Este episodio muestra cómo las inversiones pueden transformar el campo cuando se alinean con la vida y el largo plazo. A través de la experiencia de Alma Gutiérrez, se entiende por qué la regeneración ya no es idealismo, sino una estrategia real para producir, cuidar recursos y sostener negocios.
Desde su paso por BlackRock hasta la creación de Regenera Ventures, la conversación explica cómo el capital puede impulsar suelos sanos, empresas rentables y comunidades fuertes. Es una guía clara sobre financiar con conciencia, reducir riesgos y construir resiliencia en el agro mexicano.
El episodio gira alrededor de la historia profesional de Alma y de cómo pasó del mundo financiero tradicional al enfoque de inversión regenerativa, una transición que no fue planeada desde el inicio, pero que terminó conectando profundamente con su forma de ver el impacto social y ambiental. La conversación arranca explicando que su formación como actuaria la llevó directamente al sector de inversiones privadas, donde durante años se enfocó exclusivamente en análisis financiero, retornos y estructuras de capital.
Durante esa etapa trabajó en fondos de infraestructura que después fueron adquiridos por BlackRock, lo que le permitió desarrollar una base sólida en evaluación de proyectos, riesgos y modelos de negocio. Aunque algunos proyectos tenían efectos positivos en comunidades, el objetivo central siempre fue la rentabilidad financiera. Esa experiencia fue clave porque hoy sigue usando esas herramientas, pero aplicadas a proyectos con impacto regenerativo.
El punto de quiebre llegó cuando realizó una maestría en negocios en la Universidad de Oxford. Ahí conoció el concepto de inversión de impacto y entendió que el capital podía servir para algo más que generar dinero. Descubrió que era posible buscar retornos financieros mientras se resolvían problemas sociales y ambientales, y que el sector agro tenía un enorme potencial para lograrlo.
Al principio, la regeneración sonaba más a filantropía que a negocio. Pero al profundizar en cómo funciona el manejo del suelo, los ecosistemas productivos y la resiliencia climática, quedó claro que la regeneración no es un gasto ambiental, sino una estrategia de permanencia económica. No se trata solo de cuidar la naturaleza por buena voluntad, sino de asegurar que los sistemas productivos sigan funcionando dentro de diez, veinte o treinta años.
Uno de los aprendizajes más importantes fue entender que ningún proyecto regenerativo puede sostenerse sin rentabilidad. Si no hay ingresos sanos, nadie puede mantener prácticas responsables. Por eso, el análisis financiero sigue siendo central: costos, riesgos, flujos de efectivo y modelos de negocio son igual de importantes en el agro regenerativo que en cualquier empresa urbana o tecnológica.
La gran diferencia apareció al salir del escritorio y pisar el campo. Ver cómo funciona el suelo, cómo interactúan los cultivos, el agua, los animales y las comunidades cambió por completo la forma de entender la inversión. Ya no se trataba solo de hojas de Excel, sino de sistemas vivos donde cada decisión tiene consecuencias reales en productividad, bienestar y recursos naturales.
Alma comparte que desde pequeña tuvo una conexión con el servicio social y el apoyo comunitario, algo que su familia le inculcó con voluntariados y donaciones. Esa sensibilidad hizo que el concepto de inversión de impacto conectara de inmediato. Fue como unir su perfil financiero con una necesidad personal de contribuir más allá de su propio beneficio.
Hablar de regeneración, explica, no es solo restaurar biodiversidad. Es diseñar sistemas productivos que aseguren la continuidad de los negocios y de las personas que viven de ellos. Muchas grandes empresas hoy voltean a ver estas prácticas porque ya enfrentan problemas reales: escasez de agua, suelos degradados, costos crecientes de insumos químicos y menor productividad.
En ese contexto nace Regenera Ventures, un fondo de inversión enfocado en apoyar empresas que estén en transición hacia modelos regenerativos o que ya los estén implementando. El fondo todavía está en etapa de levantamiento de capital, pero su objetivo es claro: ser un socio financiero de largo plazo para productores, empresas agropecuarias, proyectos de ecoturismo, comercializadoras y proveedores de insumos regenerativos.
