Episodio 280: Las claves de la agricultura urbana vertical de interiores con Juan Succar

Las claves de la agricultura urbana vertical de interiores con Juan Succar

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Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


La agricultura enfrenta un punto crítico: producir más con menos recursos y acercar los alimentos al consumidor. En esta conversación con Juan Gabriel Zuccar, se exploran soluciones basadas en agricultura vertical, producción en interiores y tecnificación agrícola, mostrando cómo transformar modelos tradicionales sin reemplazarlos completamente.

A través de la experiencia de Verde Compacto, se presenta un enfoque práctico para resolver problemas como el desperdicio de agua, la dependencia de intermediarios y la estacionalidad. Se analizan conceptos clave como hidroponía, ambientes controlados y producción constante, ofreciendo una visión clara de hacia dónde evoluciona la producción de alimentos.

Se parte de una preocupación concreta: el sistema actual de producción de alimentos tiene fallas estructurales que ya no pueden ignorarse. Se identifican tres problemas principales. El primero es el uso ineficiente del agua. Una gran parte del agua destinada a la agricultura se desperdicia por prácticas poco optimizadas, lo que convierte al recurso hídrico en un factor crítico para el futuro.

El segundo problema es la presión sobre la tierra. La expansión agrícola ha provocado deforestación y degradación del suelo, impulsada por el uso intensivo de agroquímicos y la necesidad de producir más. El tercero es la complejidad de la cadena agroalimentaria, donde múltiples intermediarios generan pérdidas, encarecen los productos y reducen los márgenes para quienes producen.

Ante este escenario, surge una alternativa que no busca reemplazar la agricultura tradicional, sino complementarla. La agricultura vertical de interiores se plantea como una solución enfocada en la eficiencia. Se trata de producir en espacios cerrados, con control total de las variables que afectan el crecimiento de las plantas.

En este modelo, el cambio de mentalidad es clave. Se deja de pensar en metros cuadrados para comenzar a pensar en metros cúbicos. La producción se desarrolla en vertical, aprovechando el espacio en altura y multiplicando la capacidad productiva en áreas reducidas.

El sistema se basa principalmente en dos componentes. Por un lado, la hidroponía vertical, que permite cultivar sin suelo y con un uso altamente eficiente del agua. Por otro, el control ambiental automatizado, donde se regulan variables como temperatura, humedad, dióxido de carbono, iluminación y nutrición.

Esto permite que las plantas reciban exactamente lo que necesitan en cada etapa. No hay excesos ni carencias. El resultado es una producción constante, predecible y de alta calidad durante todo el año, independientemente de las condiciones externas.

Uno de los elementos más representativos de este modelo es el uso de contenedores adaptados como granjas. En un espacio de aproximadamente 30 metros cuadrados, se puede lograr una producción equivalente a la de media hectárea en campo abierto. Esto es posible gracias a la continuidad de los ciclos y al control total del entorno.

Además, se elimina prácticamente el riesgo asociado al clima y a las plagas. Al estar en un ambiente cerrado, se reduce la necesidad de pesticidas y se asegura una mayor estabilidad en la producción. Esto impacta directamente en la rentabilidad y en la calidad del producto final.

El uso del agua es otro punto crítico. En estos sistemas, el recurso se reutiliza continuamente, lo que permite aprovechar el 100% del agua utilizada. En cultivos como la lechuga, el ahorro puede ser significativo en comparación con métodos tradicionales.

Desde el punto de vista económico, el modelo también presenta ventajas. Se menciona que el retorno de inversión puede lograrse en un periodo de entre tres y cuatro años, dependiendo del cultivo, la ubicación y el mercado al que se dirige el producto.

Uno de los beneficios más claros es la posibilidad de generar flujo constante de ingresos. A diferencia de cultivos estacionales, aquí se puede producir los 365 días del año. Esto permite estabilizar el negocio y reducir la dependencia de ciclos agrícolas tradicionales.

También cambia la forma de comercializar. Al producir cerca del consumidor final, se eliminan intermediarios y se mejora el margen de ganancia. Esto abre oportunidades para vender directamente a restaurantes, tiendas o consumidores locales.

El perfil de quienes adoptan esta tecnología es diverso. No se limita a jóvenes ni a especialistas. Gracias al nivel de automatización, cualquier persona puede operar estos sistemas con la capacitación adecuada. Esto amplía el acceso a la producción agrícola a nuevos perfiles.

En términos operativos, la eficiencia es notable. Una sola persona puede manejar varios contenedores sin necesidad de maquinaria pesada ni grandes equipos de trabajo. Las actividades principales se concentran en tres momentos: germinación, trasplante y cosecha.

El resto del tiempo se destina a tareas de mantenimiento, supervisión y comercialización. Todo se puede planificar con anticipación, lo que permite estructurar una producción continua y organizada.

En cuanto a los cultivos, predominan las hortalizas de hoja, hierbas aromáticas y microgreens. Sin embargo, el sistema es flexible y permite experimentar con diferentes productos, dependiendo del mercado y la rentabilidad esperada.

A nivel estratégico, se plantea que la agricultura vertical tendrá un crecimiento más acelerado en zonas urbanas o en regiones donde la cadena de suministro es compleja. En países con condiciones agrícolas favorables, como México, su papel será principalmente complementario.

Sin embargo, también se advierte un cambio en el entorno global. Algunos mercados están comenzando a producir localmente mediante estos sistemas, lo que podría afectar a países exportadores si no se adaptan a estas nuevas tendencias.

Por eso, la recomendación es clara: no se trata de abandonar la agricultura tradicional, sino de integrar nuevas tecnologías que permitan mejorar la eficiencia, diversificar ingresos y responder a los cambios del mercado.

La visión a futuro se centra en una combinación de soluciones. No hay una única respuesta al reto de alimentar a una población creciente. La clave está en integrar diferentes modelos productivos que permitan producir más, con menos recursos y de forma más cercana al consumidor.

En este contexto, la agricultura vertical se posiciona como una herramienta estratégica. No sustituye lo existente, pero sí redefine la forma en que se produce, se distribuye y se consume alimento.

El enfoque final es práctico. Se trata de entender el problema, adoptar tecnología cuando tenga sentido y construir modelos de negocio más resilientes. La invitación es a anticiparse, adaptarse y participar en la transformación del sistema agroalimentario.