Episodio 209: Claves para el manejo del cultivo del arándano con Edgar Roldán

Claves para el manejo del cultivo del arándano con Edgar Roldán

Descarga mi plantilla gratuita…

Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La producción de arándano en México crece rápido, pero todavía existe un enorme espacio para mejorar su manejo y rentabilidad. En esta conversación con Edgar Roldán se exploran claves prácticas, ventanas de mercado y decisiones agronómicas que determinan si un proyecto será rentable o se convertirá en un problema costoso.

A partir de su experiencia en campo, Edgar Roldán explica cómo tomar decisiones desde el inicio del proyecto: elegir la calidad del agua, planificar podas estratégicas y entender ventanas de precio. Estas variables definen cuándo producir, cómo manejar el cultivo y por qué el arándano sigue siendo un negocio atractivo.

El cultivo de arándano en México aún tiene un margen enorme de crecimiento. Aunque en los últimos años la superficie plantada ha aumentado, todavía queda mucho territorio con potencial productivo que no ha sido aprovechado. Estados como Jalisco, Michoacán y Sinaloa concentran gran parte de la producción nacional, mientras otras regiones apenas comienzan a explorar el cultivo.

Desde el punto de vista productivo, el arándano se ha convertido en un motor importante para generar empleo y exportaciones. Buena parte de la fruta mexicana se dirige al mercado de Estados Unidos, que continúa siendo el principal destino comercial. Este mercado tiene una ventaja logística clara para México: la fruta puede llegar en pocos días, mientras que países sudamericanos necesitan varias semanas para colocar su producto.

Aun así, la competencia internacional es cada vez más fuerte. Países como Perú han incrementado su producción de forma muy acelerada. Este crecimiento impacta sobre todo en la ventana de otoño, cuando grandes volúmenes de fruta sudamericana llegan al mercado. Chile también participa con envíos importantes durante el invierno, lo que presiona los precios.

Sin embargo, el mercado ha aprendido a diferenciar la fruta. La cercanía geográfica permite que el producto mexicano llegue con mejor frescura y mayor calidad, algo que muchas veces compensa la presión de volumen generada por otros países.

La producción mexicana se concentra principalmente entre finales de enero y junio. El pico de producción suele presentarse en marzo y abril, periodo que coincide con un momento atractivo de precios. Después de mediados de abril, cuando comienza la producción local en Estados Unidos, los precios tienden a disminuir.

También existe una producción temprana que puede iniciarse desde agosto en zonas de mayor altitud. Este tipo de producción requiere condiciones específicas de clima frío, como las que se encuentran en algunas áreas de la sierra purépecha. En estos casos, la cosecha se extiende hasta enero o febrero.

Las condiciones climáticas influyen mucho en estas ventanas. Las lluvias de septiembre y octubre, por ejemplo, pueden retrasar la maduración de la fruta y mover los picos de producción hacia noviembre. Esto demuestra que, aunque el calendario productivo es relativamente estable, siempre existen variaciones asociadas al clima.

Cuando alguien piensa en establecer un proyecto de arándano, el primer aspecto que se analiza no es el suelo, sino el agua. Hoy en día la mayoría de los cultivos se establecen en hidroponía, utilizando macetas con sustrato. Por esa razón, la calidad del agua se vuelve un factor crítico.

Los parámetros más vigilados son la conductividad eléctrica y las concentraciones de sodio, boro y bicarbonatos. Un agua con conductividad cercana a 0.5 puede ser aceptable, pero valores más altos empiezan a reducir el rendimiento. También se considera riesgoso cuando el sodio supera aproximadamente las 30 partes por millón.

Además de la calidad, es fundamental asegurar suficiente disponibilidad de agua. Existen proyectos que fracasan simplemente porque el pozo o la fuente hídrica no puede sostener las necesidades del cultivo.

Una vez que el agua cumple con los requisitos, el siguiente paso es diseñar el sistema de riego. Se elaboran planos hidráulicos y se intenta que los terrenos tengan formas lo más regulares posible. Un terreno bien distribuido reduce costos en infraestructura, materiales y manejo.

En cuanto al sustrato, la fibra de coco importada es uno de los materiales más utilizados. Las mezclas suelen incluir diferentes proporciones de chip, polvillo y fibra fina. Las partículas más grandes permiten una degradación más lenta del material y aumentan la durabilidad del sistema.

Aunque el coco importado ya viene lavado, en campo normalmente se realizan lavados adicionales para reducir la conductividad inicial. Esto se hace de forma gradual, porque el sustrato puede presentar valores relativamente altos al inicio.

Una de las razones por las que muchos productores han migrado hacia hidroponía es el retorno de inversión. En sistemas en suelo la recuperación suele tardar alrededor de tres años, mientras que en hidroponía puede lograrse en el segundo año gracias a mayores rendimientos y producción más temprana.

Aun así, el sistema hidropónico también implica riesgos. Si se interrumpe el suministro eléctrico o el riego durante varios días, las plantas pueden sufrir estrés severo y perder rendimiento. También pueden presentarse problemas si la fuente de agua se agota o si el proyecto se desarrolla con una asesoría técnica deficiente.

Cuando se habla de manejo del cultivo, uno de los puntos más importantes es la programación de las podas. La poda permite acomodar la producción en los momentos del año donde el precio es más alto. En otras palabras, no se trata solamente de producir más fruta, sino de producirla cuando el mercado paga mejor.

Esta estrategia puede marcar la diferencia económica. Incluso una producción moderada puede generar buenos ingresos si coincide con las ventanas de precio más favorables.

El monitoreo constante también es clave en sistemas hidropónicos. Se revisan diariamente variables como la conductividad eléctrica y el pH del agua de riego, así como los valores del drenaje. También se controla el volumen de agua aplicado por planta.

En términos generales, se busca una conductividad de entrada cercana a 0.7 o 0.9 y un pH entre 4.5 y 5. El drenaje suele mantenerse entre 35% y 45% durante el desarrollo vegetativo, aumentando hasta cerca de 50% en etapas de llenado de fruta.

Desde el punto de vista nutricional, el cultivo suele demandar cantidades importantes de nitrógeno en forma de sulfato de amonio. También requiere micronutrientes que, en muchos casos, se aplican en forma de sulfatos para contribuir a mantener la acidez de la solución nutritiva.

Las plagas y enfermedades varían según la región y el momento de producción. En zonas de cosecha temprana uno de los problemas más importantes es la drosophila, mientras que en periodos de lluvia la botritis puede causar daños severos.

Sin embargo, en años recientes una de las plagas más complicadas ha sido el trips, especialmente en ciertas variedades. Este insecto puede afectar seriamente la calidad de la fruta y requiere estrategias preventivas constantes.

Entre las enfermedades, la roya suele convertirse en un problema importante en regiones donde las lluvias coinciden con etapas de crecimiento vegetativo. Por esta razón muchos productores aplican programas preventivos con fungicidas sistémicos durante todo el desarrollo.

En cuanto a variedades, durante muchos años Biloxi ha sido una de las más utilizadas porque se adapta bien a las condiciones de México. No obstante, el mercado está empezando a exigir frutas más grandes.

Actualmente se buscan calibres superiores a 18 milímetros, lo que ha impulsado el desarrollo de nuevas variedades provenientes de programas genéticos privados. Estas variedades buscan combinar alto rendimiento para el productor con buen tamaño y sabor para el consumidor.

A pesar de estos avances, Biloxi sigue siendo una variedad importante. Su sabor y adaptación al clima mexicano hacen que continúe siendo competitiva, aunque con el tiempo probablemente compartirá espacio con nuevas genéticas.

Otro aspecto relevante es el consumo interno. En México el arándano todavía no tiene una cultura de consumo tan fuerte como en otros países. Parte de esto se debe al precio relativamente alto de la fruta y a la falta de promoción en el mercado nacional.

Aun así, las perspectivas del cultivo siguen siendo positivas. El consumo en Estados Unidos continúa creciendo y la demanda todavía supera la oferta disponible. Esto sugiere que el arándano seguirá siendo un negocio atractivo al menos durante los próximos años.

Desde esta perspectiva, el cultivo todavía tiene espacio para expandirse. Aunque países como Perú han incrementado su superficie de forma muy agresiva, la producción mexicana sigue siendo relativamente pequeña en comparación.

Por esa razón, el arándano todavía se perfila como una oportunidad importante para productores que estén dispuestos a manejar el cultivo con precisión técnica y entender bien las dinámicas del mercado.