Episodio 298: Nueva edición del programa de aceleración Siembra con Francisco Lizcano

Nueva edición del programa de aceleración Siembra con Francisco Lizcano

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Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo


Este episodio explica cómo acceder a un programa de aceleración, qué tipo de proyectos pueden participar y cómo transformar una idea en un negocio con impacto real. Francisco Lizcano comparte detalles concretos sobre New Ventures y la colaboración con Bayer, enfocada en mejorar la vida del agricultor.

Se detallan los requisitos, beneficios y etapas de selección, dejando claro qué distingue a los proyectos que avanzan. La propuesta combina capacitación práctica, mentoría especializada y acceso a financiamiento, todo orientado a escalar soluciones que impacten directamente al campo y a quienes dependen de él.

Se plantea un enfoque claro: fortalecer empresas que generen impacto en la calidad de vida del pequeño agricultor. No se trata de apoyar directamente con insumos, sino de impulsar soluciones que, desde distintos ángulos, mejoren productividad, ingresos y sostenibilidad. Esta lógica permite escalar el impacto a través de negocios bien estructurados.

El programa Siembra surge como una alianza entre New Ventures y Bayer CropScience, con una meta ambiciosa: contribuir a mejorar la vida de millones de agricultores mediante el fortalecimiento de emprendimientos. El impacto sostenible es el eje central, no acciones aisladas. Se busca que las soluciones perduren y crezcan.

Se entiende que el emprendimiento agrícola enfrenta una limitante frecuente: quienes dominan lo técnico no necesariamente dominan negocios. Por eso, el programa pone énfasis en desarrollar capacidades clave como estrategia, finanzas, marketing y ventas. La profesionalización del emprendimiento se vuelve una prioridad para que las ideas no se queden estancadas.

El proceso inicia con la selección de 50 proyectos. Antes de eso, hay un filtro inicial donde se revisan aplicaciones para identificar las propuestas más sólidas. Estos proyectos participan en un bootcamp intensivo donde reciben formación estructurada y práctica.

Durante esta fase, se trabaja con talleres grupales diseñados para cubrir las bases del negocio. No es solo teoría, también hay entregables que obligan a aplicar lo aprendido. Esto permite evaluar no solo la idea, sino la capacidad de ejecución. La disciplina y el compromiso empiezan a marcar diferencias desde esta etapa.

El tiempo es un factor exigente. Durante tres semanas, las sesiones ocurren diariamente en horario fijo por las mañanas. Esto implica que quien participa debe reorganizar sus actividades. No es un programa pasivo; requiere involucramiento constante.

Al terminar el bootcamp, se seleccionan 10 proyectos. La evaluación se basa en varios elementos, pero hay dos que destacan: el impacto generado y la escalabilidad del modelo. No basta con una buena idea; debe tener potencial de crecimiento y de replicar su impacto.

Aquí aparece un punto clave: el impacto no tiene que venir de algo completamente innovador. Puede ser una solución conocida, pero bien ejecutada y enfocada en mejorar condiciones reales del agricultor. Por ejemplo, capacitación, acceso a mercados o prácticas más eficientes pueden ser tan valiosas como desarrollos tecnológicos.

Lo importante es que exista un beneficio claro. Si el proyecto no logra comunicar de forma sencilla qué problema resuelve y cómo mejora la vida del agricultor, pierde fuerza. La claridad en la propuesta es un factor determinante desde la aplicación.

Los ejemplos mencionados muestran la diversidad de enfoques posibles. Desde biotecnología para mejorar la calidad de las plantas, hasta soluciones de tratamiento de agua o monitoreo de cultivos con datos. También hay espacio para modelos más tradicionales con impacto social, como esquemas de comercio justo.

Una vez seleccionados los 10 proyectos, inicia la fase de acompañamiento especializado. Aquí el trabajo se vuelve más personalizado. Se asignan mentores con experiencia específica según las necesidades de cada proyecto.

Primero se realiza un diagnóstico detallado. Esto permite identificar áreas críticas de mejora y definir un plan de trabajo. Durante cuatro meses, se trabaja en sesiones periódicas para avanzar en objetivos concretos. El acompañamiento estratégico se convierte en el mayor valor del programa.

En esta etapa, también se impulsa la consolidación formal de los negocios. Aunque no es obligatorio, se busca que las empresas salgan mejor estructuradas, incluso a nivel legal. Esto facilita su crecimiento y acceso a nuevas oportunidades.

Otro elemento relevante es la red que se forma entre los participantes. Desde el inicio, se genera interacción entre los proyectos. Esto abre la puerta a colaboraciones, intercambio de experiencias y posibles alianzas. El valor no solo está en el contenido, sino en las conexiones.

En cuanto al financiamiento, el programa ofrece acceso a microcréditos. No son montos grandes, pero cumplen una función estratégica: servir como capital semilla y ayudar a construir historial crediticio. Las condiciones son favorables, lo que reduce el riesgo para los emprendedores.

Este financiamiento se otorga con base en la madurez del proyecto. No todos lo reciben automáticamente. Se evalúa si el negocio está listo para aprovechar ese recurso de manera efectiva.

Para participar, el proceso de aplicación es sencillo. Se completa un formulario donde se describe el proyecto, el problema que aborda, la solución propuesta y el equipo. También se solicita un video breve donde se explique la iniciativa.

Aquí vuelve a aparecer un punto crítico: la capacidad de comunicar. No basta con tener una buena idea; es necesario expresarla con claridad, estructura y enfoque. La comunicación efectiva puede ser la diferencia entre avanzar o quedar fuera.

Entre las razones más comunes por las que los proyectos no son seleccionados, destacan dos. La primera es no demostrar claramente el impacto social o ambiental. La segunda es no explicar de forma sencilla qué hacen y cómo generan ingresos.

Esto refleja que el programa no busca solo ideas, sino propuestas bien pensadas y articuladas. La estructura del mensaje es tan importante como el contenido.

El perfil de los proyectos es amplio. Pueden ser ideas en etapa temprana, siempre que estén bien desarrolladas, o empresas ya operando con cierto nivel de ventas. Esto permite incluir tanto a quienes están validando su modelo como a quienes buscan escalar.

El enfoque final es claro: impulsar soluciones que realmente mejoren la vida del agricultor. No importa si vienen desde la tecnología, la capacitación o modelos comerciales. Lo relevante es el impacto tangible y la posibilidad de crecer.

Se trata de un programa que combina formación, mentoría, red de contactos y acceso a financiamiento. Todo orientado a convertir ideas en negocios sostenibles que generen valor en el sector agrícola.