Episodio 306: Entendiendo a detalle la certificación PrimusGFS con Arlett Rojop

Entendiendo a detalle la certificación PrimusGFS con Arlett Rojop

Entender cómo acceder a mercados exigentes requiere dominar certificación, inocuidad, exportación y procesos verificables. Aquí se explica de forma directa cómo funciona PrimusGFS, con la experiencia de Arlett Rojop, quien detalla lo que realmente implica cumplir requisitos internacionales sin rodeos ni teoría innecesaria para productores que buscan resultados concretos.

El contenido se centra en requisitos reales, auditorías, módulos operativos y decisiones prácticas que enfrentan quienes producen alimentos. Arlett Rojop describe cómo implementar el sistema paso a paso, qué errores evitar y cómo convertir la certificación en una herramienta para abrir mercados, no solo en un trámite más dentro del sector agrícola.

La certificación en el sector agrícola se entiende como una garantía formal de que un producto o proceso cumple con requisitos específicos definidos por clientes, mercados o normativas. Su valor no está en el documento en sí, sino en la capacidad de demostrar que un alimento fue producido bajo condiciones controladas. Esto permite acceder a mercados más exigentes y generar confianza en la cadena comercial.

La decisión de certificarse no surge de forma aislada. Generalmente, es el cliente quien define qué esquema se debe cumplir. Dependiendo del destino del producto, pueden solicitar estándares distintos. Un productor que exporta a Estados Unidos enfrenta requisitos diferentes a quien vende en mercados locales o en Europa. Por eso, la certificación no es universal, sino que responde directamente a la demanda comercial.

En este contexto aparece PrimusGFS como un sistema privado de auditorías enfocado en la inocuidad de productos agrícolas. Se trata de un esquema reconocido internacionalmente que establece criterios para evaluar procesos productivos, desde el campo hasta etapas posteriores como empaque o almacenamiento. Su enfoque está centrado en productos de consumo humano como frutas, hortalizas, granos y legumbres.

Uno de los elementos más relevantes es que se trata de un sistema modular. Esto significa que no todos los productores deben cumplir exactamente con lo mismo. Cada operación selecciona los módulos que corresponden a su actividad. Existe un módulo obligatorio relacionado con el sistema de gestión documental de inocuidad, y otros módulos que dependen del tipo de operación, como producción en campo abierto, invernadero, cosecha, empaque o análisis de riesgos.

Esta estructura permite que la certificación sea flexible. Un productor puede certificarse únicamente en lo que realmente realiza. Por ejemplo, si produce en invernadero y además empaca su producto, se evaluarán ambos procesos. Esta capacidad de adaptación convierte a PrimusGFS en un esquema aplicable a distintas escalas y tipos de producción.

El proceso para obtener la certificación sigue una lógica clara. Primero, se establece contacto con un organismo certificador, que recopila información sobre la operación. A partir de ahí, se identifica el alcance de la certificación y los módulos aplicables. Sin embargo, no se puede iniciar una auditoría sin preparación previa.

Un requisito clave es haber implementado el sistema durante al menos tres meses. Esto implica que el productor ya debe estar operando bajo los lineamientos de PrimusGFS antes de solicitar la auditoría. No se trata de evaluar intención, sino evidencia. La empresa debe demostrar que aplica los procedimientos en su operación diaria.

Posteriormente, se realiza una auditoría interna. Este paso permite identificar brechas antes de la evaluación oficial. Una vez que el productor considera que cumple con los requisitos, solicita la auditoría externa. En ese momento, un auditor verifica en campo que lo documentado realmente se ejecuta.

Durante la auditoría se revisan múltiples puntos, organizados según los módulos seleccionados. No existe un número fijo de criterios, ya que depende del alcance definido. Sin embargo, el enfoque siempre se mantiene en aspectos críticos como higiene, manejo del agua, control de contaminantes, trazabilidad y condiciones del personal.

Al finalizar la auditoría se emite un dictamen. Si existen no conformidades, el productor dispone de un periodo para corregirlas y demostrar las acciones implementadas. Si se cumplen los requisitos, se obtiene la certificación. Este proceso no termina ahí, ya que el certificado tiene vigencia de un año.

La renovación anual implica que el productor debe mantener y mejorar continuamente sus prácticas. La certificación no es un evento aislado, sino un sistema que requiere disciplina operativa constante. Esto refuerza la idea de que el valor real está en los procesos y no solo en el documento final.

Otro aspecto relevante es que es posible auditar varios esquemas en un solo evento. Esto facilita a los productores cumplir con diferentes requisitos sin duplicar esfuerzos. En operaciones que exportan a múltiples mercados, esta posibilidad reduce costos y tiempos de implementación.

La figura del auditor también es clave dentro del sistema. No cualquier persona puede evaluar bajo PrimusGFS. Se requiere formación técnica, experiencia en inocuidad y un proceso de certificación que incluye exámenes y auditorías supervisadas. Esto garantiza que la evaluación se realice con criterios consistentes.

Además, los auditores deben actualizarse constantemente. Cada nueva versión del esquema introduce cambios en requisitos, clasificación de operaciones o criterios de evaluación. Por ejemplo, la inclusión de nuevos alcances o la modificación de responsabilidades dentro del sistema de gestión obliga a una capacitación continua.

Uno de los cambios más relevantes en versiones recientes ha sido la forma en que se clasifican los alcances de certificación. Esto permite definir con mayor precisión qué tipo de operación se está evaluando y bajo qué criterios. También se ha reforzado el papel de la alta dirección en la responsabilidad de la inocuidad, lo que eleva el nivel de compromiso dentro de las empresas.

A futuro, la evolución del esquema apunta hacia una mayor integración tecnológica. La gestión de datos, la digitalización de registros y la estandarización de información son tendencias clave. Esto permitirá tomar decisiones más rápidas y basadas en evidencia, tanto para productores como para compradores.

El volumen de información generado en estos sistemas es considerable. Digitalizarla facilita su análisis y uso estratégico. No solo se trata de cumplir requisitos, sino de entender mejor los procesos productivos y optimizar decisiones relacionadas con producción, logística y mercado.

Finalmente, la certificación se posiciona como una herramienta estratégica. No es únicamente un requisito impuesto por clientes, sino un mecanismo para mejorar procesos internos, reducir riesgos y ampliar oportunidades comerciales. Aquellos que logran integrarla de forma efectiva en su operación pueden acceder a mercados más exigentes y construir una posición más sólida en la industria.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.