto: cada país depende del otro en distintos productos. El tratado intenta mantener ese intercambio dentro de reglas claras, aunque lograr un equilibrio completo resulta prácticamente imposible.

En términos generales, el USMCA busca mantener la integración agroalimentaria de Norteamérica, fortalecer la cooperación entre los países y establecer un marco regulatorio más preciso para el comercio agrícola en los próximos años.