Episodio 067: Introducción a la urea

La urea como fertilizante, su alto contenido de nitrógeno, y su papel en la nutrición de los cultivos explican por qué domina la fertilización mundial. En esta explicación se revisa cómo se produce, cómo se aplica y por qué sigue siendo una herramienta clave en la agricultura moderna y en sistemas productivos intensivos.

En este recorrido también se abordan procesos como la hidrólisis de la urea, las pérdidas por volatilización y el papel de tecnologías como Agrotain. Comprender estos procesos permite aplicar el fertilizante con mayor eficiencia y evitar pérdidas que afectan tanto el rendimiento agrícola como los costos de producción.


Conoce las Perspectivas Agroalimentarias 2026 del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas
Regístrate sin costo

La urea es el fertilizante nitrogenado más utilizado en la agricultura mundial. Su adopción masiva no es casualidad. Una de las razones principales es su alto contenido de nitrógeno, que alcanza aproximadamente 46 %, una proporción considerablemente superior a la de muchos otros fertilizantes nitrogenados disponibles en el mercado. Esta concentración permite aportar grandes cantidades de nitrógeno utilizando menores volúmenes de producto, lo que facilita el transporte, almacenamiento y aplicación.

Otra razón importante de su uso extendido es su relativa seguridad en comparación con otros fertilizantes. A diferencia de materiales como el nitrato de amonio, la urea presenta menos riesgos durante su manejo. Además, es un compuesto que existe naturalmente en el ambiente, ya que forma parte de los productos de excreción de muchos animales. Estas características contribuyen a que su distribución global sea amplia y constante.

La producción de urea ocurre mediante una reacción química controlada entre amoniaco y dióxido de carbono. Este proceso requiere altas presiones y temperaturas, condiciones que permiten formar el compuesto que posteriormente será utilizado como fertilizante. Durante la fabricación, la urea fundida se transforma en pequeñas esferas sólidas mediante un proceso de granulación. Estas perlas se forman mientras el material cae desde una torre y se enfría durante el descenso.

En este proceso también puede generarse un subproducto llamado biuret. Cuando dos moléculas de urea se combinan, se forma este compuesto que puede resultar dañino para las plantas si se aplica directamente sobre el follaje. Por esta razón, los fertilizantes comerciales suelen contener niveles muy bajos de biuret. En aplicaciones foliares más sensibles, incluso se utilizan formulaciones especiales con contenido mínimo de este compuesto.

Las plantas industriales de urea suelen ubicarse cerca de instalaciones donde se produce amoniaco, ya que este es el insumo principal del proceso. Una vez fabricado, el fertilizante se transporta a distintas regiones del mundo mediante barcos, trenes o camiones. Este sistema logístico permite que la urea esté disponible prácticamente en cualquier zona agrícola.

Una característica clave de la urea es su alta solubilidad en agua. A temperatura ambiente, aproximadamente 20 °C, se pueden disolver más de un kilogramo de urea en un litro de agua. Esta propiedad la vuelve extremadamente versátil en términos de aplicación. Puede incorporarse directamente al suelo, aplicarse en superficie, disolverse para fertirriego o incluso utilizarse en aplicaciones foliares bajo ciertas condiciones.

Cuando se aplica al suelo o entra en contacto con las plantas, la urea inicia un proceso químico importante. Una enzima presente naturalmente en el ambiente llamada ureasa comienza a transformarla en amoniaco mediante un proceso conocido como hidrólisis. Esta reacción ocurre con relativa rapidez y suele completarse en pocos días después de la aplicación.

Durante esta transformación aparecen algunos de los principales desafíos asociados al uso de urea. Uno de ellos es la volatilización del amonio, un fenómeno en el cual parte del nitrógeno aplicado se pierde hacia la atmósfera en forma de gas. Estas pérdidas suelen ocurrir principalmente durante los primeros días posteriores a la aplicación del fertilizante.

Para reducir este problema se han desarrollado inhibidores de ureasa. Un ejemplo es Agrotain, una tecnología diseñada para ralentizar la conversión de urea en amoniaco. Al retrasar este proceso se disminuye la volatilización y se permite que una mayor proporción del nitrógeno permanezca disponible para el cultivo.

