Episodio 313: PEP+ agricultura positiva para las nuevas generaciones

PEP+ agricultura positiva para las nuevas generaciones
La newsletter más salvaje que encontrarás en toda tu vida

La conversación se centra en cómo Dulce Santana impulsa una estrategia de agricultura regenerativa, conectando sostenibilidad con negocio real dentro de PepsiCo México. Se explica cómo esta visión se traduce en acciones concretas que buscan transformar la producción agrícola desde su origen, con impacto directo en comunidades rurales.

Se presentan los alcances de PEP+, destacando metas claras en sustentabilidad, participación de productores y evolución de la cadena de valor. La iniciativa no se queda en discurso: integra capacitación, financiamiento y acompañamiento técnico para construir un sistema alimentario más resiliente y funcional.

La conversación gira en torno a una idea clara: la agricultura no puede seguir operando como hasta ahora. La presión ambiental, la necesidad de producir alimentos suficientes y la urgencia de mejorar las condiciones en el campo obligan a replantear la forma en que se produce. En ese contexto, aparece la agricultura regenerativa, o como se plantea aquí, la agricultura positiva, como un enfoque que no solo reduce impactos, sino que busca mejorar activamente los sistemas productivos.

Desde esa lógica, se explica que la estrategia PEP+ no es un programa aislado, sino una transformación integral que abarca toda la cadena de valor. Esto implica intervenir desde el origen de los insumos hasta la forma en que los productos llegan al consumidor. El campo se vuelve el punto de partida, porque ahí se define gran parte del impacto ambiental y social.

Se establecen metas concretas que dan dirección a esta estrategia. Una de las más relevantes es implementar prácticas regenerativas en 2.8 millones de hectáreas para 2030, lo que equivale a toda la huella agrícola de la empresa a nivel global. Esto no es menor: implica cambiar prácticas productivas en una escala masiva, lo que requiere coordinación, inversión y acompañamiento constante.

En México, esta visión se aterriza mediante programas específicos, siendo uno de los más relevantes AgroVita. Este programa se desarrolla en estados como Tabasco, Chiapas y Campeche, con el objetivo de escalar prácticas regenerativas en 12 mil hectáreas. La intervención no se limita a lo técnico; incluye también componentes sociales y económicos que buscan fortalecer a los productores de forma integral.

Un punto central es el trabajo directo con productores. No se trata solo de transferir tecnología, sino de construir capacidades. Se capacita en prácticas agrícolas regenerativas, pero también en educación financiera, derechos humanos y aspectos legales. Esto responde a una realidad: la sostenibilidad no es solo ambiental, también es económica y social.

Además, se busca integrar a estos productores en la cadena de valor. No basta con mejorar la producción si no existe un mercado claro. Por eso, uno de los objetivos es vincular a pequeños productores con los sistemas de abastecimiento de la empresa. Este proceso es gradual, inicia con capacitación y acompañamiento, y eventualmente busca convertirlos en proveedores.

Un ejemplo concreto es el caso del plátano utilizado en productos procesados. Actualmente, este insumo proviene de otro país, pero la intención es sustituirlo por producción nacional, específicamente de Tabasco. Esto implica desarrollar toda una cadena: desde la producción hasta la transformación industrial. Es un proceso complejo, pero estratégico.

En términos técnicos, las prácticas promovidas incluyen el uso eficiente de insumos, análisis nutrimentales, conservación de suelo, cultivos de cobertura y manejo racional del agua. También se fomenta la renovación de plantaciones con variedades más resistentes. Estas prácticas buscan mejorar la productividad sin comprometer los recursos naturales.

El tema de los incentivos es clave. Cambiar prácticas implica riesgos para los productores, por lo que se implementan mecanismos de apoyo. Entre ellos, descuentos en insumos como plantas, acompañamiento técnico constante y acceso a financiamiento a través de socios comerciales. Esto reduce la barrera de entrada a la adopción de nuevas prácticas.

Otro elemento relevante es el enfoque en comunidades. No se trabaja solo a nivel de parcela, sino también a nivel comunitario. Se instalan huertos, sistemas de captación de agua de lluvia y se desarrollan proyectos de seguridad alimentaria. Esto permite que los beneficios no se limiten a la producción comercial, sino que impacten directamente en la calidad de vida.

Se destaca también la inclusión de mujeres en estos programas. Existe un esfuerzo explícito por fomentar su participación, tanto en actividades productivas como en proyectos de emprendimiento. Esto responde a una visión más amplia de desarrollo rural, donde la equidad es parte fundamental del proceso.

La estrategia incluye metas ambientales más amplias, como lograr un uso positivo del agua para 2030 y alcanzar cero emisiones netas para 2040. Estas metas muestran que la agricultura es solo una parte de una transformación más grande, que abarca toda la operación.

Un aspecto interesante es la integración interna. No es un programa aislado de una sola área, sino que involucra equipos de agro, compras, investigación y desarrollo. Esto permite alinear la producción agrícola con las necesidades del negocio, generando coherencia entre sostenibilidad y rentabilidad.

Se reconoce que el cambio no es inmediato. Existe resistencia, especialmente en regiones donde las prácticas tradicionales están muy arraigadas. Por eso, se utilizan parcelas demostrativas para mostrar resultados concretos. Ver mejoras en productividad y calidad genera confianza en los productores.

También se enfatiza la importancia de la colaboración. Ninguna organización puede lograr este tipo de transformación por sí sola. Se trabaja con organizaciones especializadas, instituciones financieras y otros actores del sector. Esta red de colaboración amplifica el impacto.

En paralelo, se impulsa una inversión de 10 millones de pesos para apoyar proyectos enfocados en seguridad alimentaria, acceso al agua y resiliencia económica. Estos proyectos son seleccionados con participación interna, lo que fortalece el compromiso dentro de la organización.

Hacia adelante, la visión es clara: continuar expandiendo estos programas, tanto en México como en otras regiones. La agricultura regenerativa no se plantea como una tendencia pasajera, sino como una base para el futuro del sector agroalimentario.

En conjunto, lo que se observa es un intento estructurado de transformar la agricultura desde múltiples frentes: técnico, económico, social y ambiental. No es un proceso simple ni rápido, pero sí necesario. La clave está en combinar visión de largo plazo con acciones concretas en el presente.

Olmo Axayacatl Bastida Cañada

Soy Olmo Axayacatl y ayudo a ingenieros agrónomos con 3-7 años de experiencia, que sienten que ya saben mucho técnicamente pero que no los reconocen ni les dan más responsabilidades. Los ayudo a comunicar mejor su valor, ganar visibilidad dentro de su organización y dar el salto a puestos de decisión. El agro avanza cuando su gente también avanza.