El desarrollo de contenidos técnicos agrícolas sigue siendo un área poco explotada, a pesar de su impacto directo en la transferencia de conocimiento. José Luis Jiménez Borjas muestra cómo estructurar información útil para empresas, convirtiendo experiencia práctica en materiales que mejoran decisiones productivas y reducen errores en campo.
La conversación gira en torno a la creación, validación y comercialización de información agrícola, abordando procesos reales, tiempos de desarrollo y retos del mercado. José Luis Jiménez Borjas explica cómo transformar conocimiento técnico en productos concretos que generan valor tanto para empresas como para profesionales del sector.
Se parte de una idea clara: existe una enorme cantidad de conocimiento en el campo que no está documentado. Técnicos, ingenieros y especialistas acumulan experiencia durante años, pero gran parte de ese aprendizaje se queda en su mente o se transmite solo de forma directa a unas pocas personas. Esto limita su alcance y provoca que, con el tiempo, ese conocimiento se pierda o se diluya.
Desde esa necesidad surge el enfoque de José Luis Jiménez Borjas, quien identifica un vacío importante en temas como la agricultura protegida. Observa que muchos proyectos fracasan no por falta de recursos, sino por falta de información clara y aplicada. Esa carencia se convierte en el punto de partida para comenzar a escribir.
Su trayectoria inicia desde la práctica agrícola. La experiencia en evaluación de materiales, manejo de cultivos, nutrición y control de plagas le permite construir una base sólida. No se trata de teoría aislada, sino de conocimiento que viene directamente del campo. Esa combinación entre práctica y observación es lo que después se traduce en contenidos técnicos útiles.
El primer paso en este camino es la creación de un manual sencillo sobre manejo de cultivos en ambientes controlados. Aunque básico, el material tiene buena aceptación. Ese resultado confirma que existe demanda y abre la puerta a desarrollar más contenidos. A partir de ahí, la producción de textos se vuelve constante hasta alcanzar alrededor de 30 ediciones en distintos temas agrícolas.
Uno de los aspectos más relevantes es la forma en que se construyen estos contenidos. No se habla de investigación en el sentido académico tradicional, sino de una compilación estructurada. Se revisa información existente, se selecciona lo más relevante y se organiza de manera clara y directa. El objetivo no es demostrar conocimiento, sino facilitar su uso.
Se insiste en evitar la “paja”. La información debe ser concreta, con párrafos cortos y enfoque práctico. Esta decisión responde a una realidad: muchas personas en el sector agrícola no tienen tiempo o interés en leer textos extensos. Por eso, la claridad y la síntesis se vuelven elementos clave.
El proceso de desarrollo sigue una lógica particular. Primero se identifica un tema actual o con potencial de crecimiento, como berries, papa o cannabis. Luego se comienza a recopilar información incluso antes de tener un patrocinador. Se avanza en la elaboración del contenido hasta tener un material sólido. Solo después se busca a las empresas interesadas.
Este enfoque implica un riesgo, pero también ofrece una ventaja importante: se presenta un producto terminado. Las empresas pueden evaluar directamente el contenido, lo que facilita la decisión de invertir en su publicación. Sin embargo, no siempre es un proceso rápido. En algunos casos, conseguir patrocinio puede tomar años.
El caso del libro sobre berries lo ejemplifica bien. El contenido ya estaba listo, pero el patrocinio tardó aproximadamente cinco años en concretarse. Este punto deja claro que la persistencia es un factor determinante en este tipo de trabajo.
Una vez que una empresa se interesa, el proceso continúa con una revisión técnica. El material se entrega en formato editable para que especialistas de la empresa validen la información. Se hacen ajustes, correcciones y mejoras antes de la versión final. Esto garantiza que el contenido tenga respaldo técnico y sea útil para el usuario final.
En cuanto a los temas abordados, la variedad es amplia. Incluye plagas y enfermedades en solanáceas, cítricos, berries, así como manuales completos de cultivos como papa o frutales. También se desarrollan contenidos más específicos como bacterias, hongos, virus y nematodos fitopatógenos. Esta diversidad responde a la demanda del sector y a las tendencias agrícolas.
Un punto clave es la relación con las empresas. El modelo funciona bajo un esquema de ganar-ganar. La empresa obtiene un material técnico que puede usar con fines comerciales o educativos, mientras que el autor recibe una compensación económica y posicionamiento profesional. Saber negociar y definir el valor del trabajo es fundamental.
Aquí aparece uno de los aprendizajes más importantes: aprender a cobrar. Al inicio, no siempre se tiene claridad sobre el valor del trabajo. Con el tiempo, se entiende que el conocimiento y el esfuerzo invertido deben reflejarse en el precio. Este ajuste es parte del crecimiento profesional.
También se reconoce que no es un camino sencillo. Uno de los mayores retos es la comercialización. No basta con tener un buen contenido; es necesario saber a quién ofrecerlo, cómo presentarlo y cómo cerrar acuerdos. Esto implica desarrollar habilidades adicionales más allá de lo técnico.
Para quienes buscan iniciarse en este ámbito, se plantean tres recomendaciones principales. La primera es trabajar con información confiable y actualizada, evitando fuentes poco rigurosas. La segunda es aprender a valorar y cobrar el trabajo. La tercera es saber presentar propuestas claras a las empresas.
Otro aspecto relevante es la anticipación. En lugar de esperar a que surja una oportunidad, se comienza a trabajar en temas que se consideran relevantes en el futuro. Esto permite tener materiales listos cuando aparece la demanda. Es una estrategia que combina visión y preparación.
Además, se destaca la importancia de la formación. La experiencia acumulada en distintas áreas agrícolas, junto con el aprendizaje continuo, permite desarrollar contenidos con mayor profundidad. No se trata solo de escribir, sino de entender el contexto técnico de lo que se está comunicando.
El tiempo de desarrollo varía según el proyecto. Un primer libro puede tomar hasta un año, mientras que otros materiales pueden avanzar más rápido gracias a la experiencia acumulada. Sin embargo, el proceso completo, desde la idea hasta la publicación, puede extenderse considerablemente.
Finalmente, se refuerza una idea central: el conocimiento debe compartirse. Guardarlo limita su impacto. Documentarlo, estructurarlo y difundirlo permite que llegue a más personas y contribuya al desarrollo del sector agrícola. Esa es la base de todo el enfoque.
En paralelo, también se hace un llamado a las empresas que inician proyectos agrícolas. Se recomienda rodearse de personal capacitado, contar con asesores especializados y aplicar buenas prácticas. La información técnica, bien utilizada, puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.
En conjunto, se presenta un modelo de trabajo donde la experiencia se transforma en contenido, el contenido en producto y el producto en valor para el sector agrícola. Una forma concreta de convertir conocimiento en impacto real.