Una vez transformada en el suelo, la urea termina generando amonio y posteriormente nitratos. Estas son las formas de nitrógeno que las plantas utilizan con mayor facilidad. Aunque las plantas pueden absorber pequeñas cantidades de urea directamente, la mayor parte del nitrógeno disponible proviene de estas formas transformadas por la acción de microorganismos del suelo.

La movilidad de la urea dentro del suelo también es una característica importante. Debido a su elevada solubilidad, el fertilizante puede desplazarse con la humedad del suelo antes de convertirse en amonio. Este movimiento permite que el nitrógeno llegue a distintas zonas del perfil del suelo, pero también implica riesgos si ocurren precipitaciones intensas.

Cuando se presentan lluvias fuertes después de la aplicación, parte del fertilizante puede desplazarse demasiado y perderse fuera de la zona radicular. Por esta razón es fundamental planificar el momento de la fertilización considerando las condiciones climáticas. Evitar aplicaciones antes de lluvias intensas ayuda a reducir pérdidas de nitrógeno hacia aguas superficiales o subterráneas.

Otro factor relevante es la forma de aplicación. Cuando la urea permanece durante mucho tiempo en la superficie del suelo, la volatilización puede aumentar significativamente. Por ello, muchas prácticas agronómicas recomiendan incorporar el fertilizante al suelo o aplicar agua después de la fertilización para facilitar su infiltración.

Un ejemplo frecuente ocurre cuando algunos productores aplican urea en superficie durante periodos secos sin lluvias posteriores. En esas condiciones el fertilizante permanece expuesto y las pérdidas de nitrógeno pueden ser altas. Incorporarlo ligeramente al suelo o aplicarlo mediante soluciones líquidas puede reducir considerablemente este problema.

Las pérdidas de nitrógeno no sólo representan un impacto ambiental. También afectan directamente la rentabilidad del cultivo. Cada unidad de nitrógeno que se pierde implica fertilizante que no será aprovechado por la planta. Esto puede traducirse en menores rendimientos, menor calidad de cosecha y costos de producción más elevados.

Cuando la urea se maneja adecuadamente, sin embargo, ofrece numerosas ventajas. Además de su elevada concentración de nitrógeno, presenta baja corrosividad para los equipos de aplicación, lo que facilita su uso en distintos sistemas agrícolas. También puede integrarse fácilmente en programas de fertilización balanceada.

La urea puede aplicarse sola o incorporarse en mezclas físicas junto con otros fertilizantes. De esta forma se pueden formular combinaciones que aporten los tres macronutrientes principales requeridos por las plantas: nitrógeno, fósforo y potasio. Estas mezclas son comunes en programas de fertilización diseñados para distintos cultivos.

Gracias a su solubilidad, también se utiliza en formulaciones líquidas y en soluciones nutritivas aplicadas mediante sistemas de fertirriego. En aplicaciones foliares puede formar parte de soluciones NPK siempre que el contenido de biuret sea suficientemente bajo para evitar daños en el tejido vegetal.

En aplicaciones foliares se recomienda que el contenido de biuret no supere aproximadamente 0.25 %. Concentraciones superiores pueden causar quemaduras o daños en las hojas, especialmente en cultivos sensibles. Por esta razón, las formulaciones diseñadas para este tipo de uso suelen especificar claramente su contenido de biuret.

A pesar de su amplia utilidad, la urea no suele emplearse en sistemas hidropónicos. Esto se debe a que la molécula de urea no posee carga eléctrica. En hidroponía, la nutrición vegetal se basa en el manejo de cationes y aniones, ya que estas cargas permiten mantener el equilibrio iónico de la solución nutritiva.

En cambio, el nitrógeno utilizado en hidroponía se suministra principalmente en forma de nitratos o amonio, que sí poseen carga eléctrica. Aunque la urea puede transformarse eventualmente en estas formas, su uso directo no es compatible con el enfoque de manejo nutricional que caracteriza a los sistemas hidropónicos.

En resumen, la urea se mantiene como uno de los fertilizantes más importantes de la agricultura moderna debido a su alta concentración de nitrógeno, su gran solubilidad y su versatilidad de aplicación. Sin embargo, su eficiencia depende en gran medida de cómo se maneje en campo. Comprender los procesos de transformación y las condiciones que generan pérdidas permite aprovechar mejor este fertilizante y mejorar la productividad agrícola.