Episodio 302: Platicando sobre las certificaciones en el campo y la manufactura con Dania Gámez

Platicando sobre las certificaciones en el campo y la manufactura con Dania Gámez

Las certificaciones en el agro parecen complejas, pero en realidad son herramientas prácticas para lograr orden, eficiencia y acceso a mercados. Dania Gámez explica cómo funcionan estos esquemas y por qué cada vez más empresas los adoptan. Aquí se entiende su valor real sin rodeos ni conceptos innecesarios.

Detrás de cada producto agrícola hay procesos que deben cumplir estándares, auditorías y requisitos del cliente. Dania Gámez muestra cómo estos sistemas impactan desde la producción hasta la comercialización, y por qué ignorarlos puede limitar oportunidades. También aclara diferencias clave que suelen confundirse en el sector.

Al escuchar a Dania, queda claro que los sistemas de gestión no son documentos estáticos, sino estructuras vivas que dependen completamente de las personas. Se construyen, se mantienen y evolucionan dentro de la operación diaria. Por eso, muchas empresas fallan: buscan soluciones externas en lugar de integrar estos sistemas en su cultura.

Se percibe que una de las principales barreras es la resistencia natural a seguir lineamientos. A nadie le gusta que le digan cómo hacer las cosas, pero estos esquemas existen precisamente para asegurar consistencia. La estandarización no elimina la flexibilidad, pero sí obliga a cumplir ciertos mínimos. Eso genera orden sin impedir adaptación.

Cuando se habla de ISO, se entiende que no son obligatorias por ley, pero sí por mercado. El cliente se convierte en el verdadero regulador. Si alguien quiere vender, tiene que alinearse a lo que el comprador exige. Esto cambia completamente la lógica: no se trata de cumplir por obligación, sino por competitividad.

También se observa que las ISO funcionan como un lenguaje común. Una empresa en México y otra en Europa pueden operar bajo el mismo estándar, lo que genera confianza inmediata. Ese es uno de los mayores beneficios: reducir la incertidumbre en la cadena de suministro.

Un punto clave es el ciclo PHVA, que estructura la mejora continua: planear, hacer, verificar y actuar. No es teoría, es una forma de operar. Permite documentar procesos, detectar errores y corregirlos. Sin este ciclo, no hay mejora real, solo repetición de errores.

Otro aspecto importante es la preservación del conocimiento. Cuando una persona clave se va, el sistema evita que todo se pierda. La información documentada permite continuidad. Sin eso, cada cambio de personal implica empezar desde cero, lo cual es ineficiente y costoso.

Se distingue claramente entre estandarización y certificación. La primera implica aplicar los lineamientos; la segunda, demostrarlo ante un tercero. La certificación llega después de una auditoría independiente que valida el cumplimiento. No basta con decir que se hace bien, hay que probarlo.

Las auditorías evalúan evidencia: documentos, procesos y resultados. No buscan perfección, sino cumplimiento mínimo. Las no conformidades determinan el estado del sistema. Pueden ser menores, mayores o críticas. Las críticas ponen en riesgo la certificación, lo que impacta directamente en la operación comercial.

En el sector agroalimentario aparecen otros esquemas más específicos, como GlobalG.A.P. o Primus. A diferencia de ISO, están diseñados directamente para producción agrícola. Se enfocan en buenas prácticas y generan confianza en cómo se producen los alimentos.

GlobalG.A.P., por ejemplo, tiene categorías según el tipo de producción: cultivos, acuicultura o ganadería. Además, incluye niveles adicionales que incorporan bienestar animal y evaluación de riesgos. Esto muestra cómo los estándares evolucionan hacia una visión más integral.

Luego aparece SMETA dentro de la plataforma SEDEX, que introduce un enfoque distinto. No se centra tanto en calidad o inocuidad, sino en responsabilidad social, condiciones laborales y aspectos ambientales. Esto responde a nuevas exigencias del mercado global.

Aquí se nota un cambio importante: ya no basta con producir bien, también importa cómo se produce. Las condiciones laborales, el respeto a derechos humanos y el impacto ambiental se vuelven criterios de evaluación. Esto redefine lo que significa cumplir.

SEDEX funciona como una plataforma donde múltiples compradores establecen criterios comunes. Así, los proveedores pueden certificarse una vez y cumplir para varios clientes. Esto reduce duplicidad de auditorías y simplifica procesos.

También se aborda el tema de certificaciones orgánicas, donde el estándar depende del mercado destino. No existe un único criterio global. Cada país define sus reglas, y el productor debe adaptarse según dónde quiera vender. Esto obliga a conocer bien los requisitos de cada mercado.

En México, existen lineamientos como los de SENASICA, pero su alcance es diferente al de certificaciones internacionales. Cuando el objetivo es exportar, las reglas externas dominan. Esto refuerza la idea de que el mercado define las condiciones.

Para quienes quieren entrar a este campo profesional, no hay una carrera específica. Lo importante es desarrollar curiosidad, disciplina y disposición para aprender constantemente. Se requiere leer normas, tomar cursos y entender distintos esquemas.

Se enfatiza que el conocimiento técnico es importante, pero también la capacidad de adaptación. Cada sector tiene sus propias reglas, y quien trabaja en certificaciones debe dominar varias al mismo tiempo.

En la parte conceptual, se aclara una confusión frecuente entre inocuidad y seguridad alimentaria. La inocuidad se refiere a que un alimento no cause daño a la salud. La seguridad alimentaria, en cambio, implica acceso suficiente a alimentos.

Esta diferencia es fundamental. Un alimento puede verse imperfecto y seguir siendo inocuo. La percepción visual no define su seguridad. Aquí se hace un llamado a cambiar la forma de pensar como consumidores.

También se menciona que los estándares no solo benefician a las empresas. Impactan a toda la cadena: productores, distribuidores y consumidores. Generan confianza, reducen riesgos y promueven prácticas más responsables.

Finalmente, queda una idea clara: todos tienen un rol. El productor debe trabajar con responsabilidad, y el consumidor debe ser consciente. El sistema funciona mejor cuando ambos lados actúan con criterio.

Se concluye que las certificaciones no son un requisito burocrático, sino una herramienta estratégica. Permiten crecer, acceder a mercados y mejorar procesos. Ignorarlas no es una opción viable en un entorno cada vez más exigente.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.