No funciona como un fondo de venture capital tradicional que busca crecer rápido para vender a una empresa grande. Su enfoque es más de crecimiento sostenido. Invierten en compañías que ya tienen claridad sobre la regeneración y necesitan capital para escalar o consolidar su modelo.
Una de las ideas más interesantes es que buscan estructurar salidas donde el propio emprendedor pueda recomprar las acciones del fondo con el tiempo. Es decir, el capital entra, ayuda a crecer el negocio y después sale dejando la empresa en manos de quienes la construyeron. Esto encaja mucho mejor con la mentalidad de muchos regeneradores, que no buscan vender su proyecto, sino fortalecerlo a largo plazo.
El proceso de inversión incluye una revisión profunda del negocio: finanzas, operación, impacto ambiental, relación con comunidades y alineación de valores. No operan las empresas, pero sí acompañan como socios estratégicos durante varios años.
En cuanto al riesgo, Alma explica que el manejo regenerativo en sí mismo ayuda a reducirlo. Suelos sanos retienen mejor el agua, resisten mejor sequías, crean microclimas y mantienen productividad más estable. Eso se traduce en menor vulnerabilidad climática.
Además, muchos proyectos regenerativos diversifican ingresos. Un productor que antes solo sembraba un cultivo ahora puede integrar ganado, aves, abonos orgánicos, ecoturismo o incluso venta de créditos de carbono. Esa diversificación crea resiliencia financiera y reduce la dependencia de una sola fuente de ingreso.
Aunque existen riesgos políticos, económicos y de mercado, el fondo los compensa con estructuras financieras cuidadosas, análisis de flujos y un sistema riguroso de gestión ambiental y social. Incluso cuentan con recursos destinados a asistencia técnica y medición de impacto.
Sobre la tensión entre resultados financieros y los tiempos largos de la regeneración, Alma es clara: no todos los proyectos están en el mismo punto. Algunos ya tienen años de manejo regenerativo y otros apenas comienzan. Las expectativas de retorno se ajustan según ese contexto.
Además, muchos inversionistas del fondo también son de impacto, lo que permite mayor paciencia. Aunque los primeros años puedan ser más lentos, la productividad suele aumentar con el tiempo, compensando esa espera. Es una visión más sistémica del rendimiento.
Lo que más la ha inspirado del sector agro es la conciencia del tiempo y de las interconexiones. La gente del campo entiende que una semilla no crece en días, que las lluvias siguen ciclos y que todo está relacionado. Esa visión contrasta con la inmediatez del mundo financiero urbano.
También habla del vínculo entre regeneración y salud humana. La forma en que producimos alimentos impacta directamente cómo vivimos y enfermamos. Pone como ejemplo a su abuela, que a los 93 años se mantiene fuerte comiendo principalmente lo que ella misma produce.
Uno de los momentos que más la marcó fue participar en cursos de agricultura y ganadería regenerativa, donde comprendió a fondo cómo los microorganismos del suelo, las plantas y los animales trabajan como un sistema integrado. Ahí entendió que no se trata de “salvar al planeta”, sino de reconocer que todos estamos conectados y dependemos de esos sistemas vivos.
El mensaje final es simple pero potente: la regeneración no es una moda ambiental, es una estrategia de supervivencia económica y social. Asegura recursos, fortalece comunidades, reduce riesgos y crea negocios más estables.
Desde su trinchera financiera, Alma busca que el capital deje de ser solo extractivo y se convierta en un aliado de la vida. No desde discursos, sino desde estructuras de inversión reales, medibles y rentables.
El episodio deja claro que el futuro del agro no pasa por producir más a cualquier costo, sino por producir mejor, con sistemas que se regeneren en lugar de agotarse. Y que el dinero, bien usado, puede ser una de las herramientas más poderosas para lograrlo.

