La industria mexicana de berries vive un momento decisivo. En esta conversación, Juan José Flores explica cómo Aneberris articula a productores, exportadores y especialistas para fortalecer un sector que ya compite globalmente. Se revisan retos comerciales, sustentabilidad, competencia internacional y la forma en que México consolidó su liderazgo.
También se analiza el impacto del comercio internacional, la presión de otros países y la necesidad de profesionalizar la producción. Juan José Flores comparte cómo Aneberris impulsa estándares y coordinación sectorial para mantener la competitividad. Aparecen temas como inocuidad, responsabilidad laboral, nuevos mercados y el crecimiento global de las berries.
El desarrollo de la industria de berries en México no es casualidad. Se explica como el resultado de varios factores que coinciden en el mismo momento histórico: condiciones climáticas favorables, disponibilidad de mano de obra, cercanía con el mayor mercado consumidor y un trabajo intenso de mejoramiento genético que permitió adaptar estos cultivos a diferentes regiones productivas.
Durante años las berries se asociaban con climas fríos o zonas boscosas. Sin embargo, la investigación genética permitió tropicalizar estos cultivos. Hoy es posible encontrar plantaciones desde regiones cercanas al nivel del mar hasta zonas montañosas. Esa adaptación amplió enormemente el potencial productivo del país.
En ese proceso surge el papel de Aneberris, la asociación que agrupa a empresas del sector y que busca coordinar esfuerzos para fortalecer la industria. Actualmente integra 38 empresas organizadas en tres divisiones: fruta fresca, productos procesados y genética. Desde esa estructura se intenta mantener una industria unida, rentable y sustentable.
El trabajo de la asociación se organiza en varios frentes. Existen comisiones dedicadas a inocuidad, fitosanidad, comercio, estadísticas y comunicación, además de una línea creciente de sustentabilidad. La intención es acompañar a los productores en los desafíos actuales: cumplimiento regulatorio, responsabilidad ambiental y condiciones laborales adecuadas.
Un espacio importante para compartir conocimiento es el congreso anual del sector. En la edición más reciente participaron más de mil asistentes de forma presencial y varios cientos en línea. Se reunieron especialistas en producción, comercio, manejo de plagas y agricultura circular.
Ese encuentro permite algo fundamental: acercar tecnología y conocimiento a productores y técnicos. En un mismo lugar se discuten temas agronómicos, comerciales y regulatorios. También participan proveedores de insumos, logística, material vegetal y tecnologías para manejo de plagas o sustratos.
El objetivo no es solamente aumentar productividad. El enfoque actual busca una producción más sustentable, con mejor manejo del agua, materiales reciclables y mayor responsabilidad social. Incluso los plásticos usados en la producción comienzan a migrar hacia opciones 100 % reciclables.
El crecimiento del sector ha colocado a México como uno de los principales jugadores del mercado internacional. La cercanía con Estados Unidos resulta determinante. Permite transportar fruta fresca por vía terrestre en pocos días, manteniendo calidad, frescura y crocancia.
Esto convierte al país en principal proveedor de berries frescas para Estados Unidos y Canadá en varios cultivos, especialmente frambuesa y zarzamora. En fresa también se ha consolidado como un proveedor relevante que complementa la producción estadounidense.
Sin embargo, ese liderazgo también trae desafíos. Cuando un país se vuelve un actor importante en un mercado internacional, inevitablemente aparecen presiones comerciales. Algunos productores estadounidenses han acusado a México de vender por debajo de costos o de recibir subsidios gubernamentales.
Investigaciones comerciales han revisado estos señalamientos. En varios casos se concluyó que la producción mexicana es competitiva y no causa daño a la industria estadounidense. Aun así, estas situaciones obligan al sector a profesionalizarse cada vez más.
Una de las recomendaciones centrales es documentar todos los costos de producción. Mantener registros claros permite demostrar que la fruta no se vende por debajo de su costo real y facilita responder a cualquier investigación futura.
La competencia internacional también está creciendo. En arándano azul destacan países como Perú y Chile, que han aumentado rápidamente su superficie y volumen de exportación. Perú, por ejemplo, se ha convertido en el mayor exportador mundial gracias a sus bajos costos de producción.
El transporte marítimo favorece ese crecimiento. Los arándanos pueden viajar largas distancias sin perder calidad, lo que permite enviar grandes volúmenes a menor costo. Esto provoca que las temporadas de distintos países comiencen a traslaparse.
Cuando eso ocurre, los precios tienden a bajar. Por esa razón, el sector insiste en diferenciarse mediante calidad, frescura y cumplimiento regulatorio. También se busca aumentar el consumo global de berries para absorber el crecimiento de la oferta.
Otros países de América Latina también comienzan a aparecer en el mapa productivo. Guatemala avanza en frambuesa y zarzamora, mientras que Colombia empieza a desarrollar plantaciones de arándano. La competencia seguirá aumentando.
A pesar de eso, México mantiene ventajas logísticas claras. La fruta puede llegar por carretera a prácticamente todo Estados Unidos en pocos días, algo que otros países no pueden lograr. Esa frescura se convierte en un elemento diferenciador.
Otro reto importante es la concentración de exportaciones. Aproximadamente 97 % de las berries mexicanas se envían a Estados Unidos. Aunque existen exportaciones a 38 países, el mercado norteamericano sigue siendo el principal destino.
Diversificar mercados es una estrategia necesaria. Europa, Medio Oriente y Asia ofrecen oportunidades, pero también presentan retos logísticos. El transporte más largo exige variedades con mayor vida postcosecha y cadenas de frío más robustas.
En Europa existe además una fuerte producción local, especialmente en España, Portugal y Reino Unido. Eso reduce las ventanas comerciales disponibles para México.
Asia aparece como una región con potencial interesante. Japón ya importa arándanos mexicanos, aunque en volúmenes todavía limitados. También se exploran mercados como Corea del Sur, India y Malasia.
En paralelo se impulsa el consumo interno. México tiene más de cien millones de habitantes y una demanda creciente de alimentos saludables. La fresa ya es muy popular, mientras que el arándano comienza a ganar presencia entre los consumidores.
El procesamiento también ofrece oportunidades. Parte de la producción de fresa y zarzamora se destina a congelado, jugos, mermeladas o smoothies. Este segmento permite aprovechar fruta que no cumple estándares de exportación y reduce el desperdicio.
Incluso aparecen nuevos productos como arándanos deshidratados o berries congeladas con marca propia para venta directa al consumidor.
El sector también ha tenido que adaptarse a la pandemia. Las restricciones sanitarias obligaron a implementar protocolos estrictos de higiene, mayor distancia en transporte de trabajadores y más estaciones de lavado y sanitización.
Aunque implicó mayores costos operativos, estas medidas fortalecieron la cultura sanitaria del sector. Al mismo tiempo, el consumo de berries se mantuvo sólido debido a su asociación con nutrición y salud.
En perspectiva, la industria enfrenta un futuro exigente. El crecimiento global de la producción obliga a ser cada vez más eficientes, transparentes y sustentables.
Sin embargo, también existe una oportunidad clara. Si se logra aumentar el consumo mundial de berries, mejorar la logística y mantener altos estándares productivos, México puede seguir siendo uno de los protagonistas del mercado internacional de estas frutas.

