Episodio 036: Hablando de agricultura con Joel Hernández

La agricultura protegida en México se ha convertido en uno de los sectores más dinámicos del campo. En esta conversación, Joel Hernández Ortiz, presidente de la Sociedad Mexicana de Especialistas en Agricultura Protegida, explica cómo funciona esta industria, cuáles son sus oportunidades y por qué sigue siendo clave para las exportaciones agrícolas del país.

También se aborda algo que suele pasarse por alto: las habilidades humanas que necesitan los agrónomos para prosperar en esta industria. Desde el liderazgo hasta la negociación, Joel Hernández Ortiz comparte aprendizajes surgidos de su trabajo en la SMEAP, así como las tendencias futuras de la agricultura protegida en México.


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La agricultura protegida se ha consolidado como una de las actividades agrícolas más relevantes en México. En los últimos años ha tenido un crecimiento constante impulsado principalmente por la demanda internacional de hortalizas de alto valor. Actualmente existen alrededor de 48 mil hectáreas de agricultura protegida en el país, una superficie que refleja la importancia económica de esta industria.

Este crecimiento no ha sido casual. La agricultura protegida permite producir alimentos con mayor eficiencia, mayor productividad por superficie y mejores condiciones de control ambiental. En muchos casos también permite cumplir con los estándares que exigen los mercados internacionales, particularmente el de Estados Unidos, que continúa siendo el principal destino de exportación.

Sin embargo, el desarrollo de esta industria no se explica únicamente por la infraestructura. Detrás existe toda una red de profesionales, técnicos, proveedores, empresas constructoras, comercializadores y productores que participan en distintos puntos de la cadena de valor. Precisamente ahí surge la necesidad de crear organizaciones que conecten a estos actores.

La Sociedad Mexicana de Especialistas en Agricultura Protegida nace con ese propósito: integrar y representar a los profesionales que trabajan dentro de esta industria. La intención fue construir un espacio donde los especialistas pudieran mantenerse actualizados, generar redes de colaboración y fortalecer su posicionamiento dentro del sector.

La creación de esta organización implicó diversos retos. Uno de los primeros fue comprender cómo funciona una sociedad civil desde el punto de vista legal. Para un grupo de agrónomos sin formación jurídica o administrativa, el proceso de constitución y formalización representó un aprendizaje importante.

Otro desafío fue la elaboración de un reglamento interno. Aunque existen modelos disponibles, fue necesario adaptarlos a las necesidades específicas de la organización. Este proceso tomó varios meses de trabajo, revisión y ajustes para lograr un documento funcional.

Un tercer reto fue encontrar la manera de que el organismo pudiera mantenerse económicamente. La sostenibilidad financiera de una organización es fundamental para que pueda continuar operando, desarrollar proyectos y ofrecer servicios útiles para sus miembros.

Con el paso del tiempo, estos desafíos se transformaron en experiencias valiosas que permitieron fortalecer el proyecto. Hoy la organización se enfoca principalmente en la capacitación de profesionales, especialmente en temas relacionados con producción, manejo de cultivos y nuevas tecnologías.

Más allá de la parte técnica, existe un aspecto que suele quedar relegado en la formación de los agrónomos: el desarrollo de habilidades personales. Durante la carrera universitaria se pone gran énfasis en el conocimiento científico y productivo, pero muchas veces se descuidan habilidades que resultan esenciales en la vida profesional.

Entre las más importantes destacan tres. La primera es saber comunicarse y vender ideas. No se trata únicamente de hablar bien, sino de conectar con otras personas, transmitir confianza y explicar claramente una propuesta.

La segunda es la capacidad de negociación. En el mundo agrícola constantemente se negocia: con proveedores, clientes, socios y trabajadores. Tener seguridad en lo que se hace y defender una propuesta de manera estratégica puede marcar una gran diferencia.

