El fertirriego en suelo parece una práctica dominada, pero todavía se maneja con intuición, promedios y supuestos costosos. Raúl Bribiesca, director de Agrofacto, explica cómo convertirlo en un sistema de precisión, capaz de coordinar agua, nutrición y suelo para mejorar resultados sin elevar innecesariamente los costos de producción agrícola actual.
La diferencia no está en aplicar más agua o fertilizante, sino en decidir mejor. Con datos mínimos, medición de uniformidad y monitoreo continuo, Raúl muestra cómo evitar excesos de humedad, salinidad, pérdidas por mala distribución y diseños hidráulicos incapaces de responder a la demanda real de cada cultivo en campo.
Partimos de una realidad económica: ante precios bajos, costos crecientes, poca liquidez y financiamiento limitado, el reto agrícola no siempre consiste en producir más, sino en producir con mayor eficiencia. Para conseguirlo, riego y nutrición deben manejarse como un solo sistema, porque una buena fórmula fertilizante pierde valor cuando el agua se administra mal.
Raúl señala que el primer criterio es la suficiencia. Debo comparar cuánta agua requiere el cultivo con la disponibilidad real antes de definir la superficie sembrada. Diez hectáreas bien regadas pueden ser más rentables que veinte atendidas a medias. Después vienen la eficiencia, la uniformidad, la variación climática y los límites de humedad: capacidad de campo como referencia superior y el punto mínimo para iniciar oportunamente el siguiente riego.
En nutrición, los análisis de agua, suelo, extracto de pasta saturada y planta sólo sirven cuando orientan decisiones. La proyección inicial debe someterse a monitoreo y ajustes; no puede tratarse como una receta definitiva. También conviene mirar más allá de la química. El suelo transforma el movimiento del agua y los nutrientes mediante su textura, infiltración, profundidad y capacidad de intercambio catiónico.
Del manejo hidropónico puedo recuperar el análisis del aporte nutrimental del agua, los equilibrios entre aniones y cationes, y la dosificación por concentración salina. Sin embargo, no debo trasladar una solución hidropónica directamente al suelo. Es indispensable considerar los nutrientes disponibles, la necesidad real de riego y el requerimiento diario o semanal del cultivo. La demanda cambia continuamente entre días con el clima y la etapa fenológica.
La información mínima comprende tres bloques. Del agua necesito pH, conductividad eléctrica, relación de adsorción de sodio, elementos tóxicos, riesgos de taponamiento y aporte nutrimental. Del suelo requiero propiedades físicas, disponibilidad de elementos y saturaciones. Del sistema hidráulico debo conocer caudal, almacenamiento, duración del ciclo, sectorización, presiones y capacidad para cubrir el pico de demanda.
La uniformidad tampoco puede suponerse. Dentro de cada sector hay que aforar goteros, calcular su coeficiente y diagnosticar biopelículas, filtración deficiente o incompatibilidades. Entre sectores se debe medir cuánto recibe realmente cada uno. Las dos mejoras principales son regular presiones y regar por volumen, no por tiempo.
Frente a la salinidad, primero calculo la fracción teórica de lavado según el agua y la tolerancia del cultivo. Después monitoreo la acumulación y actúo cuando corresponde. El manejo incluye selección de parcelas, cultivos, variedades, fechas, camas y fertilizantes; lavar preventivamente sin evidencia puede desperdiciar agua y nutrientes.
Raúl explica que Agrofacto parte de un diagnóstico, diseña el sistema hidráulico y agronómico, proyecta el programa, monitorea cultivo, suelo, planta y clima, y ayuda a interpretar resultados. En un rancho de frambuesa y zarzamora en Jalisco, medir caudales diferentes por sector y construir una matriz de cálculo permitió alcanzar 118 por ciento del presupuesto productivo con gasto restringido.
La lección final es organizacional: el propietario debe priorizar el fertirriego y alinear técnicos, mandos y operadores. Los procesos sustituyen la improvisación, permiten medir, comparar y corregir, y convierten el conocimiento agronómico en resultados repetibles bajo condiciones reales de campo.



