Episodio 122: Los gigantes de la agricultura mundial

Las grandes transformaciones de la agricultura moderna no siempre ocurren en los campos. Muchas veces suceden en oficinas corporativas donde se deciden fusiones que cambian el rumbo del sector. Entender quién controla semillas, quién domina agroquímicos y cómo se reorganiza la industria ayuda a comprender el futuro productivo global. Aquí aparece el papel de Bayer, Monsanto, ChemChina y Syngenta.

Durante dos décadas ocurrió una reorganización profunda del sector agrícola mundial. Empresas históricas desaparecieron como marcas independientes mientras otras se fortalecieron mediante compras multimillonarias. El resultado es un nuevo mapa donde tres gigantes dominan el mercado, concentran investigación agrícola y controlan buena parte del negocio de semillas y agroquímicos impulsado por compañías como DuPont y Dow Chemical.


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Durante muchos años el mercado global de semillas y agroquímicos estuvo formado por una gran cantidad de empresas independientes. A mediados de los años noventa existían aproximadamente seiscientas compañías dedicadas al desarrollo y comercialización de semillas en distintas partes del mundo. Con el paso del tiempo comenzó un proceso intenso de adquisiciones en el que las empresas grandes absorbieron a las pequeñas, generando una concentración progresiva dentro del sector agrícola global.

Ese proceso llevó a que hacia 2016 el panorama fuera completamente distinto. Lo que antes era un ecosistema empresarial amplio terminó reducido a un pequeño grupo conocido como las Big Six, integrado por Monsanto, Syngenta, Bayer, DuPont, Dow Chemical y BASF. Estas compañías concentraban la mayor parte del desarrollo tecnológico agrícola y dominaban gran parte del mercado mundial de semillas y agroquímicos.

Sin embargo, esa etapa no fue el final de la concentración empresarial. Después de 2016 comenzó un segundo proceso de fusiones mucho más profundo. En lugar de mantenerse como seis grandes competidores, varias de esas empresas decidieron unirse entre sí, generando conglomerados aún más poderosos.

La primera de estas grandes operaciones se anunció en diciembre de 2015. En ese momento Dow Chemical y DuPont informaron que habían llegado a un acuerdo para fusionarse. La operación tardó casi dos años en concretarse debido a los procesos regulatorios que debían aprobar organismos antimonopolio en distintos países, especialmente en Estados Unidos y en la Unión Europea.

Finalmente la fusión se completó en agosto de 2017. El resultado inicial fue una nueva empresa llamada DowDuPont, creada con la intención de reorganizar posteriormente sus divisiones. Con el tiempo la compañía se separó en tres áreas principales. La división agrícola se convirtió en Corteva Agriscience, dedicada específicamente al desarrollo de semillas y soluciones agrícolas. Otra parte quedó como Dow, enfocada en materiales industriales y empaques. La tercera se mantuvo como DuPont, dedicada a productos especializados y tecnologías avanzadas.

La lógica detrás de esta fusión era económica. Se estimaba que al unir operaciones ambas empresas podrían ahorrar cerca de 3 mil millones de dólares en dos años, gracias a la integración de investigación, producción y administración.

La segunda gran fusión ocurrió poco después y tuvo un impacto igualmente importante en la industria. En junio de 2017 se concretó la compra de Syngenta por parte de ChemChina, una empresa estatal china. Aunque el acuerdo se había anunciado desde febrero de 2016, también necesitó pasar por diversos procesos regulatorios antes de completarse.

A diferencia de otras fusiones, en este caso Syngenta mantuvo su marca y su identidad empresarial. Sin embargo, pasó a formar parte del grupo controlado por ChemChina, que ya poseía otras compañías agrícolas como Adama, conocida por la producción de fitosanitarios genéricos.

Las autoridades regulatorias obligaron a realizar varias ventas de activos para evitar una concentración excesiva del mercado. ChemChina tuvo que desprenderse de versiones genéricas de algunos productos importantes como paraquat, abamectina y clorotalonil, porque la combinación de ambas compañías habría concentrado porcentajes demasiado altos del mercado mundial de esos agroquímicos.

La tercera megafusión llegó en junio de 2018 y fue probablemente la más conocida. En esa fecha Bayer adquirió a Monsanto, una operación que había sido anunciada en 2016. A diferencia de la fusión anterior, esta compra sí implicó la desaparición de una marca histórica, ya que Monsanto dejó de existir como empresa independiente y pasó a integrarse completamente dentro de Bayer.

Para poder completar la adquisición, Bayer tuvo que vender activos valorados en aproximadamente 9 mil millones de dólares. Buena parte de esos activos fueron comprados por BASF, lo que permitió equilibrar el mercado y evitar una concentración excesiva de poder en una sola compañía.

Estas tres grandes fusiones transformaron completamente la estructura de la industria agrícola global. Antes de las operaciones existían seis grandes compañías. Después de ellas el mercado quedó dominado principalmente por tres grandes conglomerados y una empresa independiente importante.

En primer lugar quedó Bayer, fortalecida por la incorporación de Monsanto y con un valor estimado superior a los 24 mil millones de euros dentro del sector agrícola. En segundo lugar se ubicó ChemChina junto con Syngenta, con cerca de 14 mil 800 millones de euros. En tercer lugar quedó DowDuPont, con aproximadamente 14 mil 600 millones de euros. Finalmente, BASF permaneció como la gran compañía que no participó directamente en estas fusiones.

La concentración empresarial tuvo consecuencias significativas. Después de las fusiones, estas grandes compañías controlaban aproximadamente el 66% del mercado mundial de agroquímicos y el 75% del mercado de semillas. Además, dominaban prácticamente toda la investigación agrícola global, lo que les otorgaba una influencia enorme sobre el desarrollo tecnológico del sector.

También es importante recordar que el mercado agrícola no se limita únicamente a estas empresas. Existen otros actores relevantes como FMC, Nufarm o UPL, aunque su tamaño es menor en comparación con los gigantes del sector.

Más allá de las fusiones entre empresas de agroquímicos y semillas, también ocurrieron otras adquisiciones interesantes dentro del ecosistema agrícola. Un ejemplo fue la compra de la cadena de supermercados Whole Foods por parte de Amazon, una operación valuada en 13 mil 700 millones de dólares. Con esta compra Amazon buscó entrar al mercado de supermercados físicos, especialmente en el segmento de productos orgánicos.

Otro caso relevante fue la adquisición de la empresa israelí Netafim, especializada en tecnologías de riego, por parte del consorcio Orbia. Asimismo, Deere & Company, conocida por la marca John Deere, compró Blue River Technology, una empresa que desarrolla soluciones de inteligencia artificial para agricultura de precisión.

Estas operaciones muestran que la transformación del sector agrícola no ocurre únicamente en semillas o agroquímicos, sino también en tecnologías, distribución y sistemas de producción.

Una de las preguntas clave es por qué se producen tantas fusiones en esta industria. La respuesta principal está relacionada con los costos de innovación. Desarrollar una nueva semilla transgénica puede costar aproximadamente 136 millones de dólares, mientras que lanzar al mercado un nuevo agroquímico puede superar los 250 millones de dólares.

Una parte importante de esos costos se destina a cumplir requisitos regulatorios, ensayos científicos y procesos administrativos. Por esa razón, para muchas empresas resulta más rentable fusionarse, comprar compañías pequeñas o integrar tecnologías existentes, en lugar de desarrollar productos completamente desde cero.

Este fenómeno genera un escenario competitivo complejo. Por un lado, las fusiones permiten reunir recursos financieros y capacidades de investigación. Por otro, la concentración puede reducir el número de actores dentro del mercado agrícola mundial.

En cualquier caso, lo que ocurre dentro de estas corporaciones tiene repercusiones directas en la agricultura global. Las decisiones tomadas por estas compañías influyen en qué semillas se desarrollan, qué agroquímicos se comercializan y qué tecnologías llegan finalmente a los productores.

Por esa razón comprender el surgimiento de estos gigantes empresariales no es solamente un asunto económico. También es una forma de entender cómo evoluciona la agricultura moderna y cómo se organiza el sistema productivo que alimenta a gran parte del planeta.