En este episodio analizo si la variedad de aguacate Luna UCR podría afectar de alguna manera a la industria aguacatera mexicana, como ciertos medios de comunicación han especulado en fecha reciente. De hecho, esta variedad de aguacate ha llamado mucho la atención últimamente, y con justa razón.
La variedad Hass y sus variantes han dominado el mercado desde hace décadas, permitiendo a México posicionarse como la mayor potencia productora y exportadora. Por esto, la promesa de una variedad que podría modificar el terreno de juego si que llama la atención, aunque igual México tiene las de ganar.
En este episodio analizo con calma el ruido mediático que se ha generado alrededor del aguacate Luna UCR y la idea de que podría convertirse en una amenaza para la industria aguacatera de México. La conversación parte de titulares alarmistas que buscan atención más que explicar el contexto real. Mi intención es ordenar la información, separar hechos de suposiciones y poner la variedad Luna en su justa dimensión dentro del sistema productivo del aguacate.
Antes de entrar al tema técnico, explico brevemente un proyecto personal que arranqué en 2024, Agronación, un canal de WhatsApp donde comparto ideas cortas para entender el agro. Lo menciono porque responde a la misma lógica que este episodio: bajar la complejidad, ir al fondo y evitar el ruido.
Entro entonces al origen del aguacate Luna. No es una variedad nueva. Fue desarrollada en Estados Unidos a mediados de los años cincuenta por Bertolt Orphe Berg. Décadas después, la Universidad de California en Riverside retomó ese material y lo trabajó dentro de su programa de mejoramiento genético. De ahí viene el nombre Luna UCR. El desarrollo actual está liderado por Marilu, responsable del programa de aguacate en esa universidad. Este dato es clave porque desmonta la idea de que se trata de una “innovación repentina” diseñada para desplazar a México.
Una de las características más visibles del aguacate Luna es que no cambia de color al madurar. Su piel se mantiene verde, a diferencia del Hass, que se oscurece. Esto lo coloca dentro del grupo de aguacates de piel verde, que no son raros ni nuevos. Existen muchas variedades con este comportamiento, aunque el mercado se haya concentrado casi por completo en Hass. Además, el árbol de Luna tiene un porte más pequeño, y aquí está uno de los puntos centrales del episodio.
El argumento de venta principal de Luna no es que sustituya a Hass, sino que permite plantaciones más densas con menor manejo de poda. Un árbol más bajo facilita aplicaciones, cosecha y labores culturales. En teoría, esto reduce costos de mano de obra, un factor crítico en ciertas regiones. También se menciona que Luna tendría tolerancia a sequía, salinidad y algunas enfermedades, aunque aclaro que esas promesas siempre deben validarse en campo. En el agro, la diferencia entre el folleto y la realidad suele ser grande.
La pregunta de fondo es clara: ¿esta variedad representa una amenaza real para México? Mi respuesta es no. Para entenderlo hay que mirar el contexto productivo de Estados Unidos, en particular de California. Cuando se habla de aguacate en ese país, se habla casi exclusivamente de California. La producción en otros estados es marginal. Al mismo tiempo, Estados Unidos depende fuertemente del aguacate mexicano, del cual importa alrededor del 75 % de su consumo, principalmente desde Michoacán y ahora también Jalisco.
California no está desarrollando Luna para competir con México, sino para sobrevivir. El estado enfrenta limitantes estructurales muy serias. El agua es escasa y cada vez más disputada por una población enorme. El aguacate, al ser un árbol perenne, tiene una demanda hídrica alta comparada con otros cultivos. Por más eficiente que sea una nueva variedad, el problema del agua no desaparece.
A esto se suma otro factor crítico: la mano de obra. En California no sobra y es costosa. De ahí el interés por árboles de menor tamaño. Un huerto más compacto reduce necesidades de poda, facilita la cosecha y simplifica el manejo. No es una estrategia ofensiva contra México, es una estrategia defensiva para mantener viva la producción local.
También explico que plantar árboles más pequeños no significa automáticamente usar menos agua. Si se incrementa la densidad de plantación, el consumo total por hectárea puede ser igual o incluso mayor. Por eso, la narrativa de que Luna resolverá el problema hídrico es, cuando menos, simplista.
Desde esta perspectiva, defino a Luna como una variedad de emergencia. Una herramienta para que la industria californiana pueda coexistir con el flujo creciente de aguacate mexicano. No busca desplazarlo del mercado, porque eso hoy no es realista. De hecho, estimaciones de instituciones financieras como Rabobank indican que durante la próxima década Estados Unidos todavía puede absorber mayores volúmenes de aguacate importado desde México.
Hacia el final del episodio planteo un giro importante: Luna podría ser más útil para México que para Estados Unidos. Existe información que sugiere que Luna es una variante del grupo Hass. Esto es crucial porque México solo tiene autorización para exportar aguacate Hass a Estados Unidos. Otras variedades no pueden entrar, salvo aquellas consideradas variantes, como flor de mayo o flor de junio, que se comercializan como Hass.
Si Luna entra en esa categoría, México tendría una ventaja enorme. Las condiciones agroclimáticas de Michoacán y Jalisco son, en muchos casos, mejores que las de California. Si Luna funciona bien allá, es razonable pensar que podría rendir aún mejor aquí. Además, México también empieza a enfrentar escasez de mano de obra y encarecimiento de jornales. Un árbol de porte pequeño podría encajar muy bien en la realidad productiva actual.
En ese escenario, Luna no sería una amenaza, sino una herramienta adicional. Podría aumentar productividad, reducir costos y fortalecer todavía más la posición de México en el mercado estadounidense. La industria aguacatera mexicana está altamente consolidada, ha aprendido a competir, a cumplir protocolos y a aprovechar sus ventajas comparativas. No es un sector frágil que vaya a colapsar por la aparición de una nueva variedad.
Cierro el episodio con una conclusión clara: el aguacate Luna UCR no pone en riesgo a México. Al contrario, podría terminar reforzando su liderazgo. Los titulares alarmistas ignoran el contexto productivo, las limitaciones estructurales de California y la fortaleza acumulada del sector aguacatero mexicano. El verdadero reto no es una nueva variedad, sino seguir gestionando bien el agua, la mano de obra y la sostenibilidad del sistema productivo en el largo plazo.
