La industria mexicana de berries atraviesa un momento clave. Aun con la crisis sanitaria global, el sector mantiene crecimiento constante, exportaciones firmes y una demanda internacional sólida. Las cifras expuestas por José Luis Bustamante Fernández y la asociación ANEBERRIES permiten entender por qué este cultivo se consolidó como uno de los negocios agrícolas más dinámicos del país.
También queda claro que el éxito actual no garantiza el futuro. La fuerte dependencia del mercado norteamericano, los retos logísticos del transporte y la necesidad de diversificar mercados obligan a pensar en nuevas estrategias productivas y comerciales. Las reflexiones derivadas del trabajo de ANEBERRIES revelan retos estructurales que marcarán el rumbo de esta industria.
La industria mexicana de berries continúa creciendo incluso en un contexto global complejo. Los datos compartidos por José Luis Bustamante Fernández, presidente del consejo directivo de ANEBERRIES, muestran que el sector mantiene proyecciones positivas a pesar de la pandemia. Las exportaciones siguen su curso y la expectativa de crecimiento anual ronda 5%, una cifra menor a la proyectada originalmente pero aún positiva.
Este resultado no surge de la casualidad. El cultivo de berries se ha consolidado como una de las actividades agrícolas más dinámicas del país. Actualmente existen alrededor de 47 mil hectáreas dedicadas a estos cultivos distribuidas en 22 estados de la república. Dentro de ese panorama destacan regiones productivas como Michoacán, Jalisco, Baja California y Sinaloa, donde las condiciones climáticas, la infraestructura agrícola y la experiencia técnica han permitido desarrollar sistemas altamente especializados.
A partir de esa superficie se generan cerca de 400 mil toneladas de berries al año, una producción que se destina principalmente a los mercados internacionales. El valor económico de estas exportaciones es considerable. Se estima que generan alrededor de 2,453 millones de dólares en divisas para el país, lo que posiciona a este sector como uno de los más rentables dentro de la horticultura mexicana.
Un rasgo fundamental del modelo actual es el destino de las exportaciones. Aproximadamente 97.5% de las berries mexicanas se venden en Estados Unidos y Canadá. Esta concentración revela dos aspectos simultáneos. Por un lado, existe una demanda fuerte y estable en esos países. Por otro lado, la industria depende casi completamente de un solo mercado regional.
Este fenómeno tiene una explicación lógica. Las berries se consideran productos nutracéuticos, es decir, alimentos que además de nutrir aportan beneficios para la salud. Son frutos ricos en antioxidantes y compuestos bioactivos, lo que ha incrementado su popularidad en los consumidores preocupados por la alimentación saludable. En América del Norte ese interés se ha traducido en una demanda constante que absorbe prácticamente toda la producción mexicana.
Sin embargo, esta situación también genera una vulnerabilidad evidente. Cuando un país destina casi toda su producción a un único mercado, queda expuesto a cambios comerciales, sanitarios o logísticos que puedan afectar ese flujo. Depender de dos compradores principales implica apostar toda la producción a un solo destino, lo que obliga a pensar en estrategias de diversificación.
Desde hace varios años se ha planteado la necesidad de ampliar los mercados hacia otras regiones del mundo. En particular se menciona con frecuencia el potencial de Asia y Medio Oriente. Estos territorios representan poblaciones enormes, con crecimiento económico y con un aumento sostenido del consumo de alimentos saludables.
El problema no radica en la demanda, sino en la logística. Las berries son frutos altamente perecederos. Mantener su calidad desde el momento de la cosecha hasta el consumo final requiere un manejo poscosecha extremadamente cuidadoso. La fruta debe permanecer bajo una cadena de frío continua, sin interrupciones, para conservar textura, firmeza y apariencia.
Cuando la exportación se dirige a Estados Unidos o Canadá, ese proceso es relativamente manejable. Desde las zonas productivas del centro y occidente de México, como Michoacán o Jalisco, el producto puede llegar a su destino en uno o dos días. Este tiempo es suficientemente corto para preservar la calidad de la fruta.
El desafío aparece cuando se piensa en mercados más lejanos. Enviar berries frescas hacia Asia o Medio Oriente implica viajes mucho más largos. El transporte marítimo puede tardar semanas o incluso meses. Durante ese tiempo la fruta corre el riesgo de perder calidad o deteriorarse.
El transporte aéreo reduce el tiempo de traslado, pero introduce otro problema. Las berries son frutos extremadamente delicados. Cualquier vibración durante el transporte puede afectar su estructura, provocando ablandamiento o daños visibles que reducen su valor comercial. Esta fragilidad limita la viabilidad de algunos métodos logísticos.
Dentro de este contexto, no todas las berries tienen el mismo comportamiento. El arándano, por ejemplo, posee una mayor resistencia y podría soportar viajes más prolongados. Otros frutos, como la frambuesa o la zarzamora, presentan mayor sensibilidad, lo que dificulta su envío a destinos muy distantes.
A este reto logístico se suma un segundo factor: la competencia internacional. Algunos países cercanos a esos nuevos mercados ya están desarrollando su propia producción. España, por ejemplo, se ha consolidado como uno de los grandes productores europeos. De manera similar, China ha comenzado a expandir el cultivo de berries dentro de su territorio.
La proximidad geográfica otorga ventajas claras a esos productores. Si un país puede abastecer a un mercado cercano, reduce tiempos de transporte, costos logísticos y riesgos de deterioro. En ese escenario, México pierde la ventaja que sí posee frente al mercado norteamericano.
La cercanía con Estados Unidos y Canadá es precisamente uno de los mayores activos del sector agrícola mexicano. Esa proximidad permite entregar fruta fresca en tiempos muy cortos, algo que competidores de otras regiones difícilmente pueden igualar. En el caso de los mercados asiáticos o europeos, la situación se invierte.
Ante estas limitaciones surge una alternativa interesante: fortalecer la producción de berries procesadas. En lugar de depender exclusivamente de la venta en fresco, la industria podría desarrollar productos derivados que tengan mayor vida útil.
Cuando una berry se transforma en ingredientes para yogur, cereales, barras nutritivas, gelatinas o concentrados, la logística cambia por completo. Estos productos pueden viajar largas distancias sin comprometer su calidad. Además, permiten acceder a mercados donde el transporte de fruta fresca sería complicado.
La diversificación también puede ocurrir dentro del propio país. El mercado nacional representa una oportunidad poco explorada. Se estima que el consumo interno potencial podría alcanzar 400 millones de dólares, una cifra considerable si se toma en cuenta que actualmente la mayor parte de la producción se exporta.
En México el consumo de berries todavía es limitado en comparación con otros países. La fresa es el fruto más conocido y consumido históricamente. En cambio, productos como el arándano o la zarzamora aún no forman parte habitual de la dieta de muchas regiones del país.
Promover campañas de consumo interno podría generar un mercado alternativo importante. Esto permitiría que, en caso de una crisis comercial o restricciones internacionales, los productores cuenten con otra salida para su fruta.
La experiencia reciente demuestra que los escenarios globales pueden cambiar de manera inesperada. Crisis sanitarias, restricciones logísticas o conflictos comerciales pueden alterar los flujos internacionales de alimentos. En ese contexto, depender exclusivamente de un mercado externo implica asumir riesgos considerables.
Diversificar mercados, desarrollar productos procesados y fortalecer el consumo nacional aparecen como tres caminos complementarios. No se trata de abandonar el mercado norteamericano, que seguirá siendo fundamental, sino de construir una industria más resiliente y flexible.
A pesar de los desafíos, el panorama general sigue siendo positivo. Incluso con las dificultades asociadas a la pandemia, las proyecciones indican que la industria de berries cerrará el año con crecimiento. Esto confirma la fortaleza estructural del sector, sustentada en la demanda global de alimentos saludables y en la capacidad productiva del campo mexicano.
El futuro de las berries dependerá de cómo evolucione esta estrategia. Mantener la calidad del producto, mejorar los sistemas logísticos y ampliar los destinos comerciales serán decisiones clave para consolidar uno de los sectores más dinámicos de la agricultura mexicana.