La tercera habilidad clave es el liderazgo. No necesariamente implica dirigir una empresa o un equipo grande. Incluso en posiciones técnicas es necesario coordinar personas, tomar decisiones y guiar procesos productivos.

Estas habilidades se vuelven especialmente relevantes cuando se habla de emprendimiento. En la agricultura protegida existe una fuerte narrativa que impulsa a los egresados a crear sus propias empresas o convertirse en responsables de producción dentro de invernaderos.

Sin embargo, emprender no es un camino sencillo. Requiere conocimientos técnicos, habilidades de gestión, capacidad de adaptación y, sobre todo, resistencia ante los cambios. Muchos proyectos comienzan con una idea clara, pero con el tiempo necesitan modificar su dirección para sobrevivir.

En la práctica, solo una parte de los emprendimientos logra consolidarse. Aun así, el proceso de intentar desarrollar un proyecto propio también genera aprendizaje y experiencia valiosa.

Para quienes desean emprender dentro de la agricultura protegida, existen varios elementos estratégicos que pueden aumentar las probabilidades de éxito. Uno de los más importantes es la diversificación de productos.

Muchos nuevos proyectos comienzan produciendo un solo cultivo, generalmente tomate. Sin embargo, depender de un solo producto puede ser riesgoso. Diversificar permite adaptarse mejor a las fluctuaciones del mercado y aprovechar diferentes nichos de consumo.

Otro elemento clave es el valor agregado. No se trata únicamente de transformar el producto, sino de encontrar formas de diferenciarlo en el mercado. Esto puede implicar mejoras en presentación, empaques, variedades especiales o incluso en la experiencia de consumo.

El tercer factor estratégico es conocer profundamente al cliente. Entender quién compra el producto, cómo lo consume y qué características valora permite diseñar una propuesta comercial más sólida.

En proyectos de mayor escala, especialmente aquellos orientados a exportación, la lógica es similar aunque más compleja. Las empresas suelen trabajar con varios productos o variedades para reducir riesgos y aprovechar mejor las oportunidades del mercado.

Por ejemplo, dentro del cultivo de tomate muchas empresas han migrado hacia variedades con mayor valor comercial, como grape, cherry o beef, que suelen tener mejor precio que los tomates tradicionales.

En cuanto a las tendencias de la industria, es probable que las hortalizas de alto valor continúen dominando la agricultura protegida en el corto y mediano plazo. Cultivos como tomate, pepino y pimiento seguirán siendo protagonistas debido a su demanda internacional.

Las berries también representan un segmento de gran crecimiento. Este sector ha mostrado una rentabilidad considerable, aunque enfrenta riesgos similares a los de otros cultivos orientados a exportación, especialmente por la fuerte dependencia del mercado estadounidense.

En el ámbito tecnológico, no se esperan transformaciones radicales en el diseño de los invernaderos en el corto plazo. Muchos de los avances estructurales ya se desarrollaron durante las últimas décadas.

En cambio, el enfoque actual se dirige hacia otras áreas. Una de ellas es el uso eficiente del agua, un recurso cada vez más limitado que exige sistemas de producción más optimizados.

Otra línea importante es el desarrollo de nuevas variedades vegetales adaptadas a condiciones específicas de producción y mercado. El mejoramiento genético sigue siendo una herramienta fundamental para aumentar rendimiento, calidad y resistencia.

Finalmente, existe un aspecto que está cobrando cada vez más relevancia dentro del sector: el capital humano. La productividad agrícola no depende únicamente de tecnología o infraestructura, sino también de las condiciones laborales, la capacitación y el bienestar de los trabajadores.

Fortalecer el desarrollo humano dentro de la agricultura protegida no solo mejora la eficiencia productiva, sino que también contribuye a construir una industria más sostenible a largo plazo.

En conjunto, la agricultura protegida en México mantiene un panorama prometedor. Aunque enfrenta desafíos comerciales, tecnológicos y sociales, continúa siendo una de las áreas con mayor potencial de crecimiento dentro del sector agrícola nacional.