Episodio 252: Cómo gestionar el riego agrícola adecuadamente con Rodrigo Tissera

Cómo gestionar el riego agrícola adecuadamente con Rodrigo Tissera
Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo

La gestión del agua dejó de ser una opción y se volvió una decisión estratégica, con impacto directo en costos, rendimiento y sostenibilidad. En esta conversación con Rodrigo Tissera de Kilimo, se expone cómo la tecnología permite pasar de decisiones intuitivas a un manejo preciso del riego agrícola.

Aquí se explica cómo combinar datos climáticos, imágenes satelitales y acompañamiento técnico para definir cuándo y cuánto regar. Kilimo aparece como un ejemplo claro de cómo la agricultura puede volverse más eficiente sin complicar la operación diaria, incluso en contextos donde la adopción tecnológica es limitada.

La gestión del riego se redefine como un proceso basado en información, no en costumbre. Se deja claro que producir más ya no es suficiente; ahora se exige hacerlo utilizando menos recursos, especialmente agua. En este contexto, la huella hídrica surge como un indicador clave que mide cuánta agua se utiliza para producir un kilogramo de alimento, y su relevancia crece por la presión de los mercados y consumidores.

Se entiende que una correcta gestión del riego no es universal. Depende del tipo de sistema, del contexto climático y de la capacidad del agricultor. Sin embargo, hay un elemento común: medir. Sin medición no hay forma de identificar problemas ni mejorar procesos. Este principio se repite como base de cualquier decisión eficiente.

Uno de los problemas más frecuentes es que el riego se sigue manejando por tradición. Las decisiones se toman por herencia o intuición, sin considerar que las condiciones actuales ya no son las mismas. Cambios en clima, disponibilidad de agua y tipos de cultivo hacen que las “recetas” dejen de funcionar. Aquí es donde la tecnología adquiere valor, porque permite trabajar con datos reales y actualizados.

Se plantea que saber cuándo y cuánto regar es una de las decisiones más complejas. Incluso productores con experiencia fallan porque no cuentan con información suficiente. La variabilidad climática exige una lectura constante del entorno. La tecnología ayuda al integrar datos climáticos, interpretar escenarios y anticipar necesidades.

En este contexto, la propuesta de Kilimo se centra en simplificar la toma de decisiones. Su enfoque no es entregar datos complejos, sino traducirlos en recomendaciones claras. El sistema integra información climática, imágenes satelitales y características del cultivo para generar una indicación directa sobre el riego.

El uso de imágenes satelitales permite medir el llamado índice verde, que refleja la actividad fotosintética del cultivo. Esto se traduce en una estimación de cuánta agua está utilizando la planta. Al combinar este dato con variables climáticas como temperatura, humedad, radiación y viento, se obtiene una estimación precisa de la demanda hídrica.

El resultado es una recomendación concreta. No se obliga al agricultor a interpretar datos, aunque la información está disponible para análisis más profundos. Esta dualidad permite adaptarse tanto a productores que buscan simplicidad como a técnicos que requieren detalle.

Otro punto clave es el acompañamiento. La tecnología por sí sola no garantiza adopción. Por eso, cada usuario cuenta con soporte técnico continuo. Este acompañamiento ayuda a interpretar la herramienta, resolver dudas y adaptar las recomendaciones a la realidad del campo.

Se reconoce que uno de los mayores retos es la adopción tecnológica, especialmente en contextos donde los agricultores tienen mayor edad o menor acceso a herramientas digitales. La solución es simplificar el acceso. La plataforma funciona con teléfono, puede operar sin internet e incluso permite enviar recomendaciones por llamada o mensaje.

Este enfoque elimina barreras. No se requiere instalación compleja ni conocimientos avanzados. Desde el inicio, el agricultor puede recibir recomendaciones con solo proporcionar la ubicación de su campo.

Además de la recomendación de riego, la plataforma permite análisis más avanzados. Se pueden revisar históricos climáticos, comparar parcelas, analizar rendimientos y detectar zonas problemáticas. Esto convierte la herramienta en un sistema de gestión integral.

Un componente relevante es la generación de reportes de impacto. Se mide ahorro de agua, reducción de energía y cambios en la producción. Esto permite visualizar resultados concretos y justificar el uso de la tecnología.

En términos de impacto, se reporta una reducción promedio de entre 20% y 25% en el uso de agua, sin afectar el rendimiento. En algunos casos, incluso se observan mejoras productivas. Esto se explica porque el exceso de agua también perjudica al cultivo, generando problemas como falta de oxígeno en el suelo.

El efecto no se limita al agua. También se reduce el uso de fertilizantes y energía, lo que impacta directamente en costos. Esto refuerza la idea de que una mejor gestión del riego tiene efectos múltiples en la operación agrícola.

La conversación también profundiza en la huella hídrica. Se define como un indicador que relaciona el agua utilizada con la producción obtenida. Para calcularla se necesitan tres datos: la necesidad del cultivo, el agua aplicada y el rendimiento.

El principal desafío es la precisión. Sin datos confiables, el cálculo pierde valor. Aquí es donde la tecnología facilita el proceso, ya que permite registrar y procesar información de forma continua.

Se destaca que Kilimo genera los datos necesarios, pero la certificación la realiza un tercero. Esto garantiza credibilidad y permite que los agricultores obtengan certificaciones reconocidas. También se menciona la posibilidad de mejorar la huella hídrica con el uso de la herramienta.

Otro punto importante es la trazabilidad. La medición se realiza por parcela, lo que permite identificar diferencias dentro de un mismo campo. Esto abre la puerta a decisiones más específicas y eficientes.

Se reconoce que la tecnología no resuelve todos los problemas. Si el sistema de riego está mal instalado o calibrado, la eficiencia será limitada. Sin embargo, también se pueden detectar estas fallas a través del análisis de datos.

En cuanto al futuro, se plantea un escenario donde la sostenibilidad tenga un valor económico. Se menciona la posibilidad de crear mercados que premien el ahorro de agua, similar a los bonos de carbono. Esto incentivaría prácticas más responsables.

La visión es que la gestión del riego deje de ser una tarea operativa y se convierta en una estrategia basada en datos. La combinación de tecnología, acompañamiento y simplicidad aparece como el camino para lograrlo.

Finalmente, se enfatiza que los resultados dependen de la interacción entre herramienta y agricultor. La tecnología ofrece información, pero la ejecución sigue siendo clave. El valor se genera cuando ambos trabajan en conjunto.