La certificación orgánica no es un trámite más, es el punto que define acceso a mercado, confianza y valor real. En esta conversación con César Cartagena de OMRI, se explica cómo funcionan los insumos certificados y por qué su validación técnica se ha vuelto indispensable.
El crecimiento del mercado orgánico exige claridad: qué se puede usar, qué no, y bajo qué criterios. OMRI se posiciona como referente técnico en esta validación, aportando confianza a productores, certificadoras y compradores dentro de un sistema que demanda transparencia, rigor técnico y cumplimiento constante.
Entender la certificación en producción orgánica obliga a separar dos conceptos que suelen confundirse: la certificación del sistema productivo y la validación de insumos. En ese espacio específico es donde opera OMRI, una organización sin fines de lucro dedicada exclusivamente a revisar qué materiales pueden utilizarse dentro de sistemas orgánicos. Su función no sustituye a las certificadoras, sino que las complementa, resolviendo una de las partes más complejas del proceso.
El valor de OMRI radica en su especialización. Mientras las certificadoras revisan el sistema completo, incluyendo historial del terreno, prácticas de manejo y cumplimiento normativo, OMRI se enfoca en analizar cada insumo de forma detallada. Esto implica evaluar ingredientes, origen, procesos de fabricación y posibles aditivos. La profundidad técnica de esta revisión explica por qué esta tarea fue separada del resto del proceso de certificación.
La existencia de OMRI responde a una necesidad operativa clara. En los inicios de la regulación orgánica en Estados Unidos, las certificadoras enfrentaban dos problemas: la revisión de insumos consumía demasiado tiempo y requería conocimientos altamente especializados. Además, los fabricantes eran reticentes a compartir información sensible sobre sus formulaciones. La solución fue crear una entidad independiente que pudiera manejar esa información con confidencialidad y rigor técnico.
Así surge un sistema donde OMRI revisa y lista insumos aprobados, y las certificadoras utilizan esa información para agilizar sus procesos. Este esquema no solo mejora la eficiencia, también eleva la confianza dentro del mercado. Cuando un producto tiene el sello OMRI, existe una validación previa que reduce incertidumbre durante inspecciones o auditorías.
La confianza es uno de los pilares más relevantes. En campo, la presencia de un insumo listado puede marcar la diferencia entre un incumplimiento y una simple corrección documental. Desde la experiencia práctica, contar con una referencia confiable permite tomar decisiones rápidas durante inspecciones y evita sanciones innecesarias.
El impacto de esta validación también se refleja en el crecimiento del mercado orgánico. Las ventas en Estados Unidos pasaron de aproximadamente 27 mil millones de dólares en 2010 a más de 52 mil millones en 2021. Este incremento no solo indica mayor demanda, sino también una necesidad creciente de sistemas que garanticen integridad en la producción.
Ese crecimiento también se observa en el número de insumos disponibles. En cinco años, OMRI pasó de alrededor de 6,500 productos listados a casi 10,000. Esta expansión evidencia una aceleración significativa en el desarrollo de soluciones compatibles con la producción orgánica. No se trata solo de más productos, sino de una diversificación que permite mayor flexibilidad a los productores.
La diferencia entre un insumo certificado y uno no certificado va más allá del cumplimiento normativo. Tener presencia en la lista OMRI funciona como una validación técnica reconocida por todo el sector. Esto facilita su adopción, mejora su posicionamiento comercial y reduce fricciones en procesos de certificación. En la práctica, se convierte en una herramienta de confianza para toda la cadena.
El proceso de revisión dentro de OMRI está diseñado para ser riguroso y transparente. Inicia con una etapa administrativa donde se recopila información básica y documentación. Posteriormente, se realiza una revisión técnica detallada que puede incluir solicitudes adicionales de información al fabricante. Este análisis no depende de una sola persona, sino que pasa por un sistema de revisión colegiada.
Cuando el caso lo requiere, intervienen paneles externos compuestos por expertos, agricultores y especialistas en certificación. Esto asegura que las decisiones no solo sean técnicamente correctas, sino también relevantes para la realidad del campo. El resultado es una evaluación que combina ciencia, normativa y experiencia práctica.
La transparencia es otro componente clave. Toda la información sobre procesos y criterios está disponible públicamente. Esto permite que productores, estudiantes y asesores comprendan cómo se toman las decisiones y qué se espera de los insumos utilizados en sistemas orgánicos. Este acceso abierto reduce la incertidumbre y facilita la adopción de mejores prácticas.
En términos estratégicos, OMRI enfrenta nuevos retos derivados de su crecimiento. Pasar de una organización pequeña a una estructura cercana a cien personas implica rediseñar procesos internos. La eficiencia en la revisión se convierte en una prioridad, especialmente en un contexto donde la demanda continúa aumentando.
También existen desafíos logísticos asociados al trabajo remoto y la expansión internacional. La coordinación entre equipos distribuidos geográficamente exige nuevas formas de colaboración. Optimizar tiempos de revisión y mantener consistencia técnica se vuelve fundamental para sostener la calidad del servicio.
Un aspecto relevante es la expansión hacia mercados como México. La implementación de la Ley de Productos Orgánicos abre oportunidades, pero también genera incertidumbre. Las normativas son recientes y tanto certificadoras como productores están en proceso de adaptación. En este contexto, el acompañamiento técnico y la generación de contenido en español se vuelven estratégicos.
El desarrollo de recursos bilingües responde a una necesidad real. No solo facilita el acceso a información, también permite interpretar correctamente normativas complejas. Esto es especialmente importante en un sector donde errores de interpretación pueden tener consecuencias económicas significativas.
La colaboración entre actores del sector aparece como un elemento central. Productores, certificadoras, organismos técnicos y autoridades enfrentan desafíos similares. La coordinación y el intercambio de información permiten avanzar de forma más eficiente. El trabajo en equipo se convierte en un factor crítico para consolidar el sistema orgánico.
En la práctica, cada participante tiene una responsabilidad específica. Desde el productor que implementa las prácticas, hasta el organismo que valida los insumos, todos contribuyen a la integridad del sistema. La certificación no es un evento aislado, sino un proceso continuo que requiere consistencia y compromiso.
La recomendación final es clara: ante cualquier duda, es necesario preguntar y validar. La complejidad de las normativas orgánicas hace inviable asumir o improvisar. Contar con fuentes confiables y canales de consulta abiertos permite evitar errores y fortalecer la operación.
La certificación orgánica, vista desde esta perspectiva, deja de ser un requisito y se convierte en una herramienta estratégica. Permite acceder a mercados, construir confianza y diferenciar productos. Pero su verdadero valor está en garantizar que lo que se produce cumple con estándares verificables y sostenibles en el tiempo.


