Episodio 227: Experiencias en capacitación agrícola digital con Cuauhtémoc Vazquez

Experiencias en capacitación agrícola digital con Cuauhtémoc Vazquez

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La capacitación agrícola está cambiando. Hoy no depende solo del aula o de los eventos presenciales. Este episodio muestra cómo la formación técnica puede migrar a internet sin perder impacto en el campo. Aparecen temas clave como capacitación digital, modelos de negocio, aprendizaje práctico y difusión del conocimiento impulsados por Cuauhtémoc Vázquez.

También se explica cómo una organización agrícola convirtió los webinars en una estrategia real de educación y negocio. Se analizan errores iniciales, estrategias de marketing, comunidades de aprendizaje y nuevas formas de enseñar agricultura. Todo parte de la experiencia acumulada por Cuauhtémoc Vázquez dentro de SMEAP.

Durante los últimos años ha quedado claro que la capacitación agrícola no puede depender únicamente de eventos presenciales. Las circunstancias recientes aceleraron un proceso que ya estaba en marcha: la transición hacia modelos digitales de aprendizaje que permiten llegar a más técnicos, estudiantes y especialistas al mismo tiempo.

Cuauhtémoc explica que la iniciativa comenzó a tomar forma alrededor de 2018. En ese momento ya existía la inquietud de encontrar nuevas maneras de compartir conocimiento práctico relacionado con agricultura protegida. La intención era sencilla: llevar capacitación útil directamente a quienes la necesitan, sin depender de una ubicación física.

El primer paso fue organizar webinars abiertos para entender quién realmente estaba interesado en aprender en línea. En esos primeros eventos ocurrió algo interesante. La audiencia no era la que inicialmente se esperaba.

Casi la mitad de los asistentes eran técnicos agrícolas, cerca de un 30 % eran estudiantes y solo un porcentaje pequeño correspondía a productores. Ese dato obligó a replantear la estrategia. Resultó evidente que el canal digital funcionaba mejor para quienes buscan conocimiento técnico o formación profesional continua.

Ese descubrimiento fue importante porque permitió enfocar los esfuerzos en quienes realmente consumían ese tipo de contenido. A partir de ahí comenzó a formarse una masa crítica de aprendizaje, compuesta principalmente por técnicos y estudiantes interesados en profundizar en temas aplicados al campo.

Los primeros webinars tenían un propósito simple: compartir conocimiento. Sin embargo, después de varios meses surgió una idea más ambiciosa. Si existía una comunidad interesada, también podía construirse un modelo que permitiera sostener esa capacitación en el tiempo.

La propuesta fue desarrollar cursos digitales estructurados, donde especialistas del sector compartieran su experiencia de forma más profunda que en un webinar gratuito.

El primer webinar formal se realizó en agosto de 2019 con la participación de un especialista del sector de invernaderos. Ese evento mostró que había interés real por el formato digital. A partir de ahí comenzaron a aparecer más oportunidades.

Cuando llegó la pandemia, muchas organizaciones agrícolas intentaron migrar rápidamente a lo digital. Para quienes ya estaban experimentando con este formato, el proceso fue más natural. Lo que antes era un experimento comenzó a convertirse en una línea de trabajo constante.

Un elemento importante dentro de esta estrategia fue el uso de webinars gratuitos como puerta de entrada. Estos eventos no solo entregaban contenido útil. También servían para presentar cursos más completos que profundizaban en los temas.

En ese esquema aparece lo que Cuauhtémoc describe como producto gancho. Es un contenido gratuito que abre el panorama sobre un tema, pero que al mismo tiempo muestra el valor de una formación más extensa.

La lógica es sencilla. Un webinar puede mostrar conceptos generales, pero un curso permite analizar cada tema con mayor profundidad, conectar diferentes módulos y resolver problemas reales que aparecen en el campo.

Sin embargo, el camino para lograr un modelo sostenible no fue inmediato. Los primeros cursos pagados tuvieron resultados modestos. En uno de los primeros apenas se inscribieron tres personas.

Ese momento dejó una lección importante. Tener una audiencia interesada no significa automáticamente tener clientes. La captación de estudiantes requiere estrategia, no solo contenido.

El equipo comenzó entonces a estudiar cómo funcionaban otros sectores que ya vendían formación digital. Descubrieron herramientas de marketing que no estaban utilizando.

Entre ellas aparecieron campañas de anuncios en redes sociales, sistemas de registro para webinars y métodos para construir bases de datos de personas interesadas en determinados temas.

El cambio fue significativo. En lugar de transmitir simplemente un evento abierto en redes sociales, empezaron a pedir un registro previo. Esa pequeña modificación permitió conocer quién estaba interesado y construir una comunidad de prospectos.

Con ese sistema, cada evento gratuito pasó a tener tres partes claras. Primero una introducción para contextualizar el tema. Después contenido técnico útil. Finalmente la presentación del curso completo.

Cuando ese modelo comenzó a aplicarse de forma consistente, los resultados cambiaron. Los cursos pasaron de tener pocos asistentes a reunir grupos de 50 o 60 participantes.

Otro aprendizaje clave fue entender que el contenido debe resolver problemas reales del campo. No basta con información teórica. Los temas deben responder a preguntas concretas que los técnicos enfrentan todos los días.

Para elegir los temas, el equipo comenzó a utilizar encuestas entre los asistentes. Con esos datos identificaron cuáles eran las áreas de mayor interés.

Entre los temas más solicitados aparecieron nutrición vegetal, hidroponía, manejo de plagas y enfermedades y capacitación sobre cultivos específicos. Esa información permitió diseñar cursos alineados con la demanda real.

El proceso de creación de cada curso sigue varias etapas. Primero se define el tema a partir de la información recolectada en encuestas. Luego se busca a un especialista que tenga experiencia práctica en ese campo.

Después se construye un plan de formación donde se establecen los objetivos de cada sesión, la duración del curso y la secuencia de los contenidos.

Ese trabajo previo es fundamental porque evita improvisaciones. Un curso bien estructurado mantiene la coherencia entre sesiones y facilita que los participantes puedan aplicar lo aprendido.

Una parte importante del modelo también es la promoción. Antes se organizaba un solo webinar para promocionar un curso. Con el tiempo descubrieron que era más efectivo realizar varios eventos previos.

Actualmente se organizan alrededor de cuatro webinars gratuitos por cada curso. Esto se debe a que la conversión entre asistentes y compradores suele ser limitada.

En promedio, un webinar puede reunir varios cientos de participantes. De ese grupo, solo un pequeño porcentaje termina adquiriendo el curso completo.

Si cada evento logra convertir entre 10 y 15 personas, realizar varios webinars permite alcanzar grupos más grandes y asegurar la viabilidad económica del curso.

Los precios también fueron definidos después de analizar el mercado. Existen distintos niveles de capacitación agrícola digital dependiendo del costo por hora.

Los cursos más económicos suelen rondar entre 80 y 100 pesos por hora. Otros programas especializados superan los 400 pesos por hora.

La oferta desarrollada por este equipo se ubica en un punto intermedio del mercado. Un curso promedio cuesta alrededor de 60 dólares y ofrece entre seis y ocho horas de capacitación.

Existen también programas más largos que pueden alcanzar las quince horas y tener un costo cercano a los 90 dólares.

A pesar de que muchas personas consumen contenido gratuito, las encuestas muestran que el precio no es la principal barrera. La mayoría considera que el costo es razonable para el valor recibido.

Otro punto interesante es que la facilidad de acceso a la plataforma tampoco representa un problema importante. La gran mayoría de los participantes logra entrar sin dificultades.

Más allá de la logística, Cuauhtémoc señala que el verdadero desafío es lograr que el conocimiento llegue al campo de manera útil.

La capacitación agrícola en línea necesita enfocarse en resolver problemas productivos reales. Cuando el contenido ayuda a mejorar rendimientos o ingresos, el valor se vuelve evidente.

También destaca que las universidades tienen un papel importante. Su función principal es generar conocimiento nuevo mediante investigación. Sin embargo, muchas veces ese conocimiento no se difunde adecuadamente.

Ahí aparece la necesidad de intermediarios capaces de traducir la investigación en información práctica y accesible para técnicos y productores.

Cuando esa conexión funciona, el conocimiento puede fluir entre universidades, especialistas y sector productivo. Cada actor aporta algo distinto al proceso.

Finalmente aparece otro elemento que no depende directamente de las organizaciones educativas: la conectividad. Para que la capacitación digital funcione correctamente es necesario contar con infraestructura tecnológica adecuada.

Sin una buena conexión a internet, la experiencia de aprendizaje pierde calidad y limita la expansión de estos modelos educativos.

La conclusión es clara. La capacitación agrícola digital tiene un enorme potencial, pero requiere estrategia, contenido útil y una conexión real con los problemas del campo.

Cuando esos elementos se combinan, es posible construir comunidades de aprendizaje que transformen la manera en que el conocimiento agrícola se comparte y se aplica.