Episodio 420: ¿Los acolchados de papel pueden sustituir a los acolchados plásticos?

¿Los acolchados de papel pueden sustituir a los acolchados plásticos?

Los acolchados agrícolas han probado su valía desde hace mucho tiempo, pues sus ventajas hacen que invertir en ellos resulte bastante rentable. Sin embargo, la presión para que la agricultura sea cada vez más sostenible está alcanzando a los acolchados, que al ser de polietileno, representan una fuente de contaminación.

Por esta razón comienzan a surgir investigaciones que buscan desarrollar acolchados biodegradables, los cuales para sustituir a los acolchados plásticos deberán ofrecer las mismas ventajas por un precio competitivo. Ya se han dado los primeros pasos en este sentido, con el Agropaper que te comento en el episodio.

El episodio aborda un tema que empieza a ganar espacio en la conversación agrícola global: el uso de acolchados de papel como posible sustituto de los acolchados plásticos. El punto de partida es claro. El uso intensivo de plásticos en la agricultura ha generado problemas ambientales evidentes, desde la acumulación de residuos hasta la contaminación por microplásticos, cuya magnitud apenas comenzamos a dimensionar. Frente a este contexto, surgen alternativas que buscan mantener los beneficios agronómicos del acolchado sin cargar con sus costos ambientales.

Lo primero que se aclara es una limitación importante: hasta el momento no existen investigaciones científicas que comparen de forma directa un acolchado de papel con uno plástico en condiciones equivalentes. No hay aún estudios que permitan afirmar, con datos duros y comparables, si uno puede sustituir plenamente al otro en todos los contextos productivos. Aun así, sí existe abundante evidencia sobre los beneficios del acolchado en general y sobre los problemas asociados al uso de plásticos agrícolas.

Los acolchados, independientemente del material, cumplen funciones clave. Ayudan a conservar humedad, regulan la temperatura del suelo, reducen la presión de malezas, protegen el cultivo y, en muchos casos, permiten adelantar o extender ciclos productivos. Estas ventajas explican por qué el acolchado plástico se volvió una herramienta casi estándar en muchos sistemas hortícolas. El problema no está en la función, sino en el material.

En paralelo, existe una creciente cantidad de investigaciones que documentan las desventajas de los acolchados plásticos. La generación de residuos es uno de los principales retos. En la práctica, gran parte del plástico utilizado no se recupera adecuadamente. En muchos casos se fragmenta, se entierra con las labores agrícolas o permanece en el suelo durante años. La contaminación por microplásticos se perfila como uno de los riesgos más serios, tanto para los ecosistemas como para la salud humana.

El episodio aclara que el foco no está en atacar al plástico como material en general, sino en analizar alternativas viables. Aquí entran en escena los materiales biodegradables. Aunque no hay demasiadas investigaciones específicas sobre acolchados de papel, sí existe literatura amplia sobre plásticos biodegradables y materiales compuestos aplicados a la agricultura.

Una revisión clave de 2019, centrada en los agroplásticos biodegradables en la horticultura del siglo XXI, muestra que desde hace años se trabaja en combinar materiales naturales con polímeros sintéticos. La lógica es clara: mantener la durabilidad y resistencia del plástico, pero incorporar componentes que faciliten su biodegradación. Entre los materiales explorados aparecen fibras vegetales, resinas naturales y subproductos agrícolas.

Se mencionan investigaciones donde se analiza, por ejemplo, el uso de brea natural de pino como agente de acoplamiento en polímeros, o la incorporación de fibra de agave para reforzar estructuras plásticas. Estas combinaciones permiten crear materiales compuestos que no son completamente naturales, pero que reducen significativamente su impacto ambiental. En otros estudios se exploran polímeros biogenerados a partir de almidón, quitosano, ácido poliláctico o succinato de polibuteno.

Sin embargo, el episodio va un paso más allá. No se trata solo de hacer plásticos “un poco menos plásticos”, sino de explorar opciones que eliminen por completo los polímeros sintéticos en los acolchados. Aquí aparece el desarrollo que motiva el episodio: un proyecto europeo respaldado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en España y por diversas empresas privadas.

Este proyecto desarrolla un material conocido como agropaper, un acolchado agrícola 100% vegetal y biodegradable. Su objetivo es reemplazar el plástico en cultivos hortícolas, manteniendo funciones clave como el control de malezas, la protección del suelo y la reducción del uso de herbicidas. De hecho, se estima que su uso podría evitar entre uno y tres litros de herbicida por hectárea, un beneficio directo tanto económico como ambiental.

El principio agronómico es el mismo que con el plástico. El acolchado actúa como barrera física que impide el desarrollo de malezas. La diferencia está en el destino del material una vez cumplida su función. Mientras el plástico requiere retiro, manejo y, en muchos casos, termina incorporado al suelo de forma indeseada, el acolchado de papel puede degradarse completamente.

Aquí surge una pregunta clave para cualquier productor: la durabilidad. Un acolchado debe resistir al menos una temporada completa, y en muchos casos se espera que dure dos o incluso tres ciclos. El episodio reconoce que este es uno de los puntos críticos. La biodegradación total es una ventaja solo si ocurre después de cumplir la función agronómica, no antes. La posibilidad de incorporar el material directamente al suelo sin necesidad de retirarlo representa una ventaja operativa importante.

En la práctica, muchos acolchados plásticos no se retiran adecuadamente. Se fragmentan con la preparación del terreno y permanecen en el perfil del suelo durante años. El acolchado biodegradable elimina este problema de raíz. Desde la perspectiva de sostenibilidad, esto representa un cambio relevante en la forma de manejar residuos agrícolas.

El desarrollo de agropaper responde directamente a las demandas actuales que enfrenta la agricultura: producir más con menor impacto ambiental. No se trata solo de cumplir con regulaciones, sino de anticiparse a un contexto donde la presión social, comercial y normativa sobre el uso de plásticos será cada vez mayor.

Para reforzar el potencial de estos materiales, se cita una investigación de 2017 que modela el efecto del papel biodegradable y del acolchado plástico sobre la dinámica de humedad del suelo. Los resultados muestran que los acolchados de papel biodegradable pueden lograr un comportamiento hídrico comparable al del polietileno. Este dato es clave, porque uno de los principales beneficios del acolchado plástico es precisamente la conservación de humedad.

La conclusión de ese estudio es clara: desde el punto de vista de la dinámica del agua en el suelo, el acolchado plástico puede ser sustituido por uno biodegradable sin afectar negativamente la productividad. Esto elimina uno de los principales temores asociados al cambio de material.

El episodio no plantea que el reemplazo sea inmediato ni universal. Reconoce que el desarrollo de estos materiales aún está en fase de adopción temprana y que falta investigación comparativa en condiciones reales de producción. Sin embargo, el mensaje central es que el potencial de los acolchados de papel es real y relevante.

Este tipo de soluciones apunta a una transición gradual. No se trata de demonizar tecnologías existentes, sino de evolucionar hacia sistemas que mantengan eficiencia productiva y reduzcan impactos ambientales. En ese sentido, los acolchados biodegradables no son una moda pasajera, sino una línea de desarrollo con bases técnicas y científicas sólidas.

El cierre deja una idea clara: el acolchado plástico no es insustituible. Existen alternativas en desarrollo que ya muestran resultados prometedores. A medida que la investigación avance y los costos se ajusten, los acolchados de papel podrían convertirse en una herramienta clave para una agricultura más sostenible, sin sacrificar productividad ni manejo agronómico.

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