Episodio 074: Presentando Grupo Ridder con Víctor Rebolledo

Presentando Grupo Ridder con Víctor Rebolledo

Descarga mi plantilla gratuita…

Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La automatización en invernaderos, la agricultura de alta tecnología y la eficiencia productiva están transformando la forma en que se producen alimentos. En esta conversación, Víctor Rebolledo explica cómo Grupo Ridder desarrolla tecnología para optimizar cultivos protegidos y responder a los desafíos del crecimiento agrícola moderno.

A través de experiencias en campo y proyectos internacionales, Víctor Rebolledo describe cómo Grupo Ridder adapta soluciones tecnológicas a distintos países. El enfoque combina control climático, automatización de procesos, gestión de mano de obra y análisis de datos, con el objetivo de fortalecer la productividad dentro de la horticultura protegida.

Al presentar la empresa, queda claro que se trata de una organización dedicada por completo a la horticultura protegida. La compañía nació en Holanda en 1953 cuando Franz Nuyten buscó resolver un problema simple: eliminar trabajos manuales repetitivos mediante mecanización. Lo que comenzó como una herramienta para facilitar labores agrícolas terminó convirtiéndose en una empresa global enfocada en innovación tecnológica para el sector agrícola.

Con el paso del tiempo, aquella primera máquina dio origen a una compañía familiar que evolucionó hacia soluciones complejas para la agricultura. Actualmente el grupo ofrece tecnologías relacionadas con automatización de invernaderos, controladores climáticos, manejo de agua residual, drenaje, sistemas de gestión laboral y pantallas climáticas. Todo gira alrededor de un mismo eje: mejorar la eficiencia en sistemas de producción protegida.

La presencia de la empresa en México surgió hace aproximadamente dos décadas, coincidiendo con el crecimiento del sector de invernaderos en el país. En ese momento comenzaron a aparecer proyectos más tecnificados y se abrió la oportunidad para introducir automatización. Posteriormente, un análisis internacional permitió identificar mercados estratégicos donde la horticultura protegida mostraba mayor crecimiento. Entre ellos destacan México, España, Francia, Estados Unidos, Canadá y China.

Uno de los aspectos más relevantes es la capacidad de adaptación tecnológica. Muchas innovaciones en invernaderos nacieron en Holanda, un país con clima frío, condiciones de radiación distintas y sistemas altamente tecnificados. Sin embargo, al trasladar esa tecnología a otros países aparecen diferencias climáticas, económicas y culturales que obligan a modificar los sistemas.

Por esa razón el desarrollo tecnológico se basa en tecnología adaptable. Los controladores climáticos, por ejemplo, pueden configurarse tanto para invernaderos altamente sofisticados como para estructuras de plástico con menor nivel de mecanización. Lo importante no es imponer una solución estándar, sino construir herramientas que funcionen dentro de cada contexto productivo.

Esa adaptación también se observa en los sistemas de gestión laboral. En Holanda la mano de obra es costosa y los sistemas de control se diseñaron originalmente para registrar actividades mediante dispositivos instalados dentro del invernadero. Sin embargo, al implementar estos sistemas en México surgieron nuevos desafíos, como la extensión de los proyectos o la infraestructura necesaria para instalar equipos fijos.

La solución fue desarrollar una aplicación móvil que permite registrar actividades directamente desde teléfonos celulares. De esta manera se reemplazaron los formatos en papel y se logró digitalizar información sin depender de cableado o estaciones físicas dentro del invernadero. Este ejemplo muestra cómo la innovación surge al escuchar al productor y adaptar la tecnología a su realidad.

En términos de mercado, la horticultura protegida sigue expandiéndose. La tendencia indica que cada vez más productores buscan extender sus ciclos productivos mediante estructuras protegidas y sistemas automatizados. En México esto se observa especialmente en la migración de productores hacia regiones donde es posible producir durante más meses del año.

En zonas como el Bajío se han desarrollado nuevos proyectos que permiten complementar la producción de regiones tradicionales como Sinaloa. Esta expansión también impulsa la adopción de tecnologías que permiten mayor control del cultivo, mejores rendimientos y procesos más eficientes.

Uno de los retos más grandes al introducir automatización no es la inversión económica, sino el cambio de mentalidad. Muchos productores han trabajado durante décadas con métodos empíricos y pueden mostrar resistencia inicial hacia nuevas tecnologías. Por ello el proceso de adopción requiere demostrar beneficios claros y un retorno de inversión tangible.

Cuando la automatización se implementa correctamente, los resultados aparecen en forma de mayor control del cultivo, incremento en productividad y mejoras en la calidad de la producción. La tecnología no sustituye al productor, sino que le proporciona herramientas para tomar mejores decisiones.

El análisis previo de cada proyecto es fundamental. Antes de recomendar sistemas automáticos se analiza la superficie del invernadero y los componentes que deben controlarse. Si un invernadero no cuenta con elementos mecanizados, como ventanas motorizadas, el alcance de la automatización es limitado. Por ello se evalúa primero la infraestructura existente para definir qué soluciones tienen sentido.

Además del control climático, los sistemas de gestión laboral generan un cambio profundo en la operación de las empresas agrícolas. Registrar las actividades del personal permite construir bases de datos que revelan información clave sobre productividad, costos y eficiencia operativa.

Sin embargo, obtener datos es solo el primer paso. El verdadero valor aparece cuando esa información se analiza y se convierte en indicadores útiles. Por ejemplo, pueden calcularse costos por actividad, productividad por metro cuadrado o jornales requeridos para determinadas labores. Estos datos se transforman en herramientas para la toma de decisiones estratégicas dentro de la empresa.

Para que este proceso funcione se recomienda que cada empresa cuente con una persona responsable del sistema. Esa persona se encarga de verificar la calidad de los registros, generar reportes y promover la mejora continua dentro de la organización. A partir de ese trabajo surgen indicadores que pueden utilizar diferentes áreas, desde recursos humanos hasta la dirección general.

La adopción de este enfoque basado en datos transforma la forma de operar de las empresas agrícolas. Cuando las decisiones se sustentan en información objetiva, las organizaciones pueden identificar problemas con mayor rapidez y optimizar procesos de manera constante.

Desde la perspectiva tecnológica, el trabajo dentro de este sector combina múltiples disciplinas. La automatización en invernaderos involucra sensores, electricidad, mecanización, control climático y manejo de datos. Los proyectos requieren integrar todos estos elementos para crear sistemas que funcionen de forma coordinada.

El desarrollo profesional dentro de este campo también refleja esa diversidad. Un especialista puede trabajar en áreas técnicas, servicio, análisis de datos o ventas consultivas. En todos los casos, el objetivo es comprender las necesidades del productor y seleccionar la tecnología que mejor responda a sus objetivos productivos.

Un principio fundamental dentro de la venta de tecnología agrícola consiste en escuchar primero al productor. En lugar de presentar inmediatamente los productos disponibles, resulta más efectivo recorrer el invernadero, comprender los problemas reales y detectar las necesidades específicas del proyecto. Solo entonces la tecnología se convierte en una solución relevante.

Finalmente, la visión que impulsa todo este trabajo tiene una dimensión global. La población mundial continúa creciendo y las proyecciones indican que en pocas décadas será necesario producir alimentos para cerca de diez mil millones de personas. Al mismo tiempo, los desafíos relacionados con cambio climático y disponibilidad de agua aumentan.

Frente a este panorama, la agricultura de ambientes controlados aparece como una de las respuestas más prometedoras. Los invernaderos permiten optimizar recursos, mejorar rendimientos y producir alimentos de manera más eficiente. La automatización se convierte así en una herramienta clave para enfrentar el desafío de alimentar a la población futura.

La horticultura protegida no representa únicamente una tendencia tecnológica. Se perfila como un sistema productivo capaz de sostener la producción agroalimentaria en un escenario de recursos limitados y condiciones climáticas cada vez más variables.