Episodio 365: Estrategias de riego en cultivos hidropónicos como el arándano con Antonio Acedo

Estrategias de riego en cultivos hidropónicos como el arándano con Antonio Acedo

El manejo del riego en arándano, especialmente en sistemas sin suelo, define directamente la productividad y la estabilidad del cultivo. En esta conversación, Antonio Acedo de Projar expone cómo decisiones técnicas mal fundamentadas generan pérdidas evitables y cómo un enfoque preciso permite optimizar agua, mejorar rendimiento y reducir errores críticos.

Se abordan los desafíos actuales en distintas regiones productoras, destacando la importancia de comprender el sustrato, la calidad del agua y la fisiología del cultivo. Antonio Acedo comparte criterios prácticos para diseñar estrategias de riego eficientes, apoyadas en monitoreo constante y tecnología, con el objetivo de lograr una producción estable y una gestión hídrica precisa.

El punto de partida es claro: el principal error en el cultivo de arándano hidropónico no está en la ejecución del riego, sino en el desconocimiento del sistema donde se cultiva. Se insiste en que el sustrato no debe elegirse por costumbre o disponibilidad, sino por sus propiedades reales. Entender su comportamiento es indispensable porque el arándano permanece varios años en el mismo medio, lo que provoca cambios progresivos en sus características.

Se explica que la estructura del sustrato, determinada por el tamaño de sus partículas, influye directamente en su durabilidad y funcionamiento. Este aspecto se mide a través del índice de grosor, que permite clasificar el material según su composición. A partir de ahí, se definen propiedades clave como la porosidad, la aireación y la capacidad de retención de agua. Estas variables condicionan todo el manejo del riego.

Otro problema relevante es la calidad del agua, tanto por disponibilidad como por salinidad. Se señala que en diversas regiones productoras ya existen limitaciones serias, lo que obliga incluso a considerar procesos como la desalación, con implicaciones ambientales importantes. El arándano, al ser sensible a la salinidad, amplifica este problema y obliga a un control más riguroso.

Al entrar en las estrategias de riego, se plantea una idea central: no se puede hablar de riego sin hablar primero del diseño del sistema. La estrategia comienza desde la instalación. Factores como el tipo de agua, la filtración, el diseño hidráulico y los emisores determinan el éxito posterior. Un sistema mal diseñado limita cualquier intento de optimización.

Dentro de la operación, la uniformidad del riego es crítica. Se menciona que menos del 20% de los productores logra niveles adecuados, lo que evidencia fallas principalmente en el mantenimiento. Este aspecto, aunque básico, define la consistencia del cultivo.

En el caso específico del arándano, la estrategia se diferencia de otros cultivos por la necesidad de mantener una humedad constante durante el periodo activo del día. Esto se debe a la morfología de su raíz, que carece de pelos radicales, lo que reduce su capacidad de absorción en condiciones variables.

Existen diferentes enfoques para manejar el riego. Algunos productores utilizan referencias como la evapotranspiración, mientras que otros se apoyan en el control del drenaje o en sensores de humedad. Sin embargo, se plantea que no hay una única estrategia correcta. La clave está en integrar información: comportamiento del cultivo, consumo de agua y condiciones del sustrato.

Se destaca la importancia de observar la transpiración de la planta. Aunque no existen sensores comerciales que indiquen directamente la apertura de estomas, se puede inferir la actividad de la planta mediante la absorción de agua por las raíces. Este indicador se convierte en una referencia práctica para decidir cuándo iniciar el riego.

El control del drenaje es otro elemento esencial. No se trata de alcanzar un porcentaje específico, sino de mantener una conductividad eléctrica estable en el sustrato. El drenaje permite eliminar sales acumuladas, y su ajuste depende de la tendencia observada en la conductividad, no de un valor fijo.

La estrategia de riego se resume en cuatro decisiones fundamentales: cuándo iniciar, cuánto aplicar, con qué frecuencia y cuándo detener. Este último punto se enfatiza como uno de los más ignorados. Detener el riego antes de que la planta reduzca completamente su actividad permite que la raíz continúe trabajando en condiciones óptimas, favoreciendo su crecimiento.

En cuanto a la dosificación, se explica que depende de la capacidad del sustrato, su retención de agua y el caudal de los emisores. La frecuencia, en cambio, se ajusta según la demanda del cultivo. Se advierte sobre un error común: modificar la cantidad de riego en lugar de ajustar la frecuencia. La recomendación es mantener una dotación constante y modificar el número de eventos.

El análisis del sistema radicular también aporta información valiosa. La distribución de raíces dentro del contenedor puede indicar si los riegos son demasiado largos o insuficientes. Este tipo de observación complementa los datos técnicos.

Respecto a la tecnología, se considera indispensable el uso de herramientas de monitoreo en cultivos sin suelo. Los tensiómetros y sensores de humedad permiten identificar con precisión el inicio de la actividad de la planta y ajustar el riego en consecuencia. Estos dispositivos, especialmente cuando están conectados a aplicaciones móviles, facilitan la toma de decisiones en tiempo real.

Se explica que los sensores de humedad muestran patrones claros durante el día. Durante la noche, la humedad se mantiene estable, pero al inicio de la actividad vegetal se observa una caída que indica el momento adecuado para comenzar a regar. Este tipo de información permite afinar la estrategia.

Además, los sensores de conductividad eléctrica y temperatura aportan datos adicionales. No se trata del valor puntual, sino de la tendencia. Esta tendencia permite ajustar el drenaje y evitar acumulaciones de sales.

Se menciona también la posibilidad de automatizar el sistema de riego, integrando sensores con equipos de control. Sin embargo, se advierte que la supervisión humana sigue siendo necesaria. La automatización sin monitoreo puede generar errores si ocurre alguna alteración en los sensores o en el sistema.

Finalmente, se plantea que la agricultura no es un proceso completamente controlable. La observación constante y la adaptación son esenciales. El manejo del riego en arándano no depende de una fórmula única, sino de la capacidad de interpretar el comportamiento del cultivo y responder en consecuencia.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl Bastida Cañada y ayudo a profesionales agrícolas a convertirse en francotiradores de la comunicación, para que cada palabra dé justo en el blanco. Si tu comunicación te genera más problemas que oportunidades, entonces soy el maestro que necesitas.