La agricultura depende de organismos que casi siempre pasan desapercibidos. En este episodio se analiza una iniciativa reciente enfocada en proteger a los polinizadores, un grupo clave para la producción de alimentos. La certificación impulsada por Xerces Society y Oregon Tilth propone nuevas reglas para una producción agrícola responsable.
El programa llamado Be Better Certification surge con un objetivo claro: asegurar que ciertos productos agrícolas se obtienen respetando a los insectos que permiten la reproducción de muchos cultivos. Con apoyo de NRCS y del USDA, esta iniciativa intenta demostrar que la agricultura y la conservación pueden avanzar juntas.
El episodio se centra en una certificación agrícola diseñada específicamente para promover prácticas productivas que respeten a los polinizadores. La certificación se denomina Be Better, un juego de palabras en inglés que combina “bee” (abeja) y “better” (mejor). Su propósito es reconocer a productores y comercializadores que aplican medidas concretas para proteger a estos organismos esenciales para la agricultura.
La iniciativa apareció públicamente en Estados Unidos poco tiempo antes de que se grabara el episodio. Aunque no es una certificación masiva todavía, representa un paso importante hacia un modelo productivo que considera de manera explícita la salud de los polinizadores dentro de los sistemas agrícolas.
Queda claro que el proyecto no se limita únicamente a los agricultores. También contempla la certificación de tiendas que venden productos provenientes de explotaciones agrícolas que cumplen con estos criterios. Esto permite que toda la cadena de valor participe en el proceso, desde la producción hasta la comercialización.
La certificación se desarrolla gracias a la colaboración entre varias organizaciones. Por un lado se encuentra Xerces Society, una organización con décadas de experiencia en la conservación de invertebrados y en la protección de sus hábitats. Su trabajo se ha enfocado en comprender la importancia ecológica de los insectos y en promover estrategias que permitan su conservación.
Junto a esta organización participa Oregon Tilth, una entidad certificadora sin fines de lucro fundada en 1974. Su misión está relacionada con la promoción de sistemas alimentarios sostenibles y con el desarrollo de prácticas agrícolas responsables desde el punto de vista social y ambiental.
A estas instituciones se suma el respaldo del Natural Resources Conservation Service, una dependencia del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Este apoyo institucional muestra que la iniciativa no surge de forma aislada, sino que cuenta con el respaldo de organismos que trabajan directamente en políticas agrícolas y conservación de recursos naturales.
Cuando el proyecto se presentó públicamente, la superficie certificada todavía era reducida. Apenas siete explotaciones agrícolas habían obtenido la certificación, con una superficie cercana a cuatro mil acres, lo que equivale aproximadamente a dos mil hectáreas.
Aunque esta cifra puede parecer pequeña en comparación con la enorme superficie agrícola de Estados Unidos, se entiende como una fase inicial del proyecto. Estas primeras explotaciones funcionaron como granjas piloto, donde se aplicaron los criterios de certificación y se evaluó su impacto real sobre las poblaciones de polinizadores.
En los planes iniciales del programa se proyectaba ampliar la superficie certificada en los años siguientes. Se estimaba que podrían incorporarse alrededor de dieciocho mil acres adicionales, lo que representaría unas ocho mil hectáreas más bajo este esquema de producción.
Este crecimiento progresivo refleja una estrategia prudente. Antes de expandir la certificación a gran escala, se buscó comprobar que las prácticas recomendadas realmente generan beneficios para los polinizadores y que pueden aplicarse en sistemas productivos reales.
Las primeras granjas certificadas se encontraban principalmente en California y New Hampshire. Se trataba de explotaciones con tamaños muy distintos, desde pequeñas parcelas de quince acres hasta predios de cinco mil acres. Esta diversidad permitió observar cómo funcionan los criterios de certificación en diferentes contextos productivos.
En estas explotaciones se cultivaban productos muy variados. Entre ellos se encontraban arándanos, manzanas, viñedos y diferentes tipos de hortalizas. Este abanico de cultivos resulta especialmente relevante porque muchos de ellos dependen directamente de los polinizadores para alcanzar buenos niveles de producción.
Uno de los elementos que motivan esta certificación es la preocupación creciente por el declive de los polinizadores. En Norteamérica existen alrededor de tres mil seiscientas especies de abejas nativas. Estas especies cumplen un papel fundamental en los ecosistemas y en la producción agrícola.
Sin embargo, muchas de ellas enfrentan presiones importantes. En el caso de los abejorros, por ejemplo, se estima que aproximadamente el 28 % de las especies se encuentra en declive. Esta situación genera preocupación tanto desde el punto de vista ambiental como productivo.
Los polinizadores no solo participan en la reproducción de plantas silvestres. También son responsables de una parte significativa de la polinización en cultivos agrícolas. Sin su actividad, muchos sistemas productivos verían reducida su productividad o incluso perderían viabilidad.
Por esta razón, la certificación propone una serie de prácticas que buscan crear condiciones favorables para estos organismos. Entre ellas se incluyen medidas relacionadas con el manejo del hábitat, la disponibilidad de flores y la reducción del impacto de ciertos agroquímicos.
Uno de los puntos más debatidos en este contexto es el uso de determinados pesticidas, especialmente los neonicotinoides. Diversos estudios han señalado que estos productos pueden afectar a los polinizadores, lo que ha impulsado discusiones sobre su regulación o eliminación en algunos sistemas productivos.
La posibilidad de restringir o eliminar ciertos productos genera inevitablemente impactos económicos. Las empresas que fabrican o comercializan estos insumos pueden verse afectadas, y los agricultores deben adaptar sus estrategias de manejo.
Aun así, la certificación plantea que estos cambios forman parte de un proceso necesario para garantizar la sostenibilidad a largo plazo de la agricultura. Proteger a los polinizadores no se presenta únicamente como una cuestión ambiental, sino también como una inversión en el futuro de la producción agrícola.
Otro aspecto interesante es que esta certificación se plantea como un modelo que podría replicarse en otros países. La idea de reconocer formalmente a las explotaciones agrícolas que protegen a los polinizadores podría convertirse en una herramienta importante para promover prácticas responsables.
En regiones donde la agricultura depende fuertemente de la polinización, iniciativas de este tipo podrían incentivar cambios en el manejo agrícola. Además, ofrecerían a los consumidores la posibilidad de identificar productos obtenidos bajo estándares que consideran la conservación de insectos beneficiosos.
La experiencia inicial de Be Better muestra que la transición hacia modelos productivos más conscientes puede comenzar con proyectos piloto y con la colaboración entre organizaciones científicas, entidades certificadoras y organismos gubernamentales.
Aunque la superficie certificada sigue siendo pequeña en comparación con el total de la agricultura estadounidense, el proyecto representa un primer paso. Si logra demostrar beneficios reales para los polinizadores, es probable que su alcance crezca en los próximos años.
En última instancia, la iniciativa refleja una idea sencilla: la agricultura depende de procesos ecológicos que no siempre se ven, pero que sostienen la producción de alimentos. Reconocer y proteger a los polinizadores es una forma de asegurar que esos procesos continúen funcionando en el futuro.

