Episodio 305: Los riesgos del big data

Los riesgos del big data
Prepara y ejecuta una conversación difícil en el trabajo

El avance del Big Data en la agricultura promete decisiones más precisas, mayor eficiencia y una nueva forma de entender el campo. Sin embargo, antes de llegar ahí, es necesario reconocer los riesgos reales asociados al manejo masivo de información y cómo podrían impactar la producción agrícola.

A partir de ideas expuestas por Víctor Rebolledo en GreenTech Américas y experiencias cercanas al desarrollo tecnológico agrícola, se plantea un escenario donde la adopción de datos masivos no solo implica beneficios, sino también vulnerabilidades críticas, dependencia tecnológica y posibles amenazas que aún no se dimensionan completamente.

El punto de partida es entender qué significa realmente el Big Data. No se trata simplemente de acumular datos en hojas de cálculo, sino de trabajar con millones o incluso miles de millones de registros que requieren sistemas especializados para su procesamiento. En agricultura, este nivel aún está lejos de alcanzarse.

La razón principal es clara: faltan datos. Para generar Big Data se necesita una infraestructura extensa de sensores que capturen información de manera constante y a intervalos muy cortos. En la práctica, incluso en sistemas altamente tecnificados como los invernaderos de exportación, todavía no se alcanza ese volumen de información.

Se observa que la agricultura, por naturaleza, adopta tecnología de forma lenta. Aunque en las últimas décadas han surgido herramientas innovadoras, su penetración sigue siendo limitada. Por eso, pensar en una adopción plena del Big Data en el corto plazo resulta poco realista. Incluso en un horizonte de 20 años, es posible que aún no se alcance un nivel verdaderamente masivo.

A diferencia de sectores como redes sociales o servicios digitales, donde cada usuario genera grandes volúmenes de información, el campo todavía depende de procesos menos digitalizados. Para cerrar esa brecha, se requerirá una transformación profunda basada en sensores, conectividad y sistemas de gestión.

Aquí aparece un primer punto clave: los datos por sí mismos no tienen valor si no se interpretan correctamente. Sistemas como los ERP agrícolas ya utilizan información para detectar problemas, pérdidas y oportunidades de mejora. Sin embargo, cuando la cantidad de datos crece, el análisis manual se vuelve insuficiente.

Es en este punto donde entran tecnologías como la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, capaces de identificar patrones que el análisis humano no puede detectar. Esto abre una oportunidad importante para mejorar la toma de decisiones, pero también introduce nuevos riesgos.

El enfoque central gira precisamente en esos riesgos. Al digitalizar la producción agrícola y depender de datos para tomar decisiones, se crea una nueva vulnerabilidad: la información se convierte en un activo crítico.

Uno de los escenarios más preocupantes es el secuestro de datos. En un sistema altamente tecnificado, donde sensores controlan variables clave del cultivo, perder acceso a la información puede dejar a los productores sin capacidad de reacción. Un ataque de este tipo podría bloquear el acceso a los datos y exigir un rescate para liberarlos.

Aunque pueda parecer un caso extremo, en otros sectores ya es una práctica común. Empresas invierten en seguridad precisamente para evitar este tipo de situaciones. La agricultura, al avanzar hacia la digitalización, inevitablemente enfrentará este mismo riesgo.

Otro problema relevante es la fuga de información. Los datos productivos de un rancho o invernadero pueden revelar estrategias, prácticas y resultados altamente valiosos. Si esta información cae en manos externas, puede ser vendida o utilizada para replicar modelos productivos sin pasar por procesos de aprendizaje.

Esto genera una ventaja competitiva desleal. Quien accede a esa información puede acortar su curva de aprendizaje y optimizar su producción rápidamente. La información deja de ser solo operativa y se convierte en un activo estratégico.

Un tercer riesgo es la alteración de datos. Si los sensores son manipulados, ya sea por ataque o error, pueden generar información incorrecta. Dado que las decisiones se basan en esos datos, el impacto puede ser directo sobre la producción.

Un sistema que indica niveles incorrectos de humedad, temperatura o nutrientes puede llevar a decisiones equivocadas. Esto puede traducirse en pérdidas de rendimiento, problemas fitosanitarios o incluso la pérdida total del cultivo.

Este escenario es especialmente crítico porque no siempre es evidente. A diferencia de un secuestro o robo, donde el problema es visible, la manipulación de datos puede pasar desapercibida hasta que el daño ya está hecho.

A pesar de estos riesgos, también se reconoce que el desarrollo tecnológico tiende a generar soluciones. Así como en otras industrias han surgido empresas especializadas en ciberseguridad, en agricultura también aparecerán herramientas y servicios orientados a proteger la información.

El punto clave es anticiparse. No esperar a que los problemas ocurran para reaccionar, sino integrar la seguridad como parte del proceso de digitalización desde el inicio.

Se plantea entonces una visión equilibrada. El Big Data tiene un enorme potencial para transformar la agricultura, pero su adopción debe ir acompañada de una comprensión clara de sus implicaciones.

La información será uno de los recursos más valiosos en el futuro del campo. No solo por su capacidad de mejorar la eficiencia, sino porque concentrará conocimiento, experiencia y ventaja competitiva.

Por eso, proteger los datos será tan importante como generarlos. La seguridad dejará de ser un aspecto secundario para convertirse en un elemento central de la gestión agrícola.

En síntesis, el desarrollo del Big Data en la agricultura no es solo un reto tecnológico, sino también estratégico. Implica cambiar la forma en que se produce, se analiza y se protege la información.

El avance será gradual, pero inevitable. Y en ese proceso, quienes comprendan tanto los beneficios como los riesgos estarán mejor preparados para aprovecharlo.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.