La agricultura está entrando en una etapa donde datos en tiempo real, riego inteligente, sensores agrícolas y decisiones basadas en información empiezan a transformar la manera de producir alimentos. Héctor Cervantes, especialista en agricultura digital en Netafim, explica cómo el digital farming permite entender mejor el cultivo y usar los recursos con precisión.
A lo largo de la conversación se exploran tecnología aplicada al campo, monitoreo de cultivos, automatización del riego y el papel de la inteligencia artificial agrícola. Héctor Cervantes comparte la visión de Netafim sobre cómo estas herramientas ayudan a producir más con menos agua y mayor eficiencia.
El digital farming se ha convertido en un concepto cada vez más presente dentro de la agricultura moderna. Desde la experiencia de Héctor Cervantes en Netafim, se entiende como un conjunto de herramientas tecnológicas que permiten recopilar información del cultivo, interpretarla y utilizarla para tomar mejores decisiones agronómicas.
La base de este enfoque está en cuatro pilares principales que conforman el sistema completo de agricultura digital. El primero es el monitoreo del cultivo, donde sensores instalados en el campo registran datos sobre humedad del suelo, condiciones climáticas o comportamiento de la planta. El segundo pilar es el manejo del riego y fertilización, que permite dosificar agua y nutrientes con mayor precisión.
El tercer elemento está relacionado con los sistemas de control, encargados de automatizar válvulas, programas de riego o estrategias de fertirrigación. Finalmente aparece el cuarto pilar: la integración de toda la información dentro de una sola plataforma que facilite la toma de decisiones del productor.
La lógica detrás de esta tecnología parte de una idea muy simple: la agricultura es un negocio lleno de riesgos. Por eso, mientras más información tenga el productor, mayores posibilidades tendrá de reducir la incertidumbre y mejorar sus resultados productivos.
Una de las preguntas más comunes cuando se habla de digital farming es si existe un orden específico para implementar estas herramientas. La respuesta es que no necesariamente hay una secuencia obligatoria. Un productor puede comenzar por cualquier componente del sistema dependiendo de sus necesidades, su presupuesto o su nivel tecnológico.
Aun así, suele recomendarse iniciar con sistemas de monitoreo. Esto permite obtener datos continuos del cultivo y comprender cómo se comporta el suelo, la planta y el clima. Sensores capacitivos, sensores hidráulicos o estaciones meteorológicas ayudan a generar información que antes simplemente no estaba disponible.
La tecnología, sin embargo, no sustituye al agricultor. Los datos deben ser interpretados por la persona que conoce el cultivo. La experiencia del productor sigue siendo clave para transformar esa información en decisiones concretas dentro del campo.
Aunque existen algoritmos y modelos que pueden sugerir recomendaciones, la intervención humana continúa siendo fundamental. El productor analiza los datos, interpreta el contexto y decide cómo ajustar el manejo del cultivo.
Aquí aparece un principio importante: la tecnología debe ser fácil de usar. Si una herramienta resulta complicada o difícil de interpretar, deja de cumplir su propósito. La verdadera innovación agrícola es aquella que simplifica la toma de decisiones.
En este sentido, los sistemas de agricultura digital están diseñados para presentar información clara. Los productores pueden ver gráficos, tendencias de humedad del suelo, programas de riego o niveles de fertilización que facilitan el análisis del cultivo.
A medida que estas tecnologías evolucionan, también comienzan a incorporar inteligencia artificial. Los sistemas pueden aprender del comportamiento del cultivo y generar recomendaciones cada vez más precisas.
Esto abre una posibilidad interesante: que personas con menos experiencia agrícola puedan manejar cultivos con apoyo tecnológico. Aunque el conocimiento agronómico seguirá siendo valioso, la tecnología puede ayudar a reducir la curva de aprendizaje.
El digital farming no está pensado únicamente para grandes productores. Según la perspectiva de Héctor Cervantes, prácticamente todos los cultivos pueden beneficiarse de estas herramientas. La razón es simple: el agua es un recurso limitado y su uso eficiente se ha vuelto una prioridad global.
Cuando un agricultor riega sin información precisa, existe el riesgo de aplicar más agua de la necesaria. Eso significa desperdiciar recursos y también fertilizantes, ya que estos se disuelven y se desplazan con el agua.
Por el contrario, cuando el riego se basa en datos medidos en campo, el productor puede saber exactamente cuándo regar y cuánto aplicar. Esto reduce pérdidas, mejora la eficiencia y puede aumentar la rentabilidad.
Un ejemplo claro ocurrió con un productor de toronja en Apatzingán, Michoacán. El agricultor tenía problemas para alcanzar el tamaño de fruta necesario para exportación. Su estrategia de riego se basaba principalmente en experiencia acumulada durante años.
Aunque utilizaba tensiómetros manuales, no contaba con un sistema continuo de monitoreo. Tras instalar sensores automáticos, comenzó a observar gráficamente el comportamiento de la humedad en el suelo y la respuesta del cultivo.
Esto permitió entender algo clave: muchas veces el riego se aplicaba cuando la planta no lo necesitaba. El agua se desperdiciaba y no era aprovechada correctamente por el cultivo.
Una vez que el productor comenzó a ajustar los horarios y la duración de los riegos con base en datos reales, el manejo cambió completamente. El cultivo recibió agua en el momento adecuado y con la cantidad correcta.
El resultado fue un crecimiento más uniforme del fruto y, finalmente, el tamaño necesario para exportación. Un cambio relativamente pequeño en la estrategia de riego terminó generando beneficios económicos importantes.
Este caso refleja una idea central dentro de la agricultura digital: lo que no se mide no se puede controlar. Cuando el productor empieza a medir variables clave del cultivo, también puede comenzar a optimizar su manejo.
Otro aspecto importante del digital farming es la integración de datos. Muchas veces la información proviene de diferentes equipos: sensores, sistemas de fertirrigación o controladores de riego. El desafío consiste en unir todo dentro de una misma plataforma.
En Netafim se trabaja en el desarrollo de plataformas como NetBeat, que buscan integrar los cuatro pilares de la agricultura digital. Estas plataformas permiten visualizar datos, gestionar equipos y recibir recomendaciones desde un mismo sistema.
Además, pueden utilizarse tanto en computadoras como en dispositivos móviles, lo que facilita el acceso a la información desde cualquier lugar del campo.
La escalabilidad es otro elemento clave. No todos los agricultores pueden implementar un sistema completo desde el inicio. Por eso muchos equipos se diseñan de manera modular.
Esto significa que un productor puede empezar con un sistema básico de monitoreo y posteriormente añadir automatización, controladores o plataformas de análisis conforme lo necesite.
El concepto se parece a construir con piezas de Lego. Cada componente se agrega progresivamente hasta formar un sistema más avanzado.
De esta manera, la tecnología se vuelve accesible para diferentes tipos de productores. Lo importante no es instalar todo desde el primer día, sino comenzar a incorporar herramientas que permitan mejorar el manejo del cultivo.
Al final, el digital farming representa una evolución natural de la agricultura. No se trata de reemplazar la experiencia del agricultor, sino de potenciarla con información confiable.
Cada sensor instalado, cada dato registrado y cada decisión basada en información contribuyen a una agricultura más eficiente.
Y en un contexto donde el agua y los recursos son cada vez más limitados, la capacidad de producir más con menos se convierte en uno de los desafíos más importantes del sector agrícola moderno.